Velos: metafóricos y reales
La Vanguardia, , 10-05-2010Maria-Àngels Roque
Las niñas y las mujeres con pañuelo o sin él necesitan y tienen el derecho a la educación y a la formación
Quizás debamos saber si es la propia mujer quien decide ponerse el velo y, en ese caso, por qué
Hemos llevado el mes de abril con una inflación de velos en los medios de comunicación y las tertulias que va desde el burka hasta el hiyab. Prendas tan diversas como una falda y un pantalón. Las dos cubren, pero de forma diferente, y focalizadas en el islam las convierten aparentemente en la misma cosa. Se inició con el anuncio de que el Gobierno de Sarkozy prepara una ley que erradicará el burka y el niqab de los espacios públicos, en España se ha complicado con el caso de la joven Najwa Malha, apartada de la escuela a causa del uso del hiyab o pañuelo que cubre el pelo y el cuello, muy diferente a los dos anteriores. La joven ha encontrado otro instituto que la acoge con su indumentaria, ya que a diferencia de Francia no existe una ley y se da libertad a la escuela pública para dirimir estos temas de forma plural.
La escritora feminista Nawal el Saadawi, en su discurso de recepción del Premi Internacional Catalunya, comentó en Barcelona: “Deberíamos temer más los velos mentales que los físicos, ya que los mentales son mucho más difíciles de quitar”. Las niñas y las mujeres con pañuelo o sin él necesitan y tienen el derecho a la educación y a la formación si no queremos que queden marginadas en la ignorancia y en la imposibilidad de poder conseguir sus propios recursos.
Las mujeres en los países árabes se baten y presionan a sus gobiernos para conseguir los cambios en su estatuto personal. Sus campañas, buenas prácticas y acceso a los medios de comunicación han hecho que incluso en países sin democracia se reformen las leyes. Pero es difícil el cambio de mentalidades. En este sentido, es refrescante la noticia dada por el corresponsal Tomás Alcoverro sobre Hisa Hilal, una madre de familia cubierta con el niqab negro, que sólo le deja libres los ojos y las manos, atuendo que usan en público las mujeres en Arabia Saudí. Esta mujer se ha presentado al mayor certamen poético que se celebra cada año, una especie de Operación Triunfo de la televisión de Abu Dabi, contemplado por más de 20 millones de personas de diferentes países árabes. Hisa Hilal ha cautivado tanto al jurado, estrictamente masculino, como al público arrebatado por el lenguaje, la pasión y el ritmo de sus versos, por lo que ha quedado finalista. Utilizando la plataforma televisiva, se ha manifestado sobre aspectos político-religiosos, como en el poema El caos de las fetuas,en el que sorprendió a todos con su denuncia de los jefes religiosos integristas que abusan de decretos reaccionarios: “Los extremistas matan el espíritu de la verdadera religión musulmana, quieren condenarnos a la soledad y a la incomunicación – ha dicho entre aplausos-y lo único que nos ofrecen con su sociedad es el miedo y la opresión. Quiero aprovechar mi suerte para afirmar que si todas las mujeres árabes siguen luchando habrá cambios en nuestro mundo”. Alcoverro nos ha de contar si Hisa ha ganado el concurso Un millón para un poeta,en todo caso esta artista de la palabra ha conseguido, a pesar del niqab, dar visibilidad a la mujer árabe y transmitir a través de sus poemas la voz contra la injusticia, la segregación y la opresión.
La periodista sudanesa Lubna Hussein, recordada por negarse a recibir los 40 latigazos de rigor por usar pantalones, ingresó en la cárcel, de la que salió tras una elevada multa pagada por sus colegas, y en su casa recibió la visita de un islamista que acudió a decirle cómo debía vestir y le dio un niqab que ella usó para camuflarse y escapar de Sudán, uno de los pocos países junto a Arabia Saudí y los talibanes que aplican la charia. Hoy, en París, Lubna cree que el Estado no debe controlar la manera de vestir de las mujeres, no sólo porque en la mayoría de los países europeos sería anticonstitucional, sino también porque puede incitar a la provocación y estimular a que las mujeres se cubran.
En el Reino Unido hay jóvenes de segunda y tercera generación que han olvidado el idioma de origen pero que toman el velo para ser buenas musulmanas, incluso ante el desacuerdo de sus padres, algunas huyendo del consumismo y de la tiranía de las modas, otras reivindicando una ideología. Curiosamente, en países musulmanes como Egipto donde se extiende el hiyab, existe un islam fashion.
Las mujeres son atraídas al consumo de modelos y accesorios combinados rigurosamente. El tema especialmente del hiyab en Europa es controvertido, pero quizás debamos tener lecturas plurales y saber si es la propia mujer quien decide ponerse el velo y en ese caso por qué.
No se ha hablado en los medios informativos de las dos conferencias ministeriales de la UE y los países del sur y este mediterráneo para reforzar el papel de las mujeres en sus sociedades. La primera, en el 2006 en Estambul, y la segunda, a finales del 2009 en Marrakech, impulsaron un plan de acción con recursos financieros y promoción de los derechos de las mujeres, así como la obligación de seguirlo por los diferentes países. El problema es que los países arabomusulmanes están llenos de reservas legales sobre temas que afectan a la igualdad ciudadana, como por ejemplo el que las mujeres no pueden transmitir la nacionalidad a sus hijos o que reciben una parte inferior de la herencia. No obstante, la sociedad civil de los países del sur protagoniza múltiples acciones tanto para informar a las mujeres de sus derechos como para presionar a los gobiernos a cambiar las leyes, todo ello dando un papel importante a la comunicación, especialmente a las nuevas tecnologías de la información.
A pesar de que los países del sur mediterráneo, menos Marruecos, no han levantado las reservas, las diferentes presiones internas y externas han hecho que por lo menos aparezca en sus agendas políticas. Deberíamos tener en cuenta que las sociedades son dinámicas y que se transforman tanto en el norte como en el sur del Mediterráneo, y que existen vasos comunicantes que son un reto. La cultura es una norma que evoluciona y los estados democráticos deben saber cómo acordar las libertades tanto entre los recién llegados como entre las generaciones más antiguas, para crear una cohesión ciudadana reparando en lo importante y no en lo accesorio.
M. À.ROQUE, antropóloga (Instituto Europeo del Mediterráneo, IEMed)(Puede haber caducado)