El alma negra de Francia

La Verdad, FERNANDO ITURRIBARRIA, 11-06-2010

Anelka , Malouda y Henry corren para calentar durante la sesión de entrenamiento celebrada ayer. :: EFE

Francia viste de azul, pero tiene el alma negra. La selección de Raymond Domenech es el conjunto más africano del primer Mundial en África. Hasta siete jugadores, un tercio del plantel, son oriundos del continente negro. El fútbol es el espejo de un país de aluvión formado por los sedimentos depositados por las oleadas de inmigrantes. Sus estrellas siempre han sido hijos de nómadas en busca de trabajo. Kopaszewski ‘Kopa’, el polaco; Platini, el italiano; Zidane, el argelino… Pero, paradójicamente, esta vez no tiene en sus filas ningún magrebí.

En estos tiempos de globalización, ninguna selección presenta tantos africanos por nacimiento o filiación como Francia. Muy por detrás se sitúan con tres jugadores Portugal (Miguel, Rolando y Nani), Estados Unidos (Howard, Onyewu y Edu) y Alemania (Aogo, Khedira y Jerome Boateng). Este último ofrece la curiosidad de que se enfrentará a su hermanastro Kevin – Prince, que defiende los colores de Ghana en virtud de las triquiñuelas de la reglamentación internacional. El fenómeno concierne en menor medida a Holanda (Boulahrouz y Afellay), Suiza (Nkufo y Fernandes) y Dinamarca (Mtiliga).

Los siete magníficos de la ‘Francáfrica’ son Djibril Cissé, Abou Diaby, Alou Diarra, Patrice Evra, Sidney Govou, Steve Mandanda y Bacary Sagna. Dos de ellos nacieron en África: el portero Mandanda en Kinshasa y el nuevo capitán Evra en Dakar. El ‘black – power’ galo se amplifica con el concurso de los seis futbolistas originarios de los territorios ultramarinos, confetis de la antigua potencia colonial: Abidal, Anelka, Clichy, Gallas, Henry y Malouda. Entre emigrantes subsaharianos y descendientes remotos de esclavos africanos, el negro es el color dominante de una Francia casi monocroma para irritación de lepenistas y demás racistas.

Aunque nadie se atreve a publicarlo en los medios galos para no atizar las rivalidades inter – étnicas, fuentes internas de los ‘bleus’ atribuyen al poder negro el que no haya moros en la costa francesa. El trípode triunfal ‘blanc – black – beur’ de los campeones mundiales de Francia – 98, capitaneados por la sangre bereber de Zinedine Zidane, ha perdido el último pie de apoyo. Los ‘beurs’ (árabes) brillan por su ausencia en la lista definitiva de Domenech. Los descartes a última hora de Benzema, Ben Arfa y Nasri fueron consecuencia de la incompatibilidad de caracteres con los seleccionados de piel más oscura.

A los ‘beurs’ hay que buscarlos en la otra orilla del Mediterráneo. En Argelia, sin ir más lejos. De los 23 defensores de la antigua posesión gala, 16 han nacido en suelo francés. Así que no es de extrañar que los habitantes de origen norteafricano que pueblan las barriadas populares de París, Marsella y otras capitales de la vieja metrópoli vibren más con los éxitos de Argelia que con los de Francia. El fútbol refleja el fracaso del modelo de integración a la francesa.

Los episodios de abucheos a La Marsellesa cada vez que Francia se enfrenta en casa a Argelia, Túnez o Marruecos atizan las iras del Frente Nacional. Marine Le Pen, vicepresidenta del partido ultraderechista, ha tomado el relevo de su padre para censurar a un equipo plagado de rostros oscuros que, para más inri, no entonan el himno. «Tienen otra nacionalidad en el corazón y se envuelven en otras banderas», se queja. Más allá de la extrema derecha, los comentarios raciales también salpican a políticos populistas como el socialista Georges Frêche, autor de esta perla: «En este equipo hay nueve ‘blacks’ de once. Lo normal sería que hubiese tres o cuatro. Sería el reflejo de la sociedad. Pero si hay tantos es porque los blancos son unos inútiles. Me da vergüenza este país».

«Si hay tantos jugadores negros en el equipo de Francia se debe sencillamente a que son buenos, es el único criterio», replica el ex campeón del mundo y de Europa Lilian Thuram». Los comentarios de Le Pen personalmente no me desestabilizan. Es política. Desgraciadamente, mucha gente piensa como él».

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