La calle donde vive la familia Malha concentra la mayor parte de la comunidad musulmana de Pozuelo
«Najwa no podía jugar con chicos»
La Razón, , 22-04-2010Los amigos de la joven musulmana aseguran que, desde pequeña, temía las «regañinas» de su padre. Ayer un grupo de chicas se acercaron hasta su casa y hablaron con ella a través de la ventana
MADRID – Adentrarse en el número trece de la calle Calvario es adentrarse en el mundo del Islam. Decenas de portales rodean un gran patio central donde Nawja jugaba de pequeña con sus amigos del barrio. Llevan toda la vida ahí. La familia Malha vive en un bajo del portal seis, desde donde ayer, la chica de 16 años que ha reabierto el debate sobre el derecho a llevar velo islámico en los centros educativos, habló con un grupo de amigas que se acercó a verla. Charlaron desde la ventana, apenas tres minutos y ella escondida tras las cortinas del salón de su casa «porque no quiere salir por la tele» explicaban las chicas, también esquivas con la Prensa. «Está con depresión» desde hace tres días, según su padre, y no sale de casa. Tampoco contestaba nadie al telefonillo automático.
En el patio suelen jugar los chavales del vecindario (no a la pelota, ya que un cartel lo prohíbe). Najwa lo hacía cuando era más pequeña pero, «desde que fue mujer» su padre no le dejaba jugar con los chicos. «Aún así ella bajaba por las tardes, cuando su padre estaba trabajando», aseguran unos vecinos suyos, aunque cuando se acercaba la hora de cierre del Centro Islámico –en el número siete de la misma calle–, donde su progenitor ejerce de presidente, decía que tenía que irse por temor a que la regañaran. «Como llegue mi padre y me vea aquí me mata», decía Najwa, según estos chicos. Y es que dentro de su timidez, Najwa siempre ha sido una chica «muy normal» y bastante integrada en la cultura occidental. «Es que ella es española», apuntaba un chico, «sólo que tiene una religión diferente». Una religión con unos preceptos muy claros y rígidos, sobre todo con la mujer, que Najwa había decidido seguir a raja tabla. «Es un acto de sumisión a Dios que he meditado mucho», dijo la chica. Aunque muchos piensan que detrás de esta «libre decisión» está su progenitor, al que todos conocen en el barrio por ser «un hombre muy religioso».
En apenas unos minutos, sólo mujeres cubiertas con «hiyab» entran y salen de los portales. La mayoría no trabajan fuera de casa. «También hay españoles pero la verdad es que muchos son marroquíes y practican el Islam», comenta un vecino de la calle. Y es que, el número trece de la vía vive la mayor parte de la comunidad musulmana afincada en Pozuelo de Alarcón. «Es una especie de barrio musulmán, pero son buena gente. No tienen problemas con nadie», explica un cliente del bar de al lado. Es la parte «vieja» de Pozuelo. Muy cerca del Ayuntamiento, donde los pisos han bajado bastante de precio, sobre todo, comparado con las nuevas urbanizaciones y chalés de lujo de la localidad. «Hace como unos diez años que empezaron a venir los primeros y ya sabes como va esto, se corre la voz y, todos los que llegan aquí ya vienen a esta calle», explicaban en el bar.
En la misma calle, justo enfrente de las escaleras que bajan al Centro Cultural Islámico, hay un establecimiento de comida musulmana, donde se puede encontrar de todo menos, obviamente, cerdo y alcohol.
Hasnaa, de 28 años, acaba de comprar aquí. También vive en el número trece de Calvario. «Hay que respetar las culturas», dice sin pararse a hablar demasiado. «No es lo más importante del Islam, pero es una forma de decirle a todos que estamos orgullosas de ser musulmanas. No hacemos daño a nadie».
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