Holanda elige hoy Parlamento

El dinero antes que la identidad

Los holandeses aparcan el debate cultural ante el empuje de la crisis

La Vanguardia, , 09-06-2010

XAVIER MAS DE XAXÀS – Amsterdam Enviado especial

PRONÓSTICO El liberal Rutte puede ganar, pero deberá formar una coalición que no será fácil

RECETA Los grandes partidos están de acuerdo en reducir prestaciones y subir impuestos
De no haber sido por Grecia, es muy probable que los holandeses se hubieran visto forzados estos días a profundizar aún más en el interminable debate sobre la identidad nacional y racial, tema común a todos los países europeos y que ellos han analizado más y mejor que todos. Pero no hay nada como el miedo a perder los beneficios económicos y sociales para que las tensiones étnicas queden en segundo plano.

Holanda celebra hoy las primeras elecciones legislativas de un país de la eurozona desde que estalló la crisis financiera griega, y se ha hablado poco de velos islámicos y mucho de hipotecas y chardonnay. Esto supone que los liberales, con una gran reputación como gestores de los asuntos económicos, se impondrán a los laboristas, que lo habían fiado casi todo a su reconocida capacidad para enterrar el multiculturalismo en aras de una integración de las minorías que dé paso a una nueva sociedad, más abierta y no tan rehén de sus costumbres y tradiciones.

Claro que en Holanda nada es tan sencillo como parece y un triunfo hoy del Partido Liberal, que capitanea Mark Rutte, no despejará el futuro. De entrada, deberá formar una coalición de gobierno y no será fácil. La última vez que lo intentó fue antes de la Primera Guerra Mundial. Después tendrá que imponer un programa de austeridad y una subida de impuestos que no garantiza, por sí mismo, la recuperación. “El 65% de nuestra economía depende del comercio exterior – explica el politólogo Paul Sheffer-y no hay garantía de que el euro vaya a ganar estabilidad. Yno sólo por culpa de los países del sur. Francia y Alemania también tienen sus problemas”.

Hablar de problemas en Holanda, sin embargo, es hablar de poca cosa comparado con la que cae en el Mediterráneo. El paro no llega al 7%; el PIB, que perdió un 4,7% en el 2009, se equilibrará este año y la deuda apenas supone un 65% de este mismo PIB. “La palabra crisis – añade Sheffer-está sobredimensionada. No digo que haya gente que vaya a sufrir más, pero a una sociedad avanzada, con un Estado de bienestar consolidado, sólo se nos pide que ahorremos un 5% de nuestra riqueza”.

Que Holanda es una sociedad rica salta a la vista en los barrios teóricamente pobres de Amsterdam, con fama de ser guetos, como Bijlmer o Slotervaart, zonas donde casi todo el mundo es de otro lugar. La nueva plaza Anton de Komplein, en el centro de Bijlmer, tiene dimensiones de urbanismo socialista. Junto a ella hay casas con jardín, pequeños bloques de apartamentos y grandes edificios de oficinas, donde se han instalado compañías financieras con personal abrumadoramente holandés, empujadas por la política de integración que tanto ha defendido el líder laborista, Job Cohen, alcalde de Amsterdam hasta hace apenas unos meses. Allí mismo, en una esquina, la oficina de empleo reparte trabajo a una población básicamente subsahariana. Karin Waard, dedicada a la orientar profesionalmente a los parados, explica que “el 75% encuentra un nuevo empleo a los tres meses y el 18% antes de un año, sobre todo en la administración”. Considera que si el subsidio de paro se reduce de tres años a uno – como proponen los principales partidos-no habrá tantos perjudicados como cuando la edad de jubilación se alargue hasta los 66.

“Sé que ahora me toca pagar – confiesa el politólogo André Krouwel-,y es justo que lo haga. Puedo perder hasta un 20% de mis ingresos y alguna botella de chardonnay. Se nos acabó el socialismo chardonnay, de gran progreso económico y grandes prestaciones sociales. A partir de ahora no podré deducirme el 42% de los intereses de mi hipoteca (una botella de chardonnay menos), me subirán los impuestos (otra botella menos) y tendré que pagar algo por la sanidad (adiós, tercer chardonnay)”.

El ajuste, según Krouwel, aumentará la tensión social, tal vez, poniendo de relieve la necesidad de un pacto por la integración. Sheffers enfatiza que el problema no es saber si deberá apretarse el cinturón durante cuatro años a tope (como sostiene Rutte) u ocho años pero más holgado (como defiende Cohen), sino entender que “lo peor está por llegar, no sólo por la crisis, sino por el modelo de sociedad que Holanda será capaz de crear”.

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