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"Me cubro en público para no atraer a hombres"

Asmaa Amier tiene 26 años y lleva el velo desde los once. Estudia técnica de laboratorio y defiende el uso de la túnica por "convicción".

Diario de Noticias, A.I., 13-06-2010

ASMAA Amier no es una joven musulmana que recurra únicamente al argumento de la tradición o la identidad para justificar el uso del velo, ella habla abiertamente de moral sexual, la cuestión más polémica por otra parte, y de la que nadie habla. “Me pongo velo para protegerme, para preservar mi intimidad, para no atraer a los hombres”. Contundente y clara. “Las mujeres atraemos a los mujeres, y una de las razones para llevar el velo es para no mostrar mi belleza a otros hombres, sólo a mi futuro marido y familiares de primer grado”, sentencia esta argelina de 26 años.

¿Desigualdad? “No lo entiendo así. Hombres y mujeres somos diferentes física y psicológicamente. Además, los hombres también tienen unas limitaciones a la hora de vestir. No pueden llevar pantalón corto y deben elegir prendas holgadas”. En su opinión, la hiyab no es sólo un velo, es “una forma de vestir, es una práctica de no llevar prendas ajustadas para no atraer a los hombres; yo suelo llevar vestido largo y en invierno un pantalón vaquero debajo”. Dentro de su casa la realidad es otra. “Me pongo pantalones, camisetas, tirantes… y en fiestas en las que sólo hay chicas me pongo guapa, sólo me cubro cuando estoy en contacto con hombres”.

Asmaa nació en Oran y llegó con su familia (padres y cinco hermanos) a Tudela hace 15 años. Su madre y su hermana también se cubren con el hiyab. Ella se lo colocó por primera vez a los 11 años, antes de la pubertad. “Es obligado cuando te baja la menstruación, pero yo preferí adelantarme, por mi fe, incluso con la oposición de mi padre que prefería que esperase”, explica. Lleva túnica y velo en la cara, porque como dice el profeta, sólo hay que dejar “al descubierto la cara y las manos”. “Me lo he puesto por una cuestión de fe, por convicción religiosa, porque acepto lo que dice el Corán, no por una cuestión cultural”, matiza.

La joven ha terminado segundo grado de Técnico Superior en Laboratorio tras estudiar auxiliar de enfermería, pero quiere continuar su formación. Su meta es cursar Medicina. Respecto al grado de tolerancia social, admite que tanto en la escuela como en otros centros educativos y en su entorno de amigos no ha tenido problemas. “Al principio cuando llegamos a Tudela en el año 2000 éramos muy pocos, y se notaba un cierto rechazo hacia lo nuevo, pero en cuanto te conocen las cosas cambian”, se felicita. A su edad se siente una mujer “madura” para tomar decisiones. Tiene novio, también musulmán, y le gustaría casarse aquí, ejercer su profesión y tener hijos. La prohibición del velo le parece algo “injusto”. “El pañuelo no es una barrera de comunicación ni cultural ni religiosa. Yo me siento feliz llevándolo, pero a veces hay un cierto miedo a lo desconocido”, explica. “Al principio cuando hice las primeras prácticas en el Instituto Sanitario la gente no se acercaba, cuesta romper esa barrera y los prejuicios funcionan”, lamenta. “Mi gente, mis amigas me respetan, igual vas a cenar y prefieren no tomar vino por mí”, relata, aunque también censura a quienes creen que las musulmanas no pueden pensar por sí mismas, “que es el hombre el que decide”. Preguntada por las nuevas generaciones afirma que la sociedad ha cambiado. “Hace 20 años nuestros padres no estudiaban, se casaban jóvenes y no se informaban de lo que era la religión musulmana, ahora los jóvenes estudian, investigan y transmiten sus valores con otra convicción, no por tradición”, añade. El hecho de vivir en un país occidental no les coarta para utilizar el velo como un elemento diferenciador. “Mi prima se lo puso aquí, nada más llegar porque le bajó la regla. Yo respetaré mi religión aquí, en España, en Argelia y en cualquier lugar donde viva. Siempre con el velo”.

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