Problemas a la vuelta de la esquina

El Correo, TERESA ABAJO, 29-04-2010

El artículo 16 de la ordenanza de espacios públicos de Bilbao acapara el debate entre los partidos políticos de cara al próximo pleno, en el que se debatirán sus alegaciones. A las prostitutas de las que habla, sin embargo, les preocupan más otros papeles que los que hablan de «prácticas sexuales incívicas». La mayoría de las que ejercen la profesión en la ciudad son inmigrantes en situación irregular y, por tanto, con dificultades añadidas para salir del círculo y dedicarse a otro tipo de trabajo. El centro de acogida de Askabide, situado en la calle Amparo, atendió el año pasado a más de 200, sin contar las mujeres – al menos otro centenar – que van a buscar a clubes y pisos para ofrecerles su apoyo.

La asociación también se ha mostrado crítica con la ordenanza. «Los vecinos tienen derecho a quejarse y es cierto que hay conductas incívicas, pero la respuesta no puede ser poner multas a las mujeres que están en la calle», afirma la coordinadora, Marian Arias. Las sanciones, de hasta 3.000 euros, «les preocupan, pero todavía no sabemos cómo se van aplicar. Además, tienen otras necesidades más básicas. Necesitan papeles, legalizar su situación, una vivienda…».

Su perfil ha cambiado mucho desde que la asociación inició su andadura. De las mujeres que hacían la calle en Cortes y estaban «arraigadas en el barrio, con una red social y familiar», se ha pasado a un 88% de inmigrantes, «generalmente latinoamericanas y jóvenes, en situación irregular», describe el concejal de Acción Social, Ricardo Barkala. El área que dirige aportó el año pasado 74.692 euros a Askabide, a cuyo centro de día se acercaron 315 personas. Entre ellas había 43 familiares, hijos o parejas de prostitutas y 56 mujeres que ya han dejado la profesión.

«Hay muchos pisos»

Las que ejercen en la calle son las menos, y también «las más desprotegidas». 49 frente a las 54 que trabajan en pisos – «hasta hace poco no había, pero ahora hay un montón dispersas por la ciudad», detalla Marian Arias – y las 113 que están en clubes. Son jóvenes, muchas tienen familia a la que mandar dinero, y eso se nota en sus demandas. Cada vez es más habitual acompañarlas a centros de formación y búsqueda de empleo. «Hay mujeres que tienen un nivel de formación más alto de lo que veíamos antes», explican. La falta de papeles no es obstáculo para hacer cursos, pero sí para trabajar fuera de la economía sumergida. «La mayoría de la gente que empieza en esto no se lo plantea a largo plazo. Todo el mundo piensa que va a salir, pero cuesta más de lo que parece».

Por el centro de acogida han pasado un centenar de brasileñas. También hay un grupo importante de colombianas y 25 nigerianas a las que la asociación acompaña por las noches en un local de la calle Cortes. Otras veces van a buscarlas. El año pasado entraron en 17 clubes y 60 pisos de Bilbao para informarles de sus derechos, en ocasiones algo tan básico como la tarjeta sanitaria. Al principio «algunos compañeros se hacían pasar por clientes» para conseguir las direcciones y llegar hasta ellas.

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