Descolocados por el 'hiyab'

En el 'caso Najwa', una misma postura te convertía en progre o en carca

El Correo, JOSÉ MARÍA ROMERA, 07-05-2010

Lo que prometía ser un vivo debate sobre la interculturalidad, las formas de la convivencia y los límites de la libertad religiosa, ha acabado en una anécdota desgastada que ya no provoca más que bostezos. Ocurrió hace cosa de un mes, unidad de tiempo que en la acelerada escala periodística se equipara al magdaleniense superior. Por aquel entonces Najwa, una chica musulmana de 16 años, decidió ir a su instituto de Pozuelo cubierta con el ‘hiyab’ o velo islámico. Los profesores le invitaron a desprenderse del tocado conforme a lo establecido en el reglamento interno del centro. Como Najwa se negó a hacerlo, fue sancionada con la pena de expulsión temporal.
El hecho traspasó enseguida los muros del instituto y dio pie a toda clase de opiniones. No era, claro, una simple cuestión de indumentaria. Estaba por medio la libertad de los ciudadanos, pero también la limitación del uso de símbolos religiosos en lugares públicos. Unos hablaban de la intolerable imposición masculina del velo en la mujer, otros traían a colación los consentidos uniformes de las monjitas. El consejo escolar del centro defendía su autonomía para dictar normas al respecto, mientras otros lo consideraban un asunto de suficiente envergadura para contemplarlo en una ley de alcance general y ponerlo en manos de las autoridades ministeriales. Ruido no faltó, desde luego. Fue una de esas controversias en las que tanto nos gusta chapotear porque permiten decir cualquier cosa sobre ellas mientras permanecen en un plano digamos que recreativo. Una vez se profundiza, ya es otra cosa.
El caso alcanzó su máxima intensidad cuando la cara de Najwa apareció difuminada en las pantallas. La tele ha creado en la mente de los espectadores un curioso automatismo de respuesta ante las caras pixeladas. Más que un procedimiento para garantizar el anonimato, el pixelado ha acabado siendo un imán para mentes morbosas. Pero después de aquellos espasmos de sensacionalismo lo que se fue difuminado no fue el rostro de la afectada, sino el propio caso. Decayó porque era incómodo. Si salías defendiendo el derecho de vestir como a cada uno le viniera en gana, corrías el riesgo de encontrarte del lado de unos fanáticos fundamentalistas. Si te mostrabas partidario de la prohibición, estabas del lado de otros creyentes que pretenden quedarse con el monopolio de los ritos y las liturgias. De hecho, una misma postura te convertía en progre o en carca según la circunstancia. Y últimamente no hay nada más perturbador que encontrarse descolocado. De modo que el ‘caso Najwa’ se ha cerrado, pero en falso. La mayoría se ha desentendido de él por cansancio o por cautela, perdiendo una buena oportunidad de poner ciertas cosas en claro. Ni siquiera hemos conseguido ponernos de acuerdo sobre cuál es el significado real del ‘hiyab’, algo más que una simple prenda textil de uso femenino.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)