CON MUCHA CARA / «Smallwhite nació por la necesidad de una amiga, que no quería comprar un traje de novia en pequeño» / «Nos espantan los tejidos tiesos» / «No estoy a favor del derroche» / «Lo bonito no tiene por qué ser carísimo» / «No existe mejor publicidad que el boca a boca» / «Hay que reutilizar; tirar después de comprar casi duele» KAVITA PARMAR / DISEÑADORA DE LA FIRMA DE 1ª COMUNIÓN SMALLWHITE
‘Si te pica, no estás guapa, estás tensa
El Mundo, , 04-05-2010MARÍA LUISA TORIBIO
Ella y sus compañeras Carol Blázquez y Belén
Vega son Smallwhite, una marca que ofrece
trajes de Primera Comunión alejados del tópi-
co. Kavita Parmar cuenta qué atavíos propo-
nen ellas para esta ceremonia mientras prepa-
ran su próxima participación en el salón Ma-
drid Novias, en Ifema, que comienza el día 6.
Pregunta.— ¿Cómo se les ocurrió empezar
en esto?
Respuesta.— ¡Fue por una necesidad de Be-
lén! Ella tiene una hija que va a tomar su Pri-
mera Comunión, y necesitaba un vestido. Y di-
jimos: «¿Por qué no hacemos nosotras una co-
lección?».
P.— Y manos a la obra.
R.— Lo fundamental fue definir esa necesi-
dad. Es una madre moderna, una mujer de
ahora, que no quería gastarse 700 euros en un
vestido de novia en pequeño, pero que busca-
ba algo para una situación tradicional. Noso-
tras tuvimos claro que tenía que tener ese al-
ma tradicional en los tejidos, las texturas, los
bordados, pero plasmado en unas formas de
ahora para que la niña se sintiera cómoda y
guapa, no disfrazada.
P.— ¿Son sus diseños equilibrio entre el uni-
forme del colegio y el traje de princesa?
R.— A mí me gusta decir que tienen un es-
píritu especial, porque son para un día espe-
cial, pero además la pequeña se sentirá cómo-
da. Y se van a convertir casi en fondo de arma-
rio. ¡Se lo puede poner otra vez!
P.— Eso de reutilizar el traje de comunión no
está nada de moda.
R.— ¡Pero estamos muy concienciadas con
la ecología, con el reciclaje! Creemos que son
vestidos ideales que, simplemente con cortar-
los, se pueden volver a utilizar. No para bajar
al parque, pero sí para alguna otra ocasión es-
pecial, como una comida familiar. Se lo deci-
mos a las madres cuando dudan entre dos mo-
delos: «Si te llevas éste y luego lo cortas, se lo
vas a poner». Y nos parece fundamental: utili-
zar lo que ya tienes, es vital. Desechar no es un
acto de amor; acto de amor es cuidar algo y
darle una nueva manera de ser. Es necesario
que la sociedad dé valor a esas cosas. Lo vinta-
ge viene de esa necesidad. Tirar después de
comprar casi duele.
P.— ¿Qué no llevará jamás un diseño Sma-
llwhite?
R.— Estamos usando elementos que puede
llevar cualquier vestido merengue, como el tul
o el encaje, pero es cómo lo usamos, el conjun-
to, lo que hace que sea totalmente distinto. Eso
sí, ¡nos espantan los tejidos tiesos! Tienen que
ser de tacto agradable, y en la medida de lo po-
sible, naturales. Si te pica o está tieso no estás
guapa, estás tensa.
P.— ¿Es difícil hacer cambiar el chip al públi-
co para que olvide guantes y enaguas hasta el
suelo?
R.— ¡Es que hay un hueco gigante en el
mercado! No hemos cambiado nada, sólo he-
mos dado respuesta a una pregunta que ya
existía: «¿Dónde compro un vestido diferen-
te?». No tenemos que convencer a nadie, ha si-
do al revés. No hay mejor publicidad que el bo-
ca a boca.
P.— El precio, que no es excesivo, ayuda.
R.— Estamos viviendo en un mundo en que
hay que cuestionar todo lo que sea exceso.
Hay que plantearse lo de gastarse 600 euros en
un vestido que la niña va a usar un día. Nunca
renunciaremos a la calidad, pero se podía bus-
car una solución no tan trabajada. La ropa si-
gue siendo primorosa, pero el precio no te as-
fixia. Lo bonito no tiene por qué ser carísimo.
Estamos trabajando unas calidades maravillo-
sas para un producto maravilloso, y el precio
es razonable. Es lo que debería ser. Es lo justo.
P.— El gasto no se limita al vestir: listas de
regalos de Primera Comunión, el vídeo, el ban-
quete. ¿Nos hemos vuelto locos?
R.— A mí no me parece nada mal marcar
un día especial, pero se puede celebrar de mu-
chas maneras; tenemos los medios para hacer-
lo nosotros mismos. El padre o el abuelo o
quien sea pueden hacer las fotos; una amiga,
una comida bonita. Estoy a favor de la gran
fiesta y de pasarlo bien, pero no del derroche.
El dinero no es la manera de medir lo bonitas
y especiales que son las cosas, es hacerlo tú
mismo con amor y con tiempo.
P.— Toda esa parafernalia, ¿es un contrasen-
tido en una celebración espiritual?
R.— Lo primero que enseña cualquier reli-
gión es a ser humilde.
P.— ¿Es peor, en lo que se refiere al atavío,
en el caso de las chicas?
R.— No soy feminista, pero creo que hay un
punto de llamarnos desde niñas a ser más gua-
pas, es más importante cómo se nos percibe
desde fuera que quiénes somos como persona.
Son pequeñas señales. No se empeñan tanto
con los chicos; en la niña es exagerado.
P.— ¿Dónde está la línea que separa el buen
gusto del exceso?
R.— Cuando te miras al espejo y al quitar al-
Origen. India, 1972. Nació en
Kapurthala, «que es muy famosa aquí
porque su maharaní, Anita, era
española».
Currículo. Viene de familia dedicada al
negocio textil. Ha sido diseñadora
freelance y ha vivido en medio mundo:
Nueva York, San Francisco, Londres,
Madrid «por amor ». Además de
participar en Smallwhite, es la directora
creativa de Raasta y Suzie Wong.
Aficiones. «Cocinar y pasear ».
Debilidades. «Mis hijos, sin duda. Y el
chocolate 70% ó 80%; no puedo con el
chocolate con leche».
Virtudes. «Paciencia con los demás».
RETRATO
«Lo primero que enseña
cualquier religión es a ser
humilde. El dinero no es la
manera de medir las cosas»
Kavita Parmar posa rodeada de los vestidos de Comunión de Smallwhite. / SERGI O ENRÍ QUEZ
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