crónica

Tolerancia con el velo islámico

La Voz de Galicia, X. V. G., 03-05-2010

Incluso el personal de seguridad de los aeropuertos puede utilizar el tocado tan cuestionado en otros países de la UE

Incluso el personal de seguridad de los aeropuertos puede utilizar el tocado tan cuestionado en otros países de la UE

Tras un vuelo de hora y media desde Alvedro hasta el aeropuerto londinense de Heathrow, los pasajeros deben pasar por un control de pasaportes situado en una enorme sala de moqueta azul.

Para los primerizos en Gran Bretaña, la visión es una sorpresa. En las colas para ciudadanos de fuera de la Unión Europea hay familias completas de judíos ortodoxos con sus ropas y peinados tradicionales, saudíes en chilaba con sus mujeres tapadas hasta las cejas, chicas hindúes con saris multicolores… y muchos días se escuchan admiraciones al ver al personal de seguridad. Es fácil que te lea el pasaporte un sij con barba y turbante o una joven musulmana con «¡velo, mira lleva velo!», como exclamaban el pasado jueves unas turistas gallegas en la cola.

En el Reino Unido el respeto a la libertad individual es casi religioso y, aunque algunas encuestas dicen que un 40% de la población no la vería con malos ojos, la ley belga que proscribe el burka en la calle ha sido objeto de críticas muy duras en la prensa. En un país donde es fácil encontrarse a conductores de autobús con pendientes, pírsines y tatuajes, pocas dudas despierta el velo islámico y una polémica como la de Najwa parece imposible.

Las salidas de los colegios londinenses son un buen lugar para comprobarlo. A los centros acuden a diario cientos de jóvenes musulmanas vestidas con los tradicionales uniformes escolares y con velo. Para algunas, que lo llevan mientras pasean por la calle con faldas por encima de la rodilla, parece más un adorno que una obligación religiosa.

Para rematar el choque multicultural de las colas de Heathrow nada mejor que darse un paseo por los barrios de Spitalfields y Whitechapel, justo al este de la City. Jack el Destripador los hizo famosos hace más de cien años con sus crímenes, pero hoy son barrios de moda con miles de inmigrantes.

Hay tanta gente de Bangladés que muchos llaman a la zona «Banglatown». Sus calles son un desfile de ropa tradicional de Oriente Medio, la India y el sureste asiático, las tiendas tienen letreros en idiomas incomprensibles y es complicado encontrarse a un inglés. Los fines de semana se celebran mercadillos con productos de medio mundo. Todo un ejemplo de diversidad en una ciudad en la que dos de sus siete millones de habitantes son extranjeros.

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