Día del libro
Diario Sur, , 26-04-2010Estaba pensando hablar del velo – hiyab – de las niñas musulmanas y sus problemas para estar escolarizadas, pero he concluido que el tema no da para mucho. Pienso que los españoles somos bastante murmuradores pero no creo que seamos intolerantes por lo que mientras se observen unas mínimas normas de convivencia, no tendría por qué haber ningún problema. Es un tema que tiene muchas aristas pero me ha dado por pensar si yo toleraría mejor a una niña con su hiyab que a esas otras niñas, o niños, nacionales, llenos de piercings o con los pelos engominados de formas confusas cuya actitud va pidiendo guerra y cuyas clases hacen casi insoportables. Más claro no lo puedo decir, así que no nos distraigamos que la multiculturalidad es un hecho en nuestros días, afortunadamente. Son signos de identidad de unos y otros sobre los que podemos tener nuestra opinión pero que a mí no me ofenden ni me llevan a una polémica sesgada. Recibimos a jefes y jefas de estado con su atuendo y no se nos ocurre rechazarlos. Nosotros no, aunque no estoy segura de que en los países islámicos hicieran lo mismo porque ya sabemos de su totalitarismo, de la sumisión de las mujeres, de la intolerancia de la religión, que lo impregna todo en sus vidas. Mi opinión por tanto va en ese sentido, aunque si yo fuera a esos países quizá me pondría su velo por deferencia y respeto. Pero estoy en mi país y yo decido, y mi país es deferente y tiene unos principios provenientes de una cultura abierta.
Y yo decía que no daba para mucho y no, pero es que yo quería hacer alguna alusión al Día del Libro. Tenemos miedo de que el libro desaparezca con la invasión de las nuevas tecnologías, pero he llegado a la conclusión de que el libro no desaparecerá nunca. Todo tiene su espacio, todo llega a su cauce en su momento y lo comprenderemos cuando baje la marea. Sin embargo, sí me gustaría llamar la atención sobre la elección de la calidad antes que la cantidad, sobre que tenemos que educar a la sociedad en una opinión que opte por lo que aporta. Los buenos libros como los buenos escritores no pasarán nunca y es un aviso tanto para los lectores como para los editores. A mí me da una pena indescifrable ver en las grandes superficies, esos cajones de sastre llenos de libros olvidados y autores que por haberlos escrito se debieron sentir satisfechos con haber cumplido esos tres retos de la vida que no sé quien inventó: Plantar un árbol y tal. No, yo no tengo hijos y no me tengo por incompleta. Y no quiero que mis libros sean sangre a tiras en las máquinas trituradoras, en ese caso preferiría que los quemaran en la hoguera de la insensatez.
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