AGRESIÓN | Un joven apalea a otro en memoria de Palomino

Nazis versus antifascistas: la violencia en el metro revive 3 años después

* Los dos jóvenes niegan que la agresión fuera por motivos ideológicos * Ambos se conocían y se veían prácticamente a diario en el metro * El agresor aseguró que se 'mofó de un amigo muerto -Carlos Palomino-'

El Mundo, Esther Mucientes , 28-04-2010

11 de noviembre de 2007, el vagón del metro para en la madrileña estación de Legazpi. En él va montado Carlos Palomino, un joven de 16 años, que acudía junto a un grupo de antifascistas a reventar una manifestación de ultraderecha en Usera. Pero a Carlos no le dio tiempo a llegar.

En su camino se cruzó Josué Estébanez de las Heras, un soldado profesional de 23 años que acudía a apoyar la manifestación y que tras un breve cruce de palabras con Carlos le asestó una puñalada mortal en el corazón. [Vea el vídeo del asesinato]

En aquel momento Palomino se convirtió en el símbolo de un movimiento, de una ideología y de un enfrentamiento que en los últimos años ha vivido su mayor violencia: ultraderecha contra antisistema.

12 de marzo de 2010, de nuevo el escenario un vagón de metro y de nuevo la misma línea 3 del suburbano. Los protagonistas, como si de un bucle en el tiempo se tratara, otra vez un antifascista y un nazi, pero esta vez los papeles se intercambian y el agredido es Aitor Hernández, un joven de 18 años, de ideas neonazis, y el agresor Raúl Bravo, de 19 años y de ideología antifascista. [Vea la brutal agresión]

Aunque por suerte nadie tuvo que llorar a un muerto, la historia se volvía a repetir bajo el nombre de Carlos Palomino. Así se desprende de las investigaciones, que han revelado que Bravo propinó sin pestañear una paliza brutal a su enemigo porque le conocía de las manifestaciones de apoyó al militar que mató a Palomino.

De hecho las agresiones, peleas y palizas han rodeado en innumerables ocasiones la muerte de Carlos Palomino. Las manifestaciones en su nombre han acabado en varias ocasiones en agresiones de neonazis a antifascistas, mientras que las protestas de ultraderecha han estado acompañadas en su mayoría por intentos para reventarlas de los antifascistas.

“Se mofó de un amigo muerto (…) No es más que “un hijo puta amigo del que mató a Palomino”, alegó en el momento de su detención.

La agresión, como han mostrado las cámaras de seguridad del Metro de Madrid, es brutal, y como en la que acabó con la vida de Palomino, el odio y la violencia volvieron a ser sus protagonistas. Patadas y puñetazos que se han saldado con 10 días de prisión y dos semanas de baja. En el caso Palomino, Josué terminó condenado a 26 años de prisión y Palomino en un recuerdo. Lea la sentencia de la Audiencia Provincial]

Neonazis y antifascistas, una animadversión que ha pasado de la rivalidad ideológica a la muerte y la violencia ‘in extremis’. De hecho, los dos protagonistas de la agresión del 12 de marzo se conocían de foros de páginas web radicales de ideologías opuestas y de redes sociales, se veían casi todos los días en el metro, ambos cogían la misma línea, y habían organizado alguna quedada para solucionar sus rencillas a golpes.

Públicamente ambos reniegan de su ideología. Aitor negó en su denuncia pertenecer a algún grupo político o ideológico, mientras que Raúl, aunque algunos aseguran que se identificó como antifascista, a la hora de la verdad tampoco se ha declarado como tal. Los dos parecen querer ocultar el por qué de tan brutal enfrentamiento.

Sin embargo, no parece que esto sea algo nuevo. Según ha denunciado Movimiento contra la Intolerancia se han producido enfrentamientos masivos en Madrid y otras localidades entre jóvenes de ideología ultraderechista y antifascista que se habían citado previamente por Internet. Hace tres años la víctima fue un antisistema, ayer un neonazi, y ¿mañana?

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