El drama de la inmigración

Fronteras de esperanza y muerte

El límite entre Estados Unidos y México alberga un constante tráfico de vidas, droga y armamento

Deia, Marta Martínez, 09-05-2010

Bilbao

DE Tijuana – San Diego a Brownsville – Matamoros hay 3.326 kilómetros de línea fronteriza. Es la muga que separa Estados Unidos y México, la que más cruces legales tiene del mundo y, probablemente, la de más pasos ilegales. Allí, cada día, decenas de personas se juegan la vida tratando de llegar al norte en rutas cada vez más peligrosas y en medio de un tráfico incesante de droga de México a Estados Unidos y de armas en sentido inverso. En este corredor de sueños y muerte, Arizona es un punto estratégico. Y es que debido al mayor control fronterizo que se aplica en California y Texas, el estado se ha convertido en el principal punto de entrada a Estados Unidos.

Los inmigrantes cruzan por túneles subterráneos, saltan las vallas que dividen los pueblos y ciudades fronterizas o se aventuran por el desierto con unas temperaturas que pueden alcanzar los 48 grados de día. En el estado mexicano de Sonora, fronterizo con Arizona, poblados como El Sásabe o Altar se han convertido en punto de encuentro de inmigrantes, la última parada antes de cruzar ilegalmente hacia Arizona. El Sásabe es una zona inhóspita y montañosa de menos de 1.500 habitantes que, al igual que otras zonas fronterizas, está controlada por las redes de tráficos de personas o polleros. Éstos guían a los mexicanos y centroamericanos por la ruta del desierto por un precio que oscila entre los 2.000 y los 3.000 dólares. Su “responsabilidad” llega hasta un punto concreto, luego abandonan a los inmigrantes a su suerte.

“El Sásabe es un pequeño poblado en la frontera entre Sonora y Arizona. Vive de migrantes. Debe tener tres pequeños y descuidados hoteles. En cada cuarto pueden estar entre diez y quince migrantes hacinados que esperan el pase a la frontera, para después entrar al desierto con todos los riesgos imaginables, y llegar como puedan a Phoenix. Cada vez más niños y adolescentes intentan cruzar para alcanzar a sus padres, hermanos o amigos”, explica el periodista mexicano Javier Solórzano.

Túneles Ante la incesante llegada de inmigrantes indocumentados, empujados por la pobreza y falta de oportunidades en sus países de origen, Estados Unidos ha tomado en los últimos años varias medidas de control, entre ellas, la construcción de tramos de muro en los puntos más importantes. En el centro de Nogales, entre Sonora y Arizona, se alza imponente una de estas vallas, de cuatro kilómetros. Las cercas tienen hasta seis metros de altura y están coronadas por una malla de alambre. Vigilan la cerca cámaras que envían las imágenes a las autoridades y varios agentes de la Patrulla Fronteriza observan el tránsito de indocumentados desde sus camionetas, cerca de la valla. Además, otros agentes patrullan la ciudad.

Pero esta seguridad no detiene a los miles de inmigrantes que escalan la cerca, gatean a través de los huecos abiertos o se meten por los túneles que conectan Nogales, Sonora, con la ciudad homónima de Arizona. Normalmente, los inmigrantes buscan algún punto débil de la cerca para abrir un hueco y colarse. Asimismo, los traficantes de personas han instalado puestos de control en los pisos altos de los hoteles y edificios, así como en algunas viviendas. Desde allí, observan cada movimiento de la Patrulla Fronteriza.

En los túneles que conectan México con Arizona, debajo de las calles de las dos Nogales, los inmigrantes arriesgan su vida desde el momento en que descienden al subsuelo. Los peligros incluyen violaciones y asesinatos. Son los mismos túneles que los narcotraficantes usan para pasar la droga a Estados Unidos – la Patrulla Fronteriza ha descubierto en Nogales el mayor número de túneles para el tráfico de drogas – . Quienes ingresan ilegalmente suelen recorrer los túneles principales, en grupos de 10 o 20 personas. Luego gatean hacia la salida, que lleva a las alcantarillas en las calles estadounidenses.

Lo peor que les puede pasar, además de que les pille la Patrulla Fronteriza, es perderse del grupo. En este caso, el inmigrante termina vagando sin rumbo por el desierto, las calles de Nogales u otra ciudad fronteriza. Algunos, incluso, aparecen muertos. Las cifras no dejan lugar a duda de los riesgos de esta travesía: de 1994 a julio de 2009, se contabilizaron 5.607 fallecidos en la frontera sur de Estados Unidos – eso teniendo en cuenta los cuerpos que se han encontrado, ya que muchos inmigrantes desaparecen y nunca más se sabe de ellos – . Las repatriaciones también están a la orden del día en ese punto de la frontera. Sólo por Sonora, el año pasado se registraron casi 205.000.

Deportaciones De enero a marzo de este año, ya se han producido 49.000 deportaciones. Sin embargo, las políticas contra la inmigración indocumentada, como la que ha aprobado recientemente Arizona, no van a detener a los cientos de miles de inmigrantes que cada año cruzan la frontera con Estados Unidos. Y es que las razones por las que emprenden ese viaje son de peso: “Tengo cuatro hijos en Honduras. Allí no hay dinero, no hay trabajo y tengo que darles de comer”, decía esta semana una mujer hondureña capturada en la frontera entre Sonora y Arizona por la Patrulla Fronteriza.

Los impulsores de la reforma migratoria consideran necesario este cambio en las leyes para regularizar la situación de 12 millones de indocumentados que ya viven en el país – 6 millones son mexicanos y casi 2 millones, centroamericanos – y para evitar leyes “racistas y discriminatorias” como la de Arizona. Allí viven 460.000 indocumentados. Pero las consecuencias de la ley SB1070 – la primera en criminalizar la inmigración irregular – podría alcanzar a uno de cada cuatro habitantes del estado, que es de origen hispano. La propuesta presentada por un grupo de senadores demócratas pone como condición para la legalización de los inmigrantes indocumentados un mayor control de la frontera, uno de los temas más espinosos en las relaciones entre Estados Unidos y México, especialmente en los últimos años, debido a la cruenta lucha que mantienen los cárteles de la droga por las rutas de la droga hacia Estados Unidos, y que ha dejado 22.000 muertos en tres años.

La propuesta demócrata incluye más recursos para la Patrulla Fronteriza y el posible despliegue de la Guardia Nacional – fuerza de reserva – en la frontera “cuando sea necesario”. El objetivo es allanar el camino para la legalización de los indocumentados que ya están en Estados Unidos y bloquear la entrada de nuevos inmigrantes irregulares.

Y como inmigrantes y narcotraficantes usan las mismas rutas, ambos temas están inevitablemente ligados cuando se habla de seguridad fronteriza. En esta discusión, la exigencia de México se enfoca en un mayor control sobre las armas que entran a su país por la extensa muga. En este caso, Arizona está de nuevo en el punto de mira, en esta ocasión por tener las leyes más flexibles en cuanto a portación de armas. De hecho, una semana antes de aprobar la ley antiimingrante, la gobernadora Jan Brewer firmó la medida 1108, con la que se elimina la exigencia de que los ciudadanos porten sus armas a la vista y permite la posesión de una pistola o un rifle sin permiso. Una preocupación, esta vez para México, ya que las bandas de criminales, a diferencia de las personas, no conocen de fronteras.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)