Más allá del símbolo religioso
El Periodico, , 09-05-2010La señora Salma Yakoob se ha convertido en figura porque es una musulmana que aspiraba a ganar en unas elecciones en Birmingham (Reino Unido). Su fotografía ha sido difundida por toda la prensa, y también por los diarios más importantes de Catalunya, que es donde he visto su cara.
La foto incluye una información que me ha desconcertado. En unos periódicos se dice que Yakoob lleva hiyab; en otros, se habla del velo, y aún aparece la palabra pañuelo. Ante esa diversidad de interpretaciones de la prenda que la candidata lleva en la cabeza, he pensado en telefonear al iraquí Pius Alibek, el escritor que vive en Barcelona y habla y escribe espléndidamente Arrels nòmades en catalán. Es una persona tan culta como simpática, y le he expuesto mis dudas.
El hiyab es una prenda que cubre el pelo y cae sobre el cuello, y deja la cara descubierta. Le he dicho que no me parecía correcto llamarlo velo. Se ha hecho cargo de mi desconcierto y me ha dado unas explicaciones que son un poco difíciles de entender por las diferencias entre el árabe, el catalán y el castellano. Si no me equivoco, y para resumir, el hecho es que en árabe existen más palabras con diversos matices para designar las variantes de estas prendas. No supe ordenar todo lo que me decía Alibek por teléfono, y quizá sería oportuno que lo explicara en un artículo.
Yo debo limitarme a decir que me sorprende que nuestra prensa hable de la mujer de la foto diciendo que lleva hiyab y, un poco más abajo, que es la mujer «con velo» más influyente de Gran Bretaña.
Un velo es «un trozo de ropa destinado a tapar». Si se trata de una cara, el velo puede ser espeso o de tela delgada, a menudo gasa. Las cristianas de este país monjas o seglares lo han utilizado para difuminar las facciones en ocasiones determinadas; en la iglesia, por ejemplo. Una de las funciones del velo es poder ver sin ser visto.
El hiyab, en cambio, oculta el pelo, pero no el rostro. El pelo se ha considerado, a menudo, un atractivo ligado al sexo. Pero cubrirse la cabeza y mostrar la cara tiene una gran fuerza plástica. Los ojos parecen más grandes. Cuanto más enmarcados, más destacan y más fuerza tienen. Hagan la prueba. Algunas actrices clásicas de la época dorada del cine se ponían un pañuelo en la cabeza para concentrar la seducción en la mirada.
La moda actual masculina de raparse la cabeza produce el mismo efecto: los ojos destacan más.
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