¿Bye, Bye, Bélgica?

ABC, 24-04-2010

Aparentemente, Bélgica existe todavía. ¿Hasta cuándo?

Los mejores especialistas francófonos tienen ciertas dudas: «¿Tiene sentido seguir defendiendo un país donde no existen hombres, mujeres o sistemas capaces de construir un compromiso mínimo, indispensable para la continuidad de Bélgica» (Le Soir). «Bye, bye, Bélgica» (La Derni_re Heure). “Un pedacito de Bélgica pone al país al borde de la implosión” (Le Monde).

Los estudiantes flamencos suelen resumir un punto de vista muy generalizado entre otros especialistas: «Belië barst…!", "¡Que se j… Bélgica…!».

¿De donde vienen odios tan acendrados, desde la fundación/independencia de Bélgica (1830)? Del enfrentamiento e incomprensión lingüística y cultural entre valones y flamencos, que, hoy como ayer, cristaliza en la circunscripción electoral Bruselas – Halle – Vilvoorde.

La implosión o evaporación de Bélgica no afectaría significativamente a la seguridad europea, ni la restauración (¿?) de su Estado cambiará nada al estado de postración económica continental. Sin embargo, el microcosmos belga sí es un revelador pavoroso de otras crisis superpuestas en Europa.

Bélgica no tiene el monopolio de los odios y arraigados conflictos nacionalistas y culturales. Véase los Balcanes, Irlanda, Escocia, o España. El caso belga tiene matices quizá peculiares: las llamaradas nacionalistas (flamencas) pueden tener flecos racistas y xenófobos, complicados con la inmigración y los conflictos generalizados entre musulmanes y no musulmanes.

De ahí que el modelo belga sea altamente revelador. No está nada claro qué puede hacer la UE para evitar la implosión de un Estado miembro. Creo, por el contrario, que está luminosamente claro cómo los conflictos político – culturales belgas nos enseñan o debieran enseñarnos hasta qué abismos conduce ese tipo de gangrena.

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