desde la corte

Entre la libertad y el abuso

La Voz de Galicia, Fernando Onega, 23-04-2010

Un hecho puntual hizo saltar la vieja discusión de los símbolos religiosos: el caso de una chica musulmana a la que prohibieron asistir a clase con el velo islámico en un instituto de Madrid. El episodio ha dejado al descubierto una carencia: la falta de un texto legal que regule el uso de esas prendas en la escuela, porque no hay más referencias que las genéricas de las leyes de Libertad Religiosa y Educación. Amparados en esta última, centros y consejos escolares efectúan su propia regulación. Así ocurre que al lado de un instituto que prohíbe asistir a clase con la cabeza cubierta, puede haber otro que lo permite con toda libertad.

No hay que crear alarma: en España se han producido tres casos de conflicto, cifra insignificante para un país con 125.000 escolares musulmanes. Pero hay que contar con un fenómeno como el de Pozuelo: un padre que sabe perfectamente que en ese instituto se prohíbe el velo y, sin embargo, matricula allí a su hija. A partir de hechos así, comienza lo de siempre: exigencia de derechos cívicos y respuesta social que exige al inmigrante que adopte las costumbres del país y deje para su intimidad sus propias tradiciones estéticas, culturales y religiosas. El debate está abierto con más atención popular que algún estatuto de autonomía.

Y no hay solución sencilla. Se enfrentan la libertad de la persona para usar sus símbolos y la libertad de los demás para admitirlos. Existe una importante corriente laicista, que no entiende la exhibición de distintivos religiosos. En sentido contrario, a nuestra poderosa raíz cristiana le cuesta aceptar que se vayan a retirar crucifijos de las aulas, mientras se permiten manifestaciones externas de otras religiones. Están en juego valores como la tolerancia y el respeto a otras creencias y estilos de vida. Y es muy discutible que se pueda vetar el derecho a la educación de alguien por razón de su vestuario. Esos son los ingredientes de un asunto que cualquier día se puede plantear con un tono más radical.

Matizo: se está planteando. Ya se habla de «la guerra del velo», en ese lenguaje periodístico que tiende a dramatizarlo todo. Ya se compara el velo con el crucifijo. Y ya salen las diferencias enfermizas entre autonomías: unas hacen prevalecer el derecho a la educación sobre el vestuario, y otras respaldan la no admisión de las alumnas con velo. Y todo ello encierra un virus peligroso que se puede estar incubando: ¿quién nos asegura que lucir los símbolos musulmanes no encierran a veces una identificación ideológica y una militancia más política que religiosa? ¿Y quién puede asegurar, por el contrario, que el rechazo no esconde un estado de opinión de fondo racista? Yo no lo puedo descartar.

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