Escuelas interculturales

La Vanguardia, , 16-04-2010

Eulàlia Solé
La presencia de inmigrantes se hace patente en la calle, en la empresa y en la escuela como un fenómeno de nuestra época, imparable, ni bueno ni malo; si acaso, malo para quienes se han visto impelidos a abandonar su tierra por motivos económicos. Una vez instalados entre nosotros, los extranjeros van dejando de serlo, y en especial dejan de serlo sus hijos, compañeros de clase de los nuestros. Se crea así una escuela – la pública en primer término-variopinta en lo étnico, lo lingüístico y lo cultural. A intervalos en cuanto a lo cultural, porque, pese a que no dejen de producirse irrupciones a lo largo del curso, es la cultura autóctona, la predominante, la que acaban adoptando los recién llegados.

¿Cabe aspirar a un intercambio de culturas en la escuela? Cuando siempre cuesta llegar a fin de curso con el currículo cumplido, alcanzar tal objetivo forma parte de un mundo imaginario. Sería ideal que en historia y geografía se trabajaran ítems relativos a los países originarios de una parte del alumnado, dado que el conocimiento acercaría más a nativos y foráneos, pero la mayoría del profesorado no lo cree factible. En aulas donde quizás existan diez etnias distintas, ¿cómo sería esto posible? Por lo demás, en las relaciones entre alumnos y entre padres, ¿se debería tener en cuenta la influencia de otras culturas? Planteada la cuestión, el quid radicaría en aceptar los principios más encomiables de cada una.

El intercambio de creencias y costumbres es complejo. Según observa Blanca Deusdad en su estudio Immigrants a les escoles,en el patio “los alumnos se agrupan por grupos de procedencia y hay también una separación por género que es muy marcada en las alumnas musulmanas”. No sólo en la cultura islámica, sino en otras, surge una contraposición entre lo que se exige en casa y lo que se aprende en la escuela. Y esta sí es una labor docente irrenunciable, infundir en niños y niñas el concepto de derechos igualitarios y de valores morales universales.

Los futuros ciudadanos adultos mostrarán múltiples rasgos físicos y usarán múltiples lenguas maternas además de la común, no obstante, una cultura compartida habrá de asegurar el respeto a los derechos humanos universalmente reconocidos. Este es, sin duda, un cometido sobresaliente de la educación escolar.

E. SOLÉ, socióloga y escritora
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