Es el tiempo de África

La Verdad, IGNACIO TYLKO, 11-06-2010

Fiesta. Los ciudadanos se han echado a la calle para celebrar la llegada del Mundial. :: REUTERS

«Hay momentos que hacen la historia de una nación y estamos a punto de comenzar a vivir uno de ellos. ¡Qué honor, qué privilegio para nuestra joven democracia, de sólo 16 años». Ataviado con una bufanda sudafricana, el presidente Jacob Zuma ha trasladado en las últimas horas al mundo el mensaje de Nelson Mandela, una figura que se apaga, ya con 91 años, pero que ilumina el primer Mundial de la historia en el continente negro, una oportunidad de oro, un desafío para la evolución económica, política y social del país.

«Es un sueño hecho realidad. África puede sentirse orgullosa. Nosotros organizamos el campeonato pero Mandela lo trajo a Sudáfrica. Es su arquitecto», exclamó Joseph Blatter, presidente de la FIFA, en la apertura del 60 congreso mundial de este organismo. El Premio Nobel de la Paz y ex líder del Congreso Nacional Africano promete acudir algunos minutos a la inauguración de hoy en el Soccer City de Johannesburgo si su delicado estado de salud lo permite. Es el icono, el inspirador del certamen con su amor por la humanidad. Sólo gracias a su labor de conciliación tras acabar con el horror del ‘apartheid’, a su compromiso y a su firme defensa de los derechos humanos, los pueblos más desfavorecidos del planeta pueden disfrutar de su campeonato.

Como explica Zuma, toda África ve en el Mundial la necesidad de conseguir una gran marca de confianza de la comunidad internacional, de dar un salto cualitativo, de abrirse al universo para decir alto y claro que, pese a sus inmensas limitaciones, están preparados. «Nos lo jugamos todo. Terminemos con los prejuicios. Habrá un antes y un después de este Mundial», señaló el marfileño Drogba, meses atrás.

«Tenemos mariposas en el estómago. Sufrimos ansiedad. Hace días que no dormimos bien». Rich Makhondo, miembro del comité organizador, resume ahora el sentir de esas gentes que invaden las calles, saltan, bailan, cantan, colapsan el tráfico, cada vez más caótico, y hacen sonar sus ‘malditas’ vuvuzelas hasta hacerte ensordecer.

Sudáfrica enloquece ante el pistoletazo de salida. Nada más aterrizar en el aeropuerto Tambo de Johannesburgo, inmensos y coloridos carteles muestran que «es el tiempo de África». Grandes fotos de famosos jugadores locales representan a la ‘selección’ ‘África United’. Las banderas locales se agitan por rincones, balcones y vehículos. Es el momento de «un país, una pasión, con cinco estrellas en el corazón». La autopista que une el aeropuerto con la ciudad está engalanada con enseñas de todos los países participantes. Los obreros se afanan por decorar a base de enormes mosaicos las orillas de las carreteras.

Máxima presión

A las doce del mediodía, las radios avisan. Hay que celebrar el Mundial y dejarse sentir. Por unos minutos, se para la actividad en los trabajos y en los colegios. Johannesburgo sale a la calle para acompañar al autobús de sus ídolos. Una marea multicolor, un carnaval con cientos de miles de aficionados. Niños, hombres, mujeres, obreros, sobre todo negros, pero también blancos. El célebre central Booth, el fornido central blanco al que aclamaba la grada en la Copa Confederaciones, no está solo. Sudafricanos ricos, descendientes en muchos casos de los ‘boers’ (granjeros holandeses) y de colonialistas británicos, también ven el Mundial como algo suyo. Cuando Mandela estuvo en la histórica final del Mundial de rugby que conquistó Sudáfrica, dio el primer paso para poder vivir este momento irrepetible. Zuma ha visitado a los internacionales en su cuartel general en el Southern Sun Grayston de Sandton, el barrio rico de Johannesburgo. Les ha trasladado la responsabilidad de lo mucho que hay en juego. Aaron Makoena, siente una «enorme presión». «Somos los anfitriones y tenemos la necesidad de hacer feliz a mucha gente». Asumen que debe de estar preparados «física pero sobre todo mentalmente», para cumplir el objetivo.

La historia dice que nunca un país organizador se quedó fuera en primera ronda. Pero sobre el papel, los sudafricanos son la ‘cenicienta’ de un grupo con dos campeones universales. Confían en su buena racha en los últimos doce amistosos y en la experiencia de Parreira, un trotamundos que ganó el título con Brasil, afronta su sexta fase final de una Copa del Mundo, y desde hace un año dirige por segunda vez a los semifinalistas de la última Confederaciones. Reemplazó a su compatriota Joel Santana.

La mejor generación

Es la tercera vez que un país africano disputa el partido inaugural de un Mundial. Y los precedentes son halagüeños. Camerún protagonizó el ‘argentinazo’ en Italia’90 y Senegal pudo con Francia en 2002. Pero el ‘Vasco’ Aguirre, seleccionador de México, avisa de que la ‘tricolor’ dispone, quizá, de «la mejor generación futbolística de su historia», con una decena de jugadores que militan en Europa. Asegura que llegan en «las condiciones ideales» para apagar el «infierno» que prepara Parreira. Cuarenta años después, México abre la cortina de un Mundial por quinta vez. Hasta ahora, nunca ganó en el arranque.

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