Cuando dios se quedó sin patria

Niegan asilo a una musulmana amenazada por haber tenido un niño con un hindú

El Mundo, , 18-05-2010

PEDRO SIMÓN / Madrid
Llegó huyendo de un marido impuesto
que le babeaba encima los
días pares cuando estaba sobrio
y le curtía la cara los impares
cuando estaba ebrio.
Cayó exhausta en Melilla escapando
desde Nador, chica musulmana
conoció a chico hindú, y
juntos le pusieron nombre a la
nueva religión: se llamaría Vikramjeet.
Pesó sus tres kilos. Este
dios se lo hacía todo encima.
Cruzó la frontera el hermano
mayor de la impura a reventarle
la cabeza. En la chabola del monte
donde se escondían había un
guardián en la puerta. Era un perro
fiero con motas. De peluche.
El cuento abierto de Fátima
(identidad ficticia) podría seguir
con las páginas donde se detallan
las mil peripecias de los dos para
estar juntos; los días en el desierto
a punto de morir de él o la vida
de esclava cubierta de ella antes
de estar a salvo en España.
Había un final feliz a la vista y todo:
de tanto comer perdices, les
salió un polluelo.
Pero el caso es que esta historia
termina mal. El Ministerio del
Interior decidió el pasado viernes
denegar el asilo a esta mujer musulmana
que solicitó refugio tras
haber sido amenazada por su familia
por haber tenido relaciones
con un hindú.
Así que la empaquetarán con el
hijo y todo, y la dejarán al otro lado
de la frontera, a merced de lo
que toque. Ya verás la que te espera
en casa, ya.
El artículo 490 del Código Penal
marroquí incluye penas hasta
de un año de prisión para las mujeres
que tengan una relación
«perversa» fuera del matrimonio
y el precepto 39.4 del Código de
Familia prohíbe el casamiento de
una musulmana «con un hombre
de otra confesión religiosa».
Habla Fátima, a la espera de lo
que venga: «La ley dice que tendría
que ir a la cárcel. Mi hermano
tendría derecho a pegarme. A
disponer de mí».
La Subdirección General de
Asilo viene a concluir en su escrito
que, el hecho de ser mujer en
Marruecos en sus circunstancias,
«no determina necesariamente la
existencia de persecución ni justifica
suficientemente un temor
fundado a sufrirla». A juicio del
Ministerio del Interior, en el caso
de Fátima «no se desprenden razones
humanitarias para autorizar
la permanencia en España en
los términos previstos en la normativa
vigente en materia de extranjería
e inmigración».
A los parámetros de musulmana,
embarazada, con pareja de
otra religión, soltera, Fátima añade
una característica determinante:
ella es originaria de una «zona
pobre y conservadora», explica
Mercedes Rubio, abogada de
la chica marroquí de la Comisión
Española de Ayuda al Refugiado
(Cear). «Su familia es de extracción
rural, del Marruecos profundo.
No es de Casablanca ni de
Rabat. El pensamiento es más cerrado
».
«La resolución dice que no hay
motivos para pensar en la discriminación.
Discrepamos», añade
Rubio. «Es más: hace cinco meses
el Gobierno concedió el estatuto
de refugiada a una mujer
con un caso igual a éste». El recurso
contencioso administrativo
se interpondrá en la Audiencia
Nacional.
«El Gobierno español no quiere
ver lo que está pasando en
Marruecos», señala José Palazón,
portavoz de la Asociación Pro
Derechos de la Infancia de Melilla.
«La situación empeora cada
vez más. Estamos haciendo la
vista gorda con un país cuyo respeto
por los derechos humanos
es nulo. En este juego hay gente
por medio».
El nido está a medio hacer y se
ha levantado en el Centro de Estancia
Temporal de Inmigrantes
(Ceti), hay un cestón desvencijado
de plumas recién puestas y en
Nador hará frío si toca volver con
el canastillo.
Hablamos de Fátima. Habrá
que confiar en el milagro. Es Vikramjeet
el que espera.

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