ANÁLISIS | PILAR CERNUDA
UN PAÑUELO
Diario de Navarra, , 21-04-2010N AJWA es española, jamás tuvo un problema en el colegio por pertenecer a la comunidad musulmana y ahora se ve en el centro de una polémica que no puede agradarle. Su padre dice que sufre depresión y que podría ser necesario ingresarla en un psiquiátrico.
Lo que habría que saber es si sufre depresión por verse en el centro de una polémica, porque teme que no pueda seguir asistiendo a clase, o porque su padre la ha obligado a ponerse velo, la hiyab; aunque ella dijo que lo hacía motu proprio, como sus compañeras del colegio, que aparecieron por primera vez con la cabeza cubierta en solidaridad con Najwa, pero advirtiendo que se lo quitarían si el Consejo Escolar decidía que no podían seguir en clase con la cabeza cubierta.
No se trata de un problema religioso sino político. La hiyab, como explican perfectamente musulmanes que conocen y siguen los preceptos del Corán, no es un símbolo religioso, sino una demostración pública de que la mujer que lo lleva acepta determinados preceptos: la supremacía del hombre, el aislamiento, mantenerse absolutamente alejada de cualquier hombre que no pertenezca a su círculo familiar.
No nos engañemos: Najwa no tiene un problema religioso, sino que personas de su entorno han querido crear un debate para que se acepten los planteamientos de la comunidad musulmana más cerrada, aunque esos planteamientos sean contrarios a leyes y normas que están obligados a cumplir los españoles al margen de su religión.
El colegio al que acude Najwa tiene, como todos los colegios públicos y privados, unas normas de obligado cumplimiento para los alumnos, que las aceptan en el momento de rellenar el formulario de inscripción. Ese colegio no acepta alumnos con la cabeza cubierta; el de al lado, sí. Los padres de Najwa sin embargo la matricularon en el Camilo José Cela sabiendo que cuando le llegara la hora de la menstruación y Najwa fuera obligada – o quisiera voluntariamente – llevar el velo, como hacen algunas mujeres musulmanas, no podría continuar. Sin embargo, allí fue matriculada, no en el situado a trescientos metros de distancia.
El padre de Najwa dirige una fundación cultural y muchos musulmanes de Pozuelo lo consideran su imán. Exige derechos para su familia, pero no quiere respetar el derecho de un centro educativo a tener sus propias reglas. El padre de Najwa pretende lo que muchos colegios y universidades de países musulmanes no aceptan: que las alumnas acudan con velo, con la hiyab, a clase.
No parece lógico formar parte voluntariamente de un club, una asociación, un colegio, y pretender a continuación saltarse sus normas. Como no parece lógico incumplir las normas y leyes del país en el que se ha elegido vivir.
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