«Volvería a hacerlo; es instinto»
ABC, , 07-04-2010El 12 de noviembre de 2009 será una fecha imborrable de la memoria de Jorge Vicente Sánchez, más conocido como «Koke» entre sus familiares y amigos. Ese día, este madrileño de 25 años salvó la vida a Aroa, una joven de 21 años que estaba siendo fuertemente golpeada por su pareja, Jouad, en la calle Lira (Retiro). Este último, marroquí, de 18 años, iba armado con una navaja de 15 centímetros. La hazaña pudo haberle costado su existencia, ya que el agresor no dudó en asestarle una puñalada que fue a parar directamente a su pulmón izquierdo.
Casi cinco meses después de la fatídica noche, Jorge y su familia abren a ABC las puertas de su casa, y también las del recuerdo. Hoy, su heroico acto le será reconocido por el Gobierno regional con la Medalla de Plata al Mérito Ciudadano. «Me sorprende este galardón porque lo que hice lo hubiera hecho el 95 por ciento de la gente. Creo que no hay que premiar algo que está bien hecho», exclama humildemente y convencido.
Evidentemente, tras pasar seis días hospitalizado, para Jorge Vicente Sánchez ha significado mucho que Aroa le diera las gracias y se preocupara por su estado de salud. Por ello, no tiene dudas, «hay que verse en la situación, pero volvería a hacerlo; es instinto», revela en el tono positivo que es común en él.
«Cogida por la cabeza»
Después de su afirmación, Jorge Vicente Sánchez revive la escena de aquel día: «Lo recuerdo como un mal sueño, un mal susto ya olvidado». Era un día rutinario del calendario: «Llegué de trabajar, fui al gimnasio, cené, me duché, saqué al perro y, ya en la calle, me encontré lo que me encontré», a menos de 100 metros de su casa. «Oí voces. Los vi discutiendo. Al principio continué por mi camino. Escuché a un vecino que salía por la ventana mandándoles callar. A los tres minutos, volvieron a dar voces». Jorge dio una vuelta por el parque. Cuando regresó al lugar donde estaba la pareja, miró y observó que el marroquí «tenía cogida por la cabeza a Aroa. Según lo vi, bajé hacia ellos».
Situado a 20 centímetros de las dos chicas la víctima y una amiga de la misma y el agresor, Jorge espetó a Jouad: «¡Déjala en paz!, ¿No ves que está llorando? Vete, déjala». El atacante se dirigió a él en marroquí. «Sin mediar más palabras, mostró una navaja. No sé si la tenía ya en la mano o no». Rápidamente, Jouad atacó.
Hizo la primera tentativa de clavarle el puñal. «Lo pude esquivar. A la segunda me abrazó y me clavó la navaja, aunque no noté nada. Después, salió corriendo. Les dije a las chicas que se fueran a casa. Tenían cara de preocupación. Era por mí, pero yo no sabía lo que me había hecho. Me dijeron: «A ver qué tienes. ¿Quieres que llamemos a alguien?»». «Tranquilas, tranquilas», les insistió.
Jorge emprendió el rumbo hacia su casa. A escasos metros empezó notar humedad en el costado izquierdo y mucho calor. «Me palpé, miré la mano y la vi llena de sangre. Pensé que podría haber sido un corte porque no me dolía nada». Siguió hacia su casa. No perdió la calma ni un momento, pero al llegar al portal «me quité la camiseta para verme y vi que no era un corte. Era como un grifo. Manaba sangre en abundancia. Intentaba taponarme como podía, pero no llegaba».
Histeria en su casa
Era en torno a las 00.45 horas de ese jueves 12 de noviembre. Su padre, Pedro, ya estaba acostado. Su madre, Nori, aún continuaba despierta. Al llegar a la cocina advirtió la tragedia: «Mamá, me han apuñalado». Nori y Pedro aún se estremecen al recordar aquella noche.
En la cocina, aún desangrándose, Jorge intentaba mantener el tipo para no preocupar a sus progenitores. «Hubo un momento en que se me dormían las piernas y se me doblaban, hasta el punto de que resbalé y me di un golpe con la mesa». Por suerte, ya estaba la ambulancia en la puerta. «Lo único que se me pasó por la mente fue que si salía de aquella, dejaba de fumar». Promesa cumplida, Jorge es un chico de palabra.
Recuerda el momento en que entró en Urgencias: «Me dijeron que me tenían que hacer un neumotórax. Yo insistía y preguntaba: ¿Ha llegado al pulmón. «No, no te preocupes», me aseguraban, pero algo no me cuadraba. Al respirar notaba sangre». Despierto comenzó el drenaje. «Creo que me anestesiaron un poco, pero no sirvió de nada. Me enteré absolutamente de todo», dice con gesto afligido. ¿Dolor? «Pufff, di unas voces en el quirófano…». Los médicos llegaron al coágulo con éxito.
Después de un día en observación le subieron a planta, donde permaneció otros cinco. Allí llegó a recibir más de 300 visitas entre amigos, compañeros, vecinos, policía y políticos, una inyección de ánimo que le ayudó a salir adelante con entusiasmo. «Estoy enormemente agradecido a mis amigos y mi familia», dice conmovido.
Vocación por la protección
Jorge se dedica a la atención de pacientes en una clínica dental, pero reconoce que alguna vez se le ha pasado por la cabeza entrar a formar parte de los Cuerpos de Seguridad del Estado. «Me gustaría serlo, la verdad». No concibe el maltrato a la mujer. Guarda unas palabras para los agresores: «Vulgarmente les diría muchas cosas, pero les diré que se pongan en el lugar de la víctima o que piensen que podría ser su hermana, su madre o un familiar querido. Empatía, que se llama».
(Puede haber caducado)