Desvelos islámicos

El País, , 26-04-2010

DICE el señor Sanz que el hiyab (uno de los numerosos velos islámicos que existen) es un agravio, supongo que para la mujer que lo lleve. No me constan declaraciones parecidas en torno a las cofias de las religiosas cristianas y mucho me temo que el sentido de sus declaraciones sería totalmente opuesto.

Por otro lado, tampoco he oído a nadie de la derecha española preguntarle a las musulmanas por qué quieren llevar el hiyab. Eso sí, basta ver un poco la tele, escuchar ciertas radios y sobre todo poner un poco la orejilla en los bares para darnos cuenta de dos cosas. Primero, que la ignorancia y el desconocimiento sobre el Islam es supino y que, por ello, se repiten hasta la saciedad los típicos tópicos emanados del odio y el rechazo que en estas tierras se le tiene a lo árabe y a lo musulmán en general, después de siglos de infamia, manipulación y tergiversación.

La segunda es que toda esta gente que se ve con autoridad moral para decidir qué está bien y qué está mal para las mujeres musulmanas miran a otro lado cuando les hablas de las monjas de clausura, tan cristianas y españolas todas ellas, u otro tipo de atropellos contra la dignidad de las mujeres en general, como son las decenas de mujeres asesinadas a manos de sus parejas, la mayoría españoles y bautizados.

Y es que se utiliza canalla e insidiosamente la cuestión puntual de no sé qué instituto para crear un estado de opinión contrario a todo lo que sea musulmán. La derecha más cristiana, aquí representada por UPN y PPN, abogan por la autonomía de los centros y rechazan otras propuestas de regular desde el estado este tipo de cuestiones religiosas. A esta derecha lo que le preocupa es que se regule de igual modo para todo, de tal manera que tanto las jóvenes musulmanas como las entrañables monjitas quedarían en un mismo plano ante la ley. No hay que ser muy listo para saber que para esta gente de bien no es lo mismo una mujer religiosa cristiana que una musulmana. La cristiana se tapa por devoción y la musulmana por imposición (sic). Y así dejaríamos de ver en los pasillos de los hospitales públicos a las adorables monjitas que vienen a rezar por tu alma aunque tú no les hayas llamado. También tendrían problemas en los centros religiosos concertados y se les acabaría el chorro de dinero que reciben.

Además sorprende, al menos a mí, que los mismos argumentos que se esgrimen para prohibir (verbo de derechas por excelencia) el hiyab, criticando la supuesta sumisión de las musulmanas ante la figura masculina más cercana, no se utilicen contra las cofias y hábitos cristianos, los tacones y demás ropa femenina tan liberadores y recomendables para la salud. Las musulmanas se ponen el velo por respeto hacia su religión y las monjas por estar casadas con Dios.

El ejemplo más absurdo de todo esto es la invasión de Afganistán, supuestamente orquestada por el occidente democrático contra la tiranía de los talibán que son tan terroríficos ahora como cuando Europa y Estados Unidos los armaron hasta los dientes y que obligan a sus mujeres a llevar el burka. Una vez liberada Afganistán y puesto un gobierno títere, se sigue obligando a las mismas mujeres a vestir semejante esperpento. Cualquiera que se haya asomado alguna vez a una web musulmana o haya tenido la delicadeza de preguntarle a su vecino musulmán qué opina, sabrá que los musulmanes en Europa han venido condenando desde siempre a los talibán, el burka y otras prácticas funestas y machistas que nada tienen que ver ni con la jurisprudencia ni la cultura y mucho menos con la práctica islámica.

Todavía hay energúmenos que siguen esperando otro Santiago matamoros y cierra España.

Juan Vélez

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