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Rasgar el velo
La Voz de Galicia, 22-04-2010Sí, rasguemos los velos de nuestra hipocresía, nuestros prejuicios y anatemas. ¿Quién provoca a quién? Todo se aprovecha para crear un falso debate, una irreal confrontación en la que no se perdonan adjetivos ni provocaciones mutuas. La guinda o el corolario lógico es la libertad religiosa. Ahí, la clarividente progresía que quiere iluminarnos en nuestros oscuros razonamientos, nos dice que es libertad, libertad religiosa. Esa que tanto blasona y quiere legislar nuevamente el Gobierno socialista, paladín de una base social huérfana últimamente de ideas. ¿Atenta el hiyab contra la dignidad de una mujer musulmana?, ¿debe regularlo el Estado o la Administración competente? ¿Alguien se siente discriminado por su utilización o no utilización?, ¿dónde está el derecho de unos y el derecho de los otros?
Nuestras sociedades se han enriquecido con otras culturas, otras costumbres, pero ¿se puede hablar de integración? Algo queda claro: es fácil frivolizar con todo esto. En las atalayas de nuestra soberbia poco o nada hacemos por la integración, pero no es menos cierto que poco o nada hacen también los inmigrantes por la integración sin perder las identidades y señas propias. Integrar no es asimilarse: es compartir, respetar, convivir, tolerar al prójimo, al diferente en sus convicciones. Es cuestión de principios, de dignidad, de ética, de valores humanos por encima de credos, etnias y costumbres.
Ahora nos llega la cuadratura del círculo. El crucifijo molesta en las escuelas, al menos en las públicas. Si el hiyab tuviera connotaciones religiosas no debería tolerarse; si no las tiene, que no las tiene, ¿por qué no ha de tolerarse entonces? Si es costumbre en la vestimenta de la mujer musulmana que libremente lo quiere portar, ¿debemos prohibírselo en los centros educativos?
A algunos les gusta pescar en río revuelto. No es este un problema solo nuestro. Francia, el país vecino, quiere ir más allá, prohibir por ley el burka, el ocultamiento total del rostro de la mujer musulmana. El Consejo de Estado francés dice que es una intromisión del legislador. ¿Debe ir a clase una alumna de cierta edad vestida con un burka? Donde fueres haz lo que vieres, dice el viejo y sabio refranero castellano. Cuando nuestros padres y abuelos emigraban del terruño no les quedaba otra que una asimilación a las normas y costumbres del país de destino, lo que no les impedía seguir hablando gallego o castellano y relacionarse básicamente en los centros gallegos de la diáspora. Pero trabajaban, se integraban en la medida de lo posible y apenas reivindicaban nada. No se trata de no reivindicar, sino de respeto, de respetar también las normas de los demás, del país de acogida. Porque la tolerancia de todos empieza por el respeto. En Andalucía, el Gobierno destinará 2.400 millones de euros para que el árabe sea la segunda lengua extranjera de estudio, pero, ¿lo es el castellano para el musulmán que viene? Rasguemos nuestras hipocresías y las de los demás.
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