HANNAH COLLINS, ARTISTA Y CINEASTA

"Los ingleses nunca prohibiríamos el burka"

La Vanguardia, , 01-05-2010

X. Mas de Xaxàs
Hannah Collins siempre ha sentido curiosidad por los desplazados del centro social, personas condenadas a ser los otros y vivir en espacios que imitan el futuro sin borrar las huellas de su origen. Trabaja entre Londres y Barcelona, y de su larga experiencia documentando la vida cotidiana y la memoria de esta gente concluye que el Reino Unido pasa con nota el examen de la inmigración. La clave, a su juicio, no está tanto en abordar la integración como la convivencia. “A los ingleses, por ejemplo, nunca se nos ocurría prohibir el burka. Cuando voy al médico de la seguridad social en Londres los carteles y las instrucciones están en varios idiomas. En el mismo Londres hay escuelas bengalíes donde no se habla nada de inglés. No es nada infrecuente toparte con personas que trabajan sin saber inglés”. Encontrar un trabajo antes de aprender el idioma, permitir la educación en la lengua que sea, respetar códigos culturales y religiosos son, a su juicio, elementos que permiten al Reino Unido haber solucionado “muy bien” el problema de la inmigración. “Esto no quiere decir que no haya racismo. Claro que lo hay. Pero también hay una estructura muy clara para garantizar la convivencia de las distintas comunidades. No hay otra vía. La inmigración, a la que los ingleses estamos acostumbrados desde los años 50, con el desmantelamiento del colonialismo, puede producir una gran presión, claustrofobia, incluso. De ahí que sea tan importante mantener el diálogo y el respeto”.

Los problemas de los más desfavorecidos van a agravarse con los recortes sociales que exige la crisis económica, pero Collins considera que hay cierto margen: “las prestaciones han crecido mucho en los últimos diez años. Se nota en la educación (salvo que vivas en el barrio obrero de una ciudad norteña) y en la sanidad. Hasta la píldora anti conceptiva es gratis”.

Estas mejoras no han conseguido mantener la confianza de la sociedad en la clase política. La corrupción tiene la culpa, fruto, según Collins, de un bipartidismo que ha blindado muchos cargos durante demasiados años. “Sólo Clegg podría cambiar esta dinámica, pero es un político pequeño que, a pesar de su reciente popularidad, ocupa un espacio reducido. Falta un líder realmente renovador, un outsider para una nueva era, alguien que, por desgracia, no vamos a tener en estas elecciones”.

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