La finca maldita

La ocupación del número 39 de la calle del Carme, escenario el lunes de un homicidio, rompió el equilibrio en el barrio, cuyos vecinos hace semanas que denuncian continuos atropellos

La Vanguardia, , 31-03-2010

ENRIQUE FIGUEREDO – Barcelona
De nuevo Ciutat Vella. De nuevo una emblemática calle del más antiguo de los distritos de Barcelona en el punto de mira de la comunidad por ser escenario de navajeros y traficantes de droga. La muerte de un joven subsahariano el pasado lunes, atravesado con un cuchillo de grandes dimensiones en la calle del Carme, culmina una cadena violenta que se inició meses atrás desde que fueron ocupados ilegalmente varios pisos de la finca número 39 de esa popular vía barcelonesa. A pesar de las numerosas quejas vecinales, la orden judicial que debía permitir el completo desalojo del piso más conflictivo no llegó hasta ayer por la tarde, precisamente 24 horas después del mortal apuñalamiento. Mossos y guardias urbanos dieron cumplimiento a la orden judicial. Dentro del piso no había nadie. La propiedad, merced a una brigadilla de albañiles, tapió la entrada del piso y las ventana. De esa vivienda salió herida de muerte la víctima del apuñalamiento. El homicida, ya detenido, también es de origen subsahariano. Los bomberos realizaron ayer un informe sobre el estado de la finca.

La ocupación de varios pisos del bloque número 39 del Carme rompió el equilibrio delictivo de la propia calle. Muchos vecinos coinciden en señalar que el mortal apuñalamiento es una noticia tan terrible como desgraciadamente previsible. En los últimos días, habían saltado varias señales de alarma. La más grave la provocó una pelea con navajas entre subsaharianos ocurrida el pasado día 22 de este mes, justo frente al edificio. Los protagonistas de la pelea fueron individuos a los que todo el mundo vinculó con la finca maldita, de la que hacía semanas que entraban y salían decenas de personas continuamente. Ello consolidó las evidencias de tráfico de drogas. Entonces, hubo tres heridos, pero ninguna víctima mortal.

A finales del mes de enero, hubo otro suceso que puso de relevancia la peligrosidad que suponía una finca ocupada, al menos en alguno de sus pisos, por ladrones y traficantes. Se declaró un incendio que obligó a la evacuación de los moradores de la finca. “Saltaron por las ventanas más de 30 o 40 personas”, recuerda el empleado de un hotel cercano.

Hasta aquellas fechas, el principal problema que los vecinos ya venían denunciando era que un grupo de menores magrebíes tenían ocupada una parte del bloque. Se les identificó como miembros de la banda de chicos, peligrosamente aficionados a inhalar pegamento, que se dedicaban al rateo callejero, al robo de bolsos a los viandantes y a clientes de terrazas de bares. Además, se les culpó de una gran parte de los robos que se estaban produciendo en el interior de varios inmuebles colindantes. Al parecer, saltaban de una azotea a otra y desde allí accedían a diferentes pisos. La hegemonía de los grupos magrebíes en el edificio cambió hace aproximadamente un par de meses, o quizá algo menos.

Los nuevos ocupantes de origen subsahariano llegaron días después de haberse declarado el incendio. “Los subsaharianos se instalaron en toda la primera planta y, a partir de ese momento, se sucedieron los problemas. Gritos y peleas continuas”, afirma un comerciante que tiene su establecimiento muy cerca del número 39 de la calle del Carme.

Todo hace indicar que en el bloque se instaló un punto de venta de droga muy activo. “Gente desconocida entra y sale continuamente del edificio”, confirma otra vecina que vive justo enfrente. “Yo he de tener permanentemente cerradas las ventanas y las cortinas. Algunos vecinos, les increpan cuando hacen más ruido de la cuenta y, en ocasiones, responden a pedradas”, continúa relatando esta mujer.

Varios testigos y vecinos de esa zona de Cituat Vella coinciden en que algunos de los ciudadanos subsaharianos que han estado viendo últimamente por la finca son algunos de los que se solía ver trapicheando con droga en las esquinas de otros puntos del barrio. “Algunos eran los que estaban por la calle Hospital y que ahora hace días que no se les ve. Es más cómodo vender la droga en un piso en el que la policía no puede entrar salvo con una orden judicial. Eso es lo que nos explican los Mossos d´Esquadra”, comenta un comerciante con muchos años en el barrio. Fuentes de la policía autonómica confirman las sensaciones del vecindario. La presión policial ha obligado a los traficantes a buscar lugares más discretos, como la finca 39 de la calle del Carme. Los Mossos explicaron ayer que los enfrentamientos violentos entre subsaharianos se deben a disputas por el control territorial donde traficar o por deudas entre vendedores de droga. “Se pedían dinero a gritos y algunos habían sido expulsados del edificio, lo que provocó nuevas peleas. Venían por aquí con largos cuchillos escondidos en el pantalón”, explica un comerciante.

“Pueden tapiar el edificio, pero dentro de unos días volverán a colarse”, continúa uno de los comerciantes consultados.

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