«Yo estoy para sopitas y buen caldo, le digo a Pili»
La Verdad, , 02-06-2010Juan Peña ‘El Lebrijano’. Mañana clausurará en Murcia, con su concierto ‘Casablanca’, la 17 Cumbre Flamenca de la CAM.
«Me tomo el zumito y hablamos, que es que hoy me he levantado un poquito tarde y ya necesito mis vitaminas», dice Juan Peña ‘El Lebrijano’, maestro del cante. Está en su casa sevillana, de buen humor y deseando que llegue el día de mañana, cuando acompañado por músicos flamencos y árabes protagonizará, en la Plaza Cardenal Belluga de Murcia, el concierto de clausura de la 17 Cumbre Flamenca de la CAM, en la que presentará su espectáculo ‘Casablanca’. Da gusto hablar con él, a veces un león hambriento y otras un ángel de la guarda. ¿Saben qué le pasa? Que como El Lebrijano tiene una hija que «estudió para azafata, pero no voló», sino que se casó y le dio al cantaor una nieta, él ha sacado la siguiente conclusión: «Así es la vida, piensas una cosa y luego es otra». Tiene El Lebrijano – qué discos: ‘Encuentro’, ‘Casablanca’, ‘Lágrimas de cera’, ‘Yo me llamo Juan’… – el poder de los elegidos, el de los verdaderos artistas: son eternos, están al margen de la fama y de la popularidad. Lo que consiguen en el momento en que entran en contacto contigo es contaminarte de zarpazos de vida. Y se camina ya juntos, claro está que sin saber hacia dónde. Así es que cuidado con él, porque crea adicción. Es droga dura, se te mete en el cuerpo y en el alma y se hace por momentos imprescindible. Su voz te engancha, te da fuerzas, te nutre el ánimo, te empuja, su voz se fija sobre recuerdos y escenas de lo mejor de la vida y ya no hay forma de deshacerte de ella. Torrencial, algo cansada la fiera que lleva dentro, advierte sonriendo: «Yo te aseguro que la vejez llega. Eso sí que es una verdad como un templo».
- ¿Cómo anda su salud?
- Estoy bueno, gracias a Dios. Ya sabes que tuve un problema serio de colon, pero ya hace tres años; y, bueno, lo he pasado muy mal, con tres operaciones y, en fin, mucho sufrimiento, pero parece ser que la cosa se ha remediado bien.
- ¿Ha vuelto a sufrir algún percance inquietante como el que tuvo durante su actuación en La Unión, en 2008?
- ¡No, ojú! Se me fueron los puntos mientras cantaba y yo no me di ni cuenta; ni yo, ni nadie. Lo que hice fue cantar con la mano puesta en el estómago, como si no pasara nada, pero cuando llegué al camerino y me vi la barriga, dije ‘¡madre mía de mi alma!’ Llegué a Sevilla y a los tres días me operaron otra vez; llevaba poco tiempo operado cuando canté en La Unión, la verdad, pero aunque al principio quise ir con mucho cuidado, uno es como los toreros buenos de verdad, que lo dan todo por una buena faena, ¿tú me entiendes?
- Ha dicho usted: «Yo no me como a nadie». Bien, pero ¿se queda con las ganas?
- ¡No tengo yo el estómago ya para darme ahora esos lujos! (Risas). Yo soy un hombre muy pacífico, pero lo que no hago nunca es dejar que nadie me tome el pelo. Yo vivo del arte, que no es lo mismo que comer del arte, así es que a mí el arte me duele, porque es mi vida, mi sueño, mi ambición, mi historia, mi esperanza…; y me duele que el flamenco no esté ahora mismo en su esplendor. Ahora se hacen muchas cositas muy flojitas en el flamenco, y por ese camino vamos mal. Mi preocupación ha sido siempre doble: innovar y hacer las cosas todo lo mejor que se pueda. Innovar sin dejar de beber en las fuentes de la sabiduría que nos han dejado los más grandes, y hacerlo todo lo mejor que se pueda no para vender más discos o lo que sea, sino para respetarse uno mismo, respetar al público y respetar al flamenco.
- ¿No ve que se le respete?
- Lo que veo es que Enrique Morente y yo somos ya los únicos ‘quijotes’ que quedamos en este mundo del flamenco: somos los vanguardistas más vanguardistas, y al mismo tiempo los grandes guardianes de su pureza.
- ¿Qué lleva ahora entre manos?
- Tengo ahí un disco guardado, del año 1964, cuando yo tenía 24 años, en el que cantamos La Niña de los Peines, Antonio Mairena y yo. Es una joya que quiero que salga al mercado para que la disfrute la gente, pero hay que ver lo mal que están las cosas de los discos ahora mismo; para sacar un disco hay que poner dinero o yo qué sé lo que hay que hacer. ¿Qué me dices tú? El disco se llama ‘La boda’, mi boda. Mi madrina y mi padrino fueron ellos, La Niña de los Peines y Antonio Mairena. Es mi boda, fíjate tú, una hora y veinte minutos de fiesta por bulerías. Hay que sacar esa joya a la luz, porque está también mi madre, y Pepe Pinto. Yo no quiero ganarle dinero a este disco, pero tampoco quiero perderlo, y como con esto del Internet las compañías están perdiendo dinero, pues a ver lo que pasa.
