Vigilancia a medio gas de pateras y narcos

Las Provincias, JUAN ANTONIO MARRAHÍ | VALENCIA., 11-04-2010

El radar capta una embarcación sospechosa por su pequeño tamaño y sus movimientos. El operador amplía el zoom en la cámara y la centra. Una Zodiac con tres motores aparece en el monitor. Podría tratarse de una patera o un grupo de traficantes. O ambas cosas al mismo tiempo. Se desplaza de noche hacia un punto de costa desierto. Salta la alarma.

Así comienza el seguimiento a una posible embarcación ilegal por parte de los centros de control del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) que operan en la Comunitat Valenciana. Existen ya siete torres de vigilancia activas en tierras valencianas. Nunca antes había tanta tecnología mirando hacia el Mediterráneo y aún así las principales asociaciones de la Guardia Civil lanzan la voz de alarma en las tres provincias: la organización de sus patrulleras del Servicio Marítimo está mermando la operatividad a la hora de atajar las embarcaciones ilegales y el mejor navío de vigilancia valenciano presta servicio en Mauritania.

Con la llegada del calor y la buena mar, aumenta el riesgo de llegada de pateras con inmigrantes ilegales o alijos a la Comunitat. Un agente de la Asociación Unificada de Guardia Civil (AUGC) resume así la situación: «Los radares del SIVE son una gran ayuda técnica necesaria, pero la organización actual del Servicio Marítimo no está a la altura de esta tecnología».

La Comunitat ya ha vivido algunos ejemplos prácticos del problema. A mediados de marzo, unos narcos con lancha detectados por el radár del SIVE de Murcia recorrieron casi 300 kilómetros cerca de la costa sin ser interceptados. Al final, entregaron su alijo de hachís en algún punto de La Safor. En enero, otro grupo de traficantes huyó tras desembarcar casi dos toneladas de esta droga al no haber patrulleras operativas.

A finales del año pasado, los radares alicantinos no detectaron la llegada de un grupo de inmigrantes que arribaron en patera a la costa alicantina. La Subdelegada del Gobierno en Alicante, Encarna Llinares, adujo que la tecnología no estaba a pleno rendimiento. Hacía falta rodaje, argumentó.

En efecto, no basta con mirar a las pantallas y descolgar el teléfono. Hay que tener pericia. «A veces, en distancias muy largas donde hay que aplicar mucho zoom la imagen de una embarcación aparece borrosa. En Valencia, además, hay un sólo hombre controlando las cámaras de Sagunto y Cullera, cuando lo ideal sería un agente para cada cámara», destacaron desde IGC.

Pericia en el manejo

Otro problema es que un sutil movimiento de la mano que controla el mando de la cámara puede desviar a kilómetros el enfoque y perder de vista la lancha sospechosa. Hace falta concentración y práctica. Y las condiciones de trabajo en el centro de coordinación de Valencia «no son las mejores», denuncian. «La falta de espacio hace que el agente que controla las imágenes las tenga en grandes pantallas a poco más de un metro y eso es tan malo como ver el cine en primera fila», ejemplifican desde IGC.

Pero esto es, según los agentes consultados, «pecata minuta» y, en general, todos están contentos con el rendimiento del SIVE. La raíz del problema está en la respuesta de las embarcaciones, cuando el operador que controla estos dispositivos les alerta, cuando llega la hora de interceptar.

Como explicó un agente destinado en Alicante, «se ha organizado el Servicio Marítimo con turnos de sólo de 8 horas en vez de las 24 que había antes y que siguen vigentes en el resto de España». En la práctica, alega, las patrulleras están «mucho más tiempo preparándose en el puerto que en el mar, donde deberían estar para perseguir a los delincuentes».

En franjas horarias, estiman desde AUGC, «de las 8 horas que conforman un turno, casi 3 se pierden preparando un barco para su salida o en su regreso a puerto». Además, recalcan, «se ha priorizado de manera excesiva la vigilancia de puertos comerciales y deportivos, con lo que es casi imposible salir al mar a cierta distancia a interceptar embarcaciones ilegales».

«El tiempo de reacción es, sin duda mucho menor. Además, las mismas dificultades que existen para interceptar a narcotraficantes pueden darse en un salvamento, donde hay vidas humanas en juego», aseguran desde IGC.

Otro bache en el camino es el de los medios existentes. Como denunciaron esta semana algunos agentes, la mejor y más sofisticada embarcación del Servicio Marítimo de Valencia, la ‘Río Adaja’ no vigila las costas mediterráneas, sino las aguas de Mauritania. Se presentó en 2005 por todo lo alto y fue clave en la seguridad de la Copa America, pero desde hace año y medio ha sido comisionada para evitar la llegada de pateras a tierras Canarias. «El Gobierno nos ha prometido que enviará otra similar en breve», aseguraró esperanzado un guardia de Valencia.

Balance de embarcaciones

En esta provincia existen otras cuatro embarcaciones, de las que tres presentan «algunas averías». Según fuentes de IGC, la Guardia Civil de Castellón asume la vigilancia costera con uno de sus dos navíos «hundido hace pocos meses tras un accidente». Les queda otro de similares características y dos lanchas semirrigidas.

En Alicante, la provincia de la Comunitat que ha recibido la llegada de pateras en varias oleadas, el parque naval de la Benemérita también está algo mermado. Cuentan con dos embarcaciones potentes de 25 y 17 metros de eslora. Pero de sus tres semirrigidas, una que procede de una incautación a narcotraficantes está inoperativa, como denunciaron agentes de AUGC destinados en tierras alicantinas.

La Conselleria de Gobernación pone el grito en el cielo: «Desde 2007 la política de seguridad en costas ha sido la improvisación y el parcheo». Según la Generalitat, desde ese año han llegado 28 pateras y 265 inmigrantes a al litoral valenciano, «la mayoría detectadas por barcos pesqueros o porque los propios inmigrantes alertaban al 112».

Y si los SIVE funcionan y las patrulleras fallan, la esperanza está en tierra. En que haya suficientes agentes capaces de desplazarse con rapidez a las playas o calas donde desembarcan los barcos ilegales, habitualmente de noche.

En este punto, otra asociación de la Guardia Civil lanza la voz de alarma. La Unión de Oficiales (UO) advirtió esta semana que habrá «menos guardias civiles en las costas» durante la Operación Verano. Interior, lamentaron, ha dejado de subvencionar el viaje y la estancia de los agentes de refuerzo y «muy pocos» querrán desplazarse a la Comunitat en estas condiciones.

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