Religiones vs progreso
Diario Sur, , 22-04-2010¿Quién pudo imaginar, entre aquellos sabios del ‘Siglo de las luces’, por no decir de los padres helénicos del pensamiento liberador de Occidente, que llegado el último cuarto del siglo XX y primer tercio del XXI el gran problema de la Humanidad sería el fanatismo religioso de las distintas interpretaciones de la trascendencia humana en un supuesto espacio paradisiaco ‘sin mezcla de mal alguno’?
Incluso quedan milagrosamente algunos genios del saber con perfiles de la máxima ironía y la más rica y variada visión surrealista de la vida cotidiana que insisten en no entregarse y resistir a la espera de una prodigiosa e inesperada lucidez de la humanidad futura. Es una forma de resignarse, entre otras. En México se encuentra el prodigio, entre otros espacios remotos del planeta, algo lógico si contemplamos todo el variado panorama de la violencia del país azteca y la imaginación desbordada de sus artistas, con escritores y poetas como José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis, compadres en el saber, el escribir y el vivir del gran Gabriel García Márquez.
Volvamos a la muy variada violencia de las interpretaciones del más allá (creencias religiosas) que en el forcejeo por ganar clientela propia y ejercer influencia post mórtem prometen paisajes idílicos y eternos junto con placeres terrenales sin fin ni agotamientos. Musulmanes santones prometiendo a sus ‘feligreses’ cuatro huríes de edades adolescentes para los que mueran en combate, o aquellos orientales de la extrema lejanía, y también pequeñas congregaciones de devotos terráqueos convencidos ofreciendo (¿) igualmente un pretendido estado de cosas «sin mezcla de mal alguno».
Quizá estemos ante el mayor de los fracasos de la especie humana: la promesa de una vida sobrenatural llena de bienes, placeres y satisfacciones de todo tipo. Entre nosotros, tenemos el caso del colegio Camilo José Cela, en el que prohibieron a la joven musulmana Najwa Malha el uso del ‘hiyab’, para que en los días sucesivos otras alumnas árabes del centro se personaran en el colegio con sus velos. La gran paradoja der la cuestión se encuentra en Turquía, permanente aspirante a integrarse en la Unión Europea, con una población del 99,8% a la que a su parte femenina funcionarial se le prohíbe el ‘hiyab’ de cara al público.
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