- ¿Es ‘Dame la libertad’ la canción más hermosa que ha cantado?
- ¡Hombre!, yo la verdad es que he hecho muchas cosas muy bonitas, y me da igual que no esté bien que yo lo diga. Por ejemplo, ahí está mi disco entero ‘Cuando El Lebrijano canta se moja el agua’, ¡a ver quién es el valiente que se atreve a cantar la prosa de García Márquez! Con humildad lo digo: eso sí que es un toro y un reto para el que es necesario mucho valor. Cuando yo cogí esas letras me dije, ‘aquí no hay forma humana de meterle mano a esto’, y me pasé tres años maldiciendo ese libreto de letras tan hermosas y tan difíciles, ‘¡me cago en la madre que lo parió, que yo no puedo con esto!’
- ¿Y qué pasó?
- Que pude, vaya si pude, ayudado por mi guitarra, porque tú sabes que yo toco la guitarra, la toco ‘pa’ mí. Soy un mal guitarrista, pero a mí me sirve para lo que yo compongo ‘pa’ mí, porque yo no compongo para nadie, aunque a Rocío Jurado le compuse dos o tres cosas. Este disco de García Márquez, de verdad lo digo, es todo un hallazgo, es cantar en otra dimensión, es intentar llevar el flamenco de viaje muy lejos para que se enriquezca.
- ¿Está orgulloso de lo logrado?
- A mí, discos como ‘Encuentro’, que hizo historia, o como éste de don Gabriel me llenan de satisfacción, sí, pero también te tengo que decir que yo soy de los cantaores que menos trabajan en este país, algo que yo no entiendo tampoco, no me lo explico.
- ¿A qué se puede deber?
- España es un país de envidias, hijo mío. Da tristeza decirlo, pero más tristeza da que sea verdad. Es un país de envidiosos, y los envidiosos en cuanto pueden hacen daño. No tiene sentido, después de todo el esfuerzo que yo hago y de cómo me he comportado en mi profesión durante toda la vida, que no haya más galas…; yo tengo la cabeza muy limpia como para saber que no me voy a hacer rico con el flamenco, ni tampoco es que quiera serlo, pero sí que quiero vivir dignamente de un trabajo que yo hago muy dignamente. Para hacerse rico habría que ser como Shakira o como ese de lo ricitos – se refiere a David Bisbal – que canta lo de ‘¡bulería, bulería!’; ¡anda tú, llevo yo toda mi vida cantando bulerías y viene éste y se la lleva entera! (Risas).
- ¿Se arrepiente usted de algo?
- Yo no me arrepiento de nada, gracias a Dios no tengo remordimientos de conciencia. He hecho las cosas que me han gustado, y si eso me ha llevado a no ser muy comercial, pues bueno, no se puede tener todo. Yo lo que sí tengo es el respeto de todo el mundo, y los grandes músicos yo sé que me respetan y me valoran. La fusión en el mundo del flamenco existe porque la hice yo, porque antes de los 80 no se sabía ni qué era eso. Ahora todo el mundo dice que fusiona, aquí ahora todo el mundo lo fusiona todo, con criterio o sin criterio, de cualquier manera. Se ve que dicen, ‘¿no fusiona Ferrán Adrià? Pues yo también’. Y… ¡a fusionar!
- ¿Qué valoración hace usted de su trayectoria artística?
- ¡Tendríamos para hablar unos cuantos días? Pero, verás, una cosa está clara: puede venir ya quien venga que a mí de la historia del flamenco ya no me puede quitar nadie.
- Y hoy, ¿cómo está de fuerzas?
- A mí todavía no me han mojado la oreja, todavía no, todavía no; ¡hombre, me la mojarán, porque a todo hay quien gane, pero no ha llegado aún ese día! (Risas). ¿Te cuento una cosa?
- No seré yo quien le diga que no.
- Recuerdo que cuando yo era un chaval y Antonio Mairena era un hombre ya mayor, él se ponía a cantar en cualquier lado, porque se pegaba dos lingotazos y ya estaba cantando, ¡él era así! Bueno, pues Mairena nos decía, ‘¡que sois todos muy malos!’, y se me quedaba mirando y añadía, ‘¡y tú el peor!’. Y yo le contestaba, ‘maestro, si eso ya lo sé yo, si usted es el mejor!’. Y, entonces, soltaba, ‘bueno, a todo hay quien gane’. Ay, ay, ay, pues eso digo yo también.
