DESAPARECE UN ICONO ESTADOUNIDENSE |LA MADRINA DE LOS NEGROS
Dorothy Height, estandarte de los derechos civiles en EEUU, fallece a los 98 años en Washington
Luchó contra la segregación racial y la discriminación de las mujeres
El Periodico, , 21-04-2010EMILIO LÓPEZ ROMERO
NUEVA YORK
Era una las invitadas de excepción el día de la toma de posesión de Barack Obama. Dorothy Height no quiso perderse aquella mañana de emociones del 20 de enero de hace un año en las escalinatas del Congreso donde un negro escribía su nombre en la historia al jurar su cargo como presidente de EEUU. Un día especial para muchos, también para quien luchó toda su vida contra décadas de discriminación y exclusión.
Acababa de cumplir 98 años cuando la vida de Height se apagó ayer para siempre en el hospital Howard University de Washington por causas naturales, según confirmó el Consejo Nacional de Mujeres Negras, que lamentó la pérdida de la que fuera su presidenta durante cuatro largas décadas, impulsora de una «larga cruzada» en favor de la justicia racial y la igualdad de género desde los años de la presidencia de Roosevelt, durante la segunda guerra mundial, hasta nuestros días.
Al igual que muchos negros de su tiempo, sufrió en sus propias carnes los efectos de la discriminación cuando quiso entrar en una escuela universitaria de Nueva York pero se negaron a aceptarla porque el centro adscrito a la Universidad de Columbia ya había superado la cuota de negros en sus aulas: dos por año. «Tardé mucho en darme cuenta de que era por una cuestión racial», reconocía años más tarde en sus memorias Open with the freedom gates.
Siendo joven se unió a las protestas en Harlem en los años 30, trabajó sin descanso en los 40 para que Eleanor Roosevelt se uniera a la causa de los derechos civiles, y una década más tarde presionó a Eisenhower para que acabara con la segregación en las escuelas, una de sus principales batallas pero no la única. Desde que los negros pudieran beneficiarse del acceso a vivienda pública hasta el fin de la segregación en el Ejército, no hubo lucha en la que no estuviera metida.
Siempre tuvo a las mujeres en el centro de su actuación. Por eso discutió hasta el cansancio con el presidente Johnson para que designara a mujeres afroamericanas en puestos gubernamentales.
Al lado de Luther King
Testigo de honor de la Marcha sobre Washington en el verano de 1963, encabezada por Martin Luther King con su apoteósico final con el histórico discurso Yo tuve un sueño, años más tarde Height lamentó que ninguna mujer hablara aquel día.
Los Obama fueron de los primeros en unirse ayer al coro de voces que recordaron la figura de Height, la «madrina» del movimiento de los derechos civiles, una «heroína» para muchos estadounidenses. Sus palabras estaban cargadas de significado. ¿Quién se hubiera imaginado hace medio siglo que un negro llegaría algún día a instalarse en la Casa Blanca? Obama lo logró hace 15 meses y Dorothy Height todavía fue testigo para verlo.
«Michelle y yo estamos profundamente apenados por su muerte», dijo Obama, quien resaltó que además de entregar su vida por una causa justa y ser testigo de cada manifestación en el largo camino contra la segregación racial, al final de su vida siguió trabajando para que EEUU fuera un país «más abierto e inclusivo» sin importar la raza, sexo o religión de sus ciudadanos.
El congresista John Lewis, conocido líder del movimiento de los derechos civiles, lamentó ayer la pérdida de una «gran estadounidense» que ofreció su «sabiduría» y «orientación» para lograr que este mundo fuera «un lugar mejor». El gobernador de Virginia, Bob McDonnell, ordenó que las banderas ondeen a media asta y el alcalde de Washigton, Adrian Fenty, proclamó el 20 de abril Día de Dorothy Height.
Su nombre está ligado al de otras mujeres valientes paridas por la lucha contra la discriminación, como Rosa Park, la «heroína» de Montgomery, que no cediendo su asiento a un blanco en un autobús allá por 1955 prendió la mecha del movimiento por los derechos civiles. Sin ellas la historia no habría sido igual. Sin ellas quizá habría sido otro el mundo por el que lucharon Martin Luther King o Malcom X.
Bill Clinton le impuso la Medalla Presidencial de la Libertad en 1994, un año después de que su nombre fuera incluido en el Salón de la Fama de las Mujeres junto al de otras protagonistas de la historia como Madeleine Albright, Hillary Clinton, Ella Fitzgerald o Katherine Graham, por mencionar solo algunas.
Diez años después fue el republicano George W. Bush quien le impuso la Medalla de Oro del Congreso. Días antes de su muerte se asomaba a la radio pública para recordar a los jóvenes que son beneficiarios del trabajo y los sacrificios de muchos otros que dieron su vida para intentar que blancos y negros pudieran convivir algún día en armonía: «Lo importante ahora es que no vayáis por vuestra cuenta y que os unáis a los demás. Organizaos, buscad la manera de servir al otro, ayudad para que esto siga adelante».
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