La comida ‘halal’ invade el supermercado

El Periodico, ELIANNE Ros, 14-04-2010

Potitos para bebés, caramelos, pizzas, sopas, refrescos e incluso… ¡foie – gras! Todos estos productos pueden comprarse en muchos supermercados franceses bajo la etiqueta «100% halal», término árabe que define lo que está permitido por la religión musulmana. Un fenómeno en plena expansión que, en poco tiempo, ha desbordado el modesto negocio de la carnicería de barrio islámica, donde el cerdo está proscrito y los animales han sido sacrificados según el ritual que marca el Corán. Es decir, degollados mediante una técnica determinada y con la cabeza orientada a La Meca.
Con unos seis millones de personas de cultura musulmana sobre el territorio de la República, el mercado resulta terriblemente apetitoso. Hombres y mujeres, ricos y pobres, practicantes estrictos y jóvenes de costumbres más relajadas …Todos se han convertido en objetivo de una estrategia de márketing destinada a hacer progresar un sector que ya genera 5.500 millones de euros anuales. Hasta cuenta con su propio salón, recien celebrado en la puerta de Versalles.
En la última edición se presentaron los cosméticos halal. ¿Cremas de belleza con licencia religiosa? De hecho, basta con garantizar que no han sido elaboradas con grasas animales, igual que sucede con los refrescos o los caramelos.
Al calor de esta moda, los restaurantes halal florecen en la región parisina. La oferta va de los espaguetis carborana –el bacon es sustituido por pavo– a clásicos de la cocina francesa. «Permite variar del cous – cous y del tajine», afirma un cliente del Alambra, que regenta un joven de origen magrebí en un barrio de la banlieue. Pese a la crisis, sus mesas siempre están llenas.
Igual que las de la pizzería de Jalil, donde no se vende alcohol, y la clientela es más bien joven y moderna. Este tipo de restauración pone de acuerdo a las parejas mixtas, que pueden compartir mantel sin necesidad de recurrir a la comida árabe. «Es un signo de integración», opina Abbas Bendali, estudioso del comportamiento de los consumidores de origen inmigrante.
Según Bendali, la explosión de la demanda se debe, sobre todo, a «los jóvenes musulmanes de segunda generación, cuya identidad está marcada por la tradición familiar pero que han adoptado una forma de vida francesa». Sin embargo, cuando una gran cadena de comida rápida se ha querido subir al tren, se ha estrellado. El anuncio de los restaurantes Quick –el McDonalds francés– de que sus hamburguesas se elaborarían con carne certificada halal, indignó a buena parte de la clase política. El gesto fue interpretado como una deserción del principio de igualdad republicano, un pecado de leso comunitarismo –privilegiar a un colectivo en razón de su étnia o religión– puesto que la empresa no ofrecía a los no musulmanes la hamburguesas laica. El asunto llegó incluso a la justicia. Tras la demanda por «discriminación» de un socialista, la cadena optó por abandonar su proyecto para ganar clientes ante el riesgo de perder una parte de su parroquia de toda la vida. Ahora ha lanzado una campaña para promover sus hamburguesas «auténticas».

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