- ¿Ha vivido como ha querido?
- Pues, en cierta forma, sí. La verdad es que tuve un poco de mala suerte en mi primer matrimonio, que fue un poco traumático…; ahí no estuve acertado, pero la juventud es atrevida y, bueno, me quedan dos hijos de aquella historia. Después encontré a una buena compañera, Pilar, muy cariñosa y muy buena conmigo…; con la otra fue un poco un martirio… y eso se queda. Mira, que las cosas vienen y hay que afrontarlas, nos cueste más o menos trabajo. Yo lo que le pido a Dios, siempre, es salud y que la cabeza no me la trastoque. Yo se lo digo a mi mujer, ‘yo estoy ya para sopitas y buen caldo, Pili’ (risas). Quiero estar con mi cabeza limpia, porque tengo todavía la ilusión de hacer una obra muy grande, muy grande, de la que todavía no puedo decir nada.
Cansado de recelos
- Vuelve a cantar en Murcia con músicos árabes. Usted ayudó mucho, uniendo flamenco y música árabe, a romper barreras entre España y Marruecos. Pasados los años, resulta que los recelos ante los inmigrantes magrebíes gozan de una estupenda salud.
- Pasados los años, no sé qué nos pasa que no tenemos caridad con nadie, que vemos a la gente que no tiene nada que comer y encima nos molesta. Pasados los años, parece que seguimos sin aprender a convivir en paz unos con otros. Claro que se debe mirar a Europa, no digo yo que no, pero lo que no se puede hacer es dejar de mirar a Marruecos, negar que son nuestros hermanos. Ahora bien, yo no soy político, no sé cómo se podría solucionar todo este problema…; pero, desde luego, los inmigrantes tienen toda mi simpatía, por lo menos eso. ¡Me canso de tantos recelos y tantos recelos! Buenos y malos yo me los he encontrado en todos lados, y le he dado la vuelta al mundo dos veces. Hoy está la vida tan mal, que pensamos que cualquier persona que se acerca a nosotros viene a sacarnos algo. Yo tengo una amistad grande con todos los árabes, me adoran. La suma de culturas es maravillosa, sumar y no restar.
- ¿Alguna vez se cansó de vivir?
- Nunca jamás. Cuando, a lo mejor, crees que ya no puedes más, la vida te da un momento especial. En mi caso, además, la música siempre me sorprende, y en muchas ocasiones ha sido el aire que respiro. Aunque la vida sea dura, siempre se viven momentos muy especiales.
- ¿Cuál ha sido el último que ha vivido?
- Mira, el otro día se casó un amigo mío y estuvimos ahí, en Coria del Río, junto al Guadalquivir. Había un jardín precioso, y mientras se estaban casando, cayendo la tarde en toda su belleza, pasó un barco lleno de luces que iba para Sanlúcar…; mira, era de ensueño, qué belleza, qué emoción tan grande para el alma…; la novia vestida de blanco, dos personas que se quieren y que quieren vivir juntos toda la vida…; o somos un poco románticos o apaga y vámonos.
- Ahí no pegaba ni con cola que usted hubiese cantado eso de «estoy enfermo de ti, maldita sea la hora en que vi tus ojos negros y bebí tus labios granas» (de la canción ‘¡Ay! Por Dios’, de su disco ‘Casablanca’).
- ¡No, que a lo mejor me hubieran tirado al río! (Risas). ¿Tú sabes lo que les tendría que haber cantado? Pues: ‘En el soto, los alamillos bailan uno con otro, / y el arbolé, con sus cuatro hojitas baila también. / Luego vendrán las lluvias y las nieves. / Baila sobre lo verde. / Sobre lo verde, verde, que te acompaño yo. / ¡Ay, cómo corre el agua! ¡Ay, mi corazón!’
- ‘Casablanca’, su concierto para la clausura de la Cumbre Flamenca, que se celebrará en la Plaza Cardenal Belluga, ¿en qué consiste?
- Ya he cantado ahí unas pocas de veces, y además siempre se me llena. Mira, del disco ‘Casablanca’ no cantamos todos los temas, porque también hacemos cosas de ‘Encuentro’. Hacemos un poco de todo, incluidas creaciones que no están en los discos y que sólo se pueden escuchar en el concierto.
- ¿Cómo se le presenta hoy el día?
- En cuanto deje de hablar contigo me bajo al bar a tomarme un cafelito con los amiguetes; primero me he tomado el zumito de naranja que me da todas las mañanas mi mujer, y ahora voy a por el cafelito.
- ¿Nada de vino?
- Yo alcohol no bebo. Nunca en mi vida he sido de beber alcohol. Si me tomo una cervecita, me tomo una cervecita, pero raramente. Suelo tomar agua o Coca – Cola Zero. Pero tengo una señora que guisa muy bien, y eso compensa mucho, hijo, eso es para darle muchos besitos.
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