Los blogueros marroquís divulgan en internet los riesgos de la emigración clandestina y denuncian abusos poder

El Periodico, 10-05-2010

Internet y las páginas web se han convertido en la nueva patera. Antes se cruzaba a ciegas. Ahora, los jóvenes conocen de antemano los riesgos a los que se enfrentan y se lo piensan dos veces antes de subirse a una barcaza y dejar su destino en manos de las peligrosas aguas del Estrecho. Los 14 kilómetros que les separan del Primer Mundo los atraviesan casi a diario en el cibercafé, sin que el mar hable con dientes de sal.
Es la nueva ruta migratoria, virtual. «Esta herramienta permite a los candidatos a la emigración clandestina estudiar las posibilidades de futuro, pero sobre todo las dificultades. Y muchos abandonan la idea del cayuco gracias a internet, cuando conocen las cifras de muertos en el mar, las víctimas del racismo o la falta de empleo. Se dan cuenta de que no es la panacea», asegura el presidente del colectivo de blogueros marroquís, Saíd Benyebli.
Sin complejos
Internet es la patera del futuro porque además despoja a los magrebís de los complejos provocados por la colonización. «Antes nos sentíamos muy atrasados respecto a la velocidad a la que iba el resto del mundo, pero ahora no. Con la globalización y la red, los africanos estamos caminando a la misma marcha que Occidente», dice Katib Amazig, un artista argelino de renombre en el Magreb. Como muchos intelectuales, exiliados y retornados, hombres polémicos por su rechazo frontal a regímenes autocráticos, Amazig se sirve también del mundo virtual para expresar ideas sin que la máquina censuradora le coarte.
El deseo de estos cibernautas es seguir navegando y abriendo espacios de libertad. La prensa independiente en Marruecos entró en una etapa de decadencia y acabará yaciendo. A la última víctima de la censura, Le Journal Hebdomadaire, le venga internet. Los blogueros marroquís desvelan tabús, denuncian la corrupción, se rebelan contra las injusticias de un sistema aún lleno de miserias evitando que una mano inquisidora les pueda meter en la cárcel.
Los Robin Hood marroquís, que ya son alrededor de 300, van a la caza de cualquier autoridad abusiva que se aproveche del poder que le ha sido asignado para sacar tajada económica. Y los policías tienen miedo. Son conscientes de que un simple móvil o una rudimentaria cámara pueden acabar con su impunidad. Sus rostros y sus arbitrarias actuaciones se divulgan en vídeos web. Alrededor de una veintena de gendarmes han comparecido ante la justicia por delitos de soborno o por el uso excesivo de la fuerza. «Hemos encontrado la vía para expresarnos libremente sin ser censurados. El Estado está enloqueciendo porque no sabe cómo controlar la red», dice el joven Yusuf Benaser, uno de los miles de diplomados que engrosan las listas de los desempleados en Marruecos y uno de los cientos de ellos que, pese a la desproporcionada violencia policial, resisten frente al Parlamento en Rabat reivindicando su derecho a un empleo.
«Soy un cibernauta que confía en la red para mejorar las cosas, para expresarse sin limitaciones. En el colectivo de blogueros hay gais, lesbianas, islamistas, antiislamistas… Todos suscitan miles de comentarios en la web que molestan mucho al poder, tan conservador», señala Benyebli. Es ulema (estudioso de la ley islámica) de formación, pero ha optado por la carrera cibernética para desafiar a las autoridades mediante la creación de este colectivo de blogueros que el Estado se opone a reconocer. «Nada puede ser independiente en Marruecos porque la monarquía lo quiere controlar todo», añade.
Servicio de espionaje
El pánico que suscita la red entre los funcionarios del Ministerio del Interior creció en los últimos meses al ver cómo en ella se cuestionaba –«con pruebas fehacientes», asegura Benyebli– el resultado de las elecciones municipales y el respeto de los derechos humanos, entre otros temas. «Les obsesiona cómo controlar la herramienta. De hecho, ya han creado un servicio de espionaje exclusivamente para seguir a los internautas», añade.
Para el más revolucionario de los blogueros, Nayib Chauki, a quien la policía ha tratado de amedrentar en varias ocasiones sin éxito, el sistema pretende «la tunecización» de la sociedad marroquí ante la ola creciente de voces disidentes en internet. Es decir, prohibir y reprimir como en Túnez. Piensa que es hora de que la nueva generación embarque en esta otra patera.

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