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Españoles sin complejos

La Voz de Galicia, 13-05-2010

Pues sean bienvenidos: es la primera idea que sugiere el avance de la población empadronada en España a 1 de enero del 2010. Este avance del Instituto Nacional de Estadística (INE) dice que la población extranjera actual es de 5,7 millones de habitantes, un 1,1% más que en el año 2009, y a pesar del retorno significativo de ciudadanos bolivianos, ecuatorianos, argentinos y brasileños. No es noticia que sean 5,7 millones los ciudadanos extranjeros empadronados en España; este volumen de población se ha configurado en los últimos diez años. Tampoco lo es que más de un millón residan en Cataluña y otros tantos en Madrid, porque son las mismas cifras que dio el INE para el año 2009.

La noticia es que después de un año de crisis económica, y sobre todo de crisis del empleo, permanecen en España 5,7 millones de ciudadanos extranjeros, y que el 77,4% de estos (4,4 millones), son menores de 45 años, en edad de trabajar y procrear.

Todo apunta a que se han establecido en España, con vocación de permanecer, unos 830.000 rumanos, 750.000 marroquíes, más de un millón de antiguos europeos occidentales – entre estos muchos jubilados, empadronados en nuestro espacio mediterráneo – y más de un millón de latinoamericanos de distintas nacionalidades, como orígenes más significativos; además, poblaciones como la china (156.607), la búlgara (169.195) o la senegalesa (61.383) continúan aumentando a buen ritmo.

Se trata de una revolución de la demografía española, que tendrá progresivo impacto en los censos electorales de determinadas comunidades autónomas, donde la idea de lo autóctono retrocederá necesariamente por la incorporación de nacionalizados y nuevos ciudadanos españoles nacidos de estos extranjeros. Un fenómeno que afectará, por ejemplo, a Cataluña, donde se han empadronado 1,2 millones, el 15,9% de su población actual, muchos más que en Galicia, donde sus 109.222 extranjeros apenas suponen el 3,8% de la población total.

El impacto de la población extranjera en el censo electoral es inminente. En Baleares significa el 22% de la población actual, y el 17% en la Comunidad Valenciana, lo mismo que en la Comunidad de Madrid. En definitiva, uno de cada diez ciudadanos empadronados en España es extranjero, la misma proporción que hace un año. En una década, que son dos legislaturas, se habrán incrementado notablemente los censos de electores residentes (CER) de numerosas provincias españolas.

Nuevos electores de origen extranjero, nuevos españoles que quieren serlo, con poco pasado, pero con todo el futuro. Una generación de españoles sin complejos. Desde un punto de vista electoral, contribuirán a propagar la normalidad democrática que debe merecer la idea de España a todos sus empadronados. Algo que escenificaron recientemente, bandera española en mano, numerosos ciudadanos portugueses fronterizos con Pontevedra, completamente ajenos a nuestras preocupaciones decimonónicas. Para una población enfrentada al envejecimiento y el crecimiento negativo, como la española, es una buena noticia: lo más valioso que tiene un país es su gente.

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