Una 'fatwa' no escrita contra las prostitutas de Cartagena
Meretrices del casco antiguo denuncian al imam de la mezquita Ennour por agresiones. «Dice: 'Eres una zorra, estás enferma'»
El Mundo, , 01-06-2010«Vas a limpiar toda la basura de la calle, zorra, tienes el sida».
«Te voy a mandar a tu país, puta de mierda».
Baja a la acera el imam de impoluto blanco, despliega a sus comisarios islámicos a la entrada de las calles del sexo, y se lanza a su yihad de barrio con la chilaba puesta.
Contra las prostitutas y contra sus clientes árabes. Contra los que van a comprar a la carnicería y contra los que entran en el locutorio frecuentado por ellas. Contra los árabes que se toman una cerveza sentados en la puerta de casa y contra los que pasan de ir a la mezquita. Porque la calle entera hiede.
Varias prostitutas y comerciantes de la zona han denunciado en la comisaría y en el Juzgado de Instrucción número 3 de la localidad a Yazid Koudri presidente de la Comunidad Islámica de Cartagena y líder religioso de la mezquita Ennour por agresiones, insultos y coacciones.
«Quiere echar a las mujeres de la calle. Nos llama putas, nos dice que nos va a cortar el cuello», comenta Marta, una trabajadora del sexo de Mendoza (Argentina). «Hace dos años, Fernanda le denunció porque le pegó, y de los golpes se le infectó la pierna. Ya no aguantamos más. Por eso hemos decidido no callarnos».
«A mí trató de atropellarme un par de veces», explica Carmen. «Todas somos madres de familia, con hijos que mantener… Algún día puede pasar algo que nadie quiere que pase».
El epicentro del terremoto que ruge es un nudo de calles ajadas y edificios en estado de ruina. En varias docenas de pasos cabe el Edén entero: todas las tentaciones de la carne y todas las oraciones del mundo.
Lo sabe la ecuatoriana Judith Marianela, que lleva puestas dos denuncias. Una el 9 de febrero y otra el 1 de mayo. Según el atestado policial, el imam la abordó en la calle en «actitud muy agresiva», «haciendo aspavientos con los brazos» y «gritando». Fue «empujada contra la pared» y agredida, por lo que tuvo que ser atendida en el centro médico de El Parchís. Antes oyó algo: «Eres una zorra y una puta. Estás enferma».
Toda esta guerra santa sucede en tres calles, tres. En el centenar de metros que hay entre el local religioso, ubicado en la calle Villalba La Larga, y entre la esquina de San Cristóbal La Larga con Beatas, el córner desde donde las chicas tiran balones al área.
Les pasa desde hace tiempo a las meretrices del casco antiguo de Cartagena. Por el medio hay negocios que van criando telarañas.
Habla Morad Echakraoui, dueño de una carnicería donde hace meses que tiene que tirar la mayoría de la carne. Si antes vendía 300 euros al día, desde que el imam comenzó su cruzada no llega a 50.
«A la gente le advierte de que no entre aquí, que es de marranos, sólo porque entran ellas. Dice que si no se van las putas, en la calle no entra nadie», se lamenta el carnicero Echakraoui. «Pone a los suyos en cada entrada a estas calles y no deja pasar. Dice que es una calle sucia».
Denunció el dueño de la carnicería. Denunció el dueño del locutorio. Viendo el cariz de los acontecimientos, esta misma semana la Fiscalía ha solicitado orden de alejamiento de 200 metros del imam Koudri con respecto a los dos locales, para que no haya fuego. El problema es que la mezquita está cosida a la zona caliente.
Hasta 1989, en el local donde se ubica la comunidad islámica Ennour había una iglesia evangélica. Yazid se hizo con aquellas dependencias una vez vacías. La mezquita atiende a unos 300 musulmanes. Inaugurada en 1993, es la más antigua de Cartagena.
«Le dio por tomarse la justicia por su mano. Le molestaban las chicas. Salía a interceptar a la gente que venía al barrio a pedir un servicio, gente de los pueblos, muchos de ellos musulmanes, de La Unión, de Torre Pacheco…», explica Luis al otro lado del mostrador de la tienda de alimentación Kalareme. «Hasta se ha puesto a cortar la calle de un lado y de otro, montando guardia en los tres accesos a donde están las chicas».
«Se cree la autoridad»
Cuando logró que cerraran el bar Taurino donde ejercían las meretrices y las mujeres comenzaron a trabajar en las aceras, el imam bajó a por ellas. Antes había decenas de prostitutas. Cuando se cuentan ahora, no llegan a diez.
«Se cree la autoridad de todos. Pone a los religiosos con sus chilabas cerca de las chicas. Y casi no hace falta que digan nada… Para un marroquí como yo, eso es suficiente para intimidarte», nos comenta un comerciante de una tienda de ropa.
Si el imam ha reunido 300 firmas entre correligionarios, un colegio católico y vecinos para tratar de desalojar a los prostitutas de la zona, los damnificados por el excesivo celo islámico han hecho lo propio. Suman medio centenar las rúbricas entre las trabajadoras del sexo perseguidas, los comerciantes asfixiados y los inmigrantes árabes que prefieren una Mahou a la oración.
«No estamos contra la mezquita, estamos contra él», asegura Yahya, musulmán que lleva 13 años en España. «Nos ve con una cerveza y nos viene a insultar. Te coge y quiere obligarte a ir a rezar. Para él sólo hay tres soluciones: o nos manda a Marruecos, o a la cárcel, o a la mezquita».
Hablamos con Yazid Koudri, presidente de la comunidad islámica Ennour y líder religioso. Nació en Marruecos, pasó largo tiempo en Argelia y tiene la nacionalidad española desde hace cuatro años. Vive de una pensión de invalidez tras sufrir un accidente laboral. Teníamos cita y aparece vestido sin chilaba.
«Aquí hay muchos borrachos, gente mala, gente que roba. Ellas les enseñan los pechos al que pasa, penes de plástico. ¿Tú podrías vivir en un barrio así? Es mentira que les agreda, mentira. Todas esas denuncias son falsas. Sí es verdad que les aconsejo que hagan el bien, que se comporten».
Los musulmanes han elaborado un documento que han remitido a las autoridades. Hace especial hincapié en que «los niños y adolescentes son invitados bajo engaños al consumo o adquisición de frutas, bebidas y objetos llamativos».
Al cabo le preguntamos.
-¿Qué quiere decir esto?
-Queremos que se limpie la calle.
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