Cada colegio valenciano debe decidir si deja llevar el velo islámico

Las Provincias, J. BATISTA/M. AMORÓS | VALENCIA., 25-04-2010

Era el primer día de curso para Meriam y también la primera vez que aquella niña marroquí, entonces de 11 años, acudía a la escuela en España. Los compañeros la señalaban con el dedo porque llevaba el hiyab, el velo islámico. Fue ella misma la que decidió ponérselo. Sin imposiciones. Ahora Meriam tiene 24 años, estudia Trabajo Social en la Universitat y no ha dejado ni un momento de colocarse el pañuelo. Para ella, «además de un derecho, es un sentimiento entre Alá y yo».

Meriam no tuvo los problemas que se ha encontrado Najwa Malha, la alumna del colegio Camilo José Cela de Pozuelo de Alarcón, en Madrid, apartada de las clases por lucir el velo. Su caso ha vuelto a poner de actualidad un debate recurrente. Incluso ha rescatado del olvido la futura ley de Libertad Religiosa, que pese a todo, no entrará a regular el hiyab. ¿Debe permitirse el velo en los colegios o es contraproducente? Opiniones hay para todos los gustos. Desde asociaciones y sindicatos que defienden la laicidad en las escuelas hasta la defensa a ultranza que realiza la comunidad islámica de lo que ellos consideran un signo de fe, sin connotaciones machistas.

En los colegios valencianos no se ha producido ninguna situación parecida. Lo dice la Conselleria de Educación y el principal sindicato de profesores, el STEPV. Tampoco en Alicante ha habido incidentes, a pesar de que se calcula que asisten a clase en los institutos de secundaria más de un millar de alumnas de países de religión musulmana.

Eso sí, igual que sucede en Madrid, son los centros los que tienen la última palabra sobre la indumentaria de los alumnos. Es decir, el consejo escolar elabora el reglamento interno de convivencia, donde se pueden regular aspectos tan variados como la estética o el uso del móvil. El único requisito es que no contradiga el decreto de derechos y deberes del alumnado y el profesorado. Por ejemplo, establece que no se puede discriminar «a ningún miembro de la comunidad educativa por razón de nacimiento, raza, sexo».

Velo e indumentaria

La decisión sobre el velo se asocia a la indumentaria, extremo que no agrada a los representantes de las comunidades islámicas valencianas. «No es comparable a la gorra», señala Amparo Sánchez, presidenta del Centro Cultural Islámico. «El velo forma parte de mi práctica religiosa», continúa. Con ella coincide Abdelaziz Hammaoui, vicepresidente del Consejo Islámico de la Comunitat. «Un reglamento interno no puede contradecir la legislación española», señala. «Tras años de trabajar en la sensibilización, parece que aún no se asumen bien otras opciones culturales», sentencia.

Desde Fapa Valencia, su presidenta María José Navarro aboga por la neutralidad en los espacios públicos, aunque considera necesario abrir un debate al respecto en la comunidad educativa, implicando también a los alumnos.

Miguel Ángel Cerdán, presidente de Enseñanza del sindicato CSI·F, apunta que su colectivo suscribe la decisión del colegio madrileño. «Las normas están para cumplirse y los centros tienen potestad para dictar normas sobre la vestimenta de los alumnos», sentencia.

Por su parte, la portavoz de la Asociación de Directores de Institutos en Alicante, Laura Oliva, señaló que «el conflicto tiene que ver con las connotaciones que conlleva la integración de la religión musulmana en un ámbito laico como son las aulas. No es una mera cuestión de vestir». De momento, en la mayoría de colegios se prohíbe usar pantalones que enseñen calzoncillos o bragas. Y, claro, la comunidad musulmana entiende que no es lo mismo, que lo suyo tiene que ver con la libertad religiosa.

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