DELINCUENTES CADA VEZ DELINCUENTES CADA VEZ

Las Provincias, BEATRIZ LLEDÓ |, 11-04-2010

Fue una muerte lenta. Cristina, de tan solo 13 años, pereció desangrada a causa de los profundos cortes en una de sus muñecas. La hallaron en un pozo a tres metros de profundidad. Su presunta asesina, una compañera de instituto con la que había quedado para hacer las paces tras haber discutido, tiene 14 años. Ocurrió hace una semana en Seseña. Aunque escasos, la Comunitat también ha sido escenario de crímenes escalofriantes protagonizados por adolescentes. En 2004, una joven murió violada y estrangulada en un almacén de Orihuela a manos de un chico de 14 años. También estudiaban juntos. Los últimos datos arrojan que los delincuentes valencianos son más jóvenes y cometen infracciones más brutales.

Cada vez dejan antes su infancia para sumergirse, casi sin darse cuenta, en un mundo más propio de los adultos. Según la memoria de delincuencia juvenil de 2009 elaborada por la Conselleria de Justicia, la media de edad se sitúa en los 16,7 años cuando en 2007, era de 17,27 y en 2008 seguía rondando los 17. «Se observa una reducción de la edad de los menores internos en los centros de reeducación », manifestaron desde el departamento de Justicia.

«El 33% de los menores denunciados ni siquiera ha cumplido los 14 años y esa tendencia va en aumento», apuntó la fiscal de menores de Valencia, Gema García.

Pese a que los infractores son cada vez más pequeños, los delitos que comenten son más graves. Durante el año pasado, 38 menores ingresaron en alguno de los siete centros de reeducacion de la Comunitat por haber perpetrado una violación. Según la memoria, los delitos contra la libertad sexual suponen el 4,6% de todos los contabilizados el año pasado. En 2007, representaban el 3%.

Sin embargo, el que más preocupa en estos momentos es el maltrato intrafamiliar. Cada vez más padres valencianos sufren las conductas agresivas de sus vástagos. En 2008, las agresiones de hijos a sus progenitores suponían el 8% del total. Hoy la cifra se ha disparado hasta el 12,7%.

En concreto, el juez dictó internamiento a 104 menores por propinar palizas a sus progenitores, 33 más que el año anterior.

La realidad de las estadísticas se refleja a pie de calle. En el centro de menores Jaime I de Picassent «han aumentado los jóvenes que ingresan por este motivo», reconocieron desde la dirección.

«Uno de los rasgos comunes en los adolescentes que acaban en el centro es que sus padres han perdido el control en su educación . Eso puede derivar en una actitud intimidatoria y chantaje ejercidos por el hijo que acaban en agresiones físicas», explicó Antonio, psicólogo de la institución de Picassent.

«Desde hace un par de años estamos detectando un incremento de la violencia intrafamiliar, tanto hacia los padres como a los abuelos. Diariamente nos están llegando a la Fiscalía una media de dos denuncias de este tipo», señaló García.

Sin embargo, el número de diligencias en Valencia se mantiene estable. En 2009, registraron 11.080, nueve menos que en 2008.

823 internos

El estudio de la Conselleria de Justicia revela que 823 menores pasaron por un centro de reeducación de la Comunitat el año pasado. Son 71 casos menos que en 2008, aunque suponen un centenar más que en 2007.

Fermín (nombre ficticio para mantener su anonimato) es uno de ellos. Este chico de Torrent lleva 11 meses en las instalaciones de Picassent «por un intento de homicidio». Todavía le quedan 12 meses más de condena.

«Cuando salga no volveré a cometer los mismos errores», reconoció Fermín.

El rostro de estos jóvenes es masculino. El 87% son varones. Muchos toman drogas. Es un rasgo común a la mayoría de los jóvenes en centros de internamiento. «Suelen juntarse con amigos que consumen tóxicos», afirmó Antonio. Hay otros denominadores comunes. «Tienen esquemas rígidos, no miden las consecuencias de sus actos. En ocasiones vienen de familias desestructuradas e intimidan a sus padres», enumeró.

Además, el 31,6% son extranjeros, sobre todo, de Marruecos, Ecuador, Colombia y Rumanía. Tal y como explicó el psicólogo del centro de menores, cada nacionalidad presenta unos problemas concretos. «Los marroquíes muestran un gran desarraigo. Intentan valerse por sí mismos en un lugar extraño para ellos pero no pueden y acaban en el sistema de protección después de pillarles pequeños robos o fumando porros», afirmó el asesor.

Por su parte, los delincuentes procedentes de Sudamérica «acusan el tiempo que han estado separados de sus padres hasta que se reencuentran con ellos en España. Ahí comienzan a imponerles normas que ellos no acatan», afirmó.

Los delitos por los que los jueces deciden internar a un chico van más allá de las agresiones sexuales y el maltrato familiar. Según el último informe de Justicia, el 33,4% fueron robos con intimidación. Otro 19,3% correspondió a hurtos, amenazas, homicidios o asesinatos. «Los delitos contra la propiedad siguen siendo los más frecuentes», aseguró García.

Medidas abiertas

Durante 2009, también se dictaron 3.584 medidas abiertas, entre las que destacan las prestaciones en beneficio de la comunidad y la libertad vigilada. «Aparte del internamiento en el centro, ciertos menores han de cumplir otro tipo de medidas judiciales, entre las que se encuentran las de medio abierto», explicó la consellera de Justicia, Paula Sánchez de León. De hecho, la libertad vigilada representa aproximadamente el 50% de las penas que adoptan los jueces. Suele tratarse de faltas.

Nada que ver con lo ocurrido en junio del año 2000 en Valencia cuando un chico de 14 años en tratamiento psiquiátrico asestó a su madre 15 puñaladas. Según declaró posteriormente «quería ser famoso».

Casos como el Valencia, Orihuela y ahora el de Seseña reabren el debate sobre el endurecimiento de la Ley del Menor. Gema García reconoció que la norma tiene aspectos mejorables. «Deberían instaurarse juicios rápidos, como ocurre con los adultos, y separar la responsabilidad civil del proceso penal», solicitó.

En cambio, la fiscal de Valencia defendió que se mantenga la edad penal en los 14 años actuales. «¿Dónde está el límite? ¿Vamos a hacer una reforma cada vez que se dé un hecho así de doloroso?», reflexionó.

Su colega en Alicante, Carlos Ferreira, tampoco apoya que se rebaje de forma generalizada la edad penal. «En homicidios, asesinatos y agresiones sexuales sí que deberíamos poder actuar aunque tengan menos de 14 años. Pero a la vez debemos pensar qué hacemos con ellos», reconoció el fiscal.

Para el psicólogo del Jaime I, el crimen de Seseña «es un hecho puntual. No se debe tomar como la norma», lamentó. Para el asesor, la solución tampoco pasa por endurecer las penas. «Si sancionas no estás ayudando al joven. La ley debe adaptarse a las características y necesidades de los menores».

En Suecia estos delincuentes precoces son castigados penalmente desde los siete años y en Inglaterra a partir de los 10. Francia y Holanda establecen los 12 años como edad penal mientras que Alemania la fija en 13.

Italia pone, al igual que España, el límite en los 14. Portugal y Bélgica son los únicos dos países donde la edad se eleva hasta los 16 y los 18 años, respectivamente. Ante tal baile de cifras, el Parlamento europeo se ha comprometido a inetntar unificar la edad penal.

Números esperanzadores

Las medidas judiciales de internamiento dan sus frutos. Tal y como apuntó la fiscal de menores de Valencia, «el 80% de los que ingresan en los centros no vuelven a ellos».

Otro dato esperanzador lo arroja un estudio elaborado este año por Instituciones Penitenciarias: el 87% de los menores delincuentes no reinciden.

Otra cifra positiva es que, durante el primer trimestre de 2010, se han formalizado cinco contratos laborales en la Comunitat. «Tres menores han realizado obras de acondicionamiento en la Ciudad de la Justicia de Castellón y trabajos de mantenimiento en los juzgados de Vila – real. En la provincia de Valencia, dos menores desempeñaron diferentes tareas en la Ciudad de la Justicia de Valencia», explicaron desde la Conselleria de Justicia.

Tal y como explicó el psicólogo, «estos jóvenes no son felices delinquiendo. Se encuentran en una situación en la que sólo encuentran críticas y nadie les apoya. El centro es su última oportunidad de cambiar», aseguró.

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