15 minutos para un baño de dignidad
El Correo, , 29-03-2010Un hábito tan cotidiano como tomar una ducha a primera hora de la mañana puede resultar todo un lujo para quien no tiene nada y se ve abocado a pasar el día vagando por el asfalto. Con el fin de garantizar un baño caliente a todos sus habitantes, Bilbao cuenta desde hace cuatro años con un servicio público de duchas en la calle Bruno Mauricio Zabala.
El olor a lejía y cloro que flota junto al vaho en el ambiente delata una obsesión por la limpieza, y eso a pesar del continuo trasiego de personas con sus toallas al hombro. Enrique es el responsable de esa pulcritud. Estropajo y botella de lejía en ristre, lucha contra una suciedad que no da cuartel. «Trabajo a destajo, en cuanto un usuario sale de la ducha entro al ataque», revela con una sonrisa. Enfundado con botas y guantes, limpia con minuciosidad hasta el más mínimo resquicio de las instalaciones.
En teoría, el servicio está destinado a los empadronados en la villa. Sin embargo, Ildefonso, que custodia la entrada, no exige a los usuarios ninguna acreditación para poder tomar un baño. Los quince minutos de agua caliente a los que tienen derecho suponen para muchos el único momento de intimidad del día.
Aunque pasar por debajo de las duchas de Zabala es gratis, los usuarios que no van provistos de jabón deben abonar seis céntimos a cambio de una pequeña pastilla «como la de los hoteles», apuntan los responsables municipales. Sin embargo, «algunos ni siquiera se pueden permitir esa cantidad», apostilla Ildefonso, que tiene que ‘racionar’ el papel higiénico a los usuarios para evitar su robo.
Jóvenes e inmigrantes
Los incidentes brillan por su ausencia en este ‘spa’ de los desamparados. Aquí no son necesarios los servicios de personal de seguridad. La clave de esa tranquilidad es el trato cordial de Ildefonso. Él se encarga de repartir los turnos de los que se acercan hasta el número 18 de la calle Mauricio Zabala para tomar su baño matutino. «Son gente tranquila, si hay alguna disputa es entre ellos y fuera del local», puntualiza mientras cura a un hombre que se ha hecho un rasguño en un dedo. «Tienes que tener más cuidado», le aconseja en tono paternal.
Mourad, un marroquí de 27 años acude puntual cada día para darse un baño, al igual que el 70% de los usuarios. Ahora duerme en la calle «bajo el puente de Bolueta», relata. Algunas noches tiene más suerte y puede cobijarse en el Albergue de Mazarredo. «Éste es el único sitio donde puedo sentirme limