La crisis descubre cierto ambiente xenófobo, aunque no está generalizado

La Voz de Galicia, 07-04-2010

Numerosos vecinos acusan el fuerte incremento de extranjeros al aumento de la violencia en el pueblo

Los vecinos de la localidad toledana de Seseña coinciden en afirmar que la muerte violenta de Cristina Martín a manos de una compañera de instituto es un hecho aislado, fruto de una discusión entre adolescentes. Sin embargo, el hecho de que la agresora sea de nacionalidad cubana ha descubierto cierto tufillo xenófobo, acrecentado por la crisis económica.

«Desde que ha llegado tanto extranjero, hay mucha más violencia en el pueblo. Yo llevo toda la vida en este municipio y nunca he visto tantas agresiones y jaleos como ahora. Muchos de ellos están en el paro y se tienen que buscar la vida como sea. Están más agresivos», asegura José Manuel Ocaña, un pintor industrial que se ha quedado en el paro.

En esta misma línea se expresa Emilio Sánchez, empleado de la construcción nacido en Madrid que lleva 30 años laborando y viviendo en Seseña, pero que también se ha quedado sin trabajo hace meses: «Tienen principios muy distintos a los nuestros. Los inmigrantes trabajan por menos dinero y luego hacen muchas horas para ganar más. Además, como viven muchos en las casas, no necesitan tanto para vivir».

Numerosos fueron los ciudadanos de Seseña que expresaron opiniones parecidas, tanto de personas jubiladas como en activo, aunque la gran mayoría no quisieron identificarse. Todos ellos relacionaron a los inmigrantes con los causantes de las agresiones y de los robos que se estaban produciendo en la localidad últimamente. Ahora bien, estas acusaciones no son unánimes. También hay quien afirma que la llegada de los extranjeros ha hecho posible el desarrollo del municipio toledano. Es el caso de Agustín Moya, propietario del Asador de Seseña, quien pone el mayor énfasis en que «gracias a los inmigrantes se pueden mantener algunos negocios». «Hace años, ningún español quería trabajar de camarero en mi establecimiento. Tuve que contratar a varios inmigrantes para sacar adelante el negocio. Todos se han portado muy bien. Ahora, cuando hay paro, hay gente que los quiere echar. Y eso no puede ser», añade.

No se sienten despreciados

A pesar de la tensión contra los llegados de fuera, estos no se sienten despreciados. Así, Ovidio Golet, rumano de 28 años que se ha quedado sin trabajo en la construcción y lleva tres años residiendo en la localidad, lo tiene claro: «Los extranjeros no hemos tenido problemas aquí. Todo el mundo nos ha respetado, aunque opinen mal de nosotros».

No es el único extranjero que ratifica que hasta el momento no se habían producido acciones en su contra. Así lo afirma un boliviano que lleva siete años en la localidad. Aunque no se atreve a dar su nombre, señala que no cree que la tragedia acontecida en la localidad vaya a cambiar la actitud que los ciudadanos le muestran diariamente. «Me siento bien tratado en este pueblo», manifiesta.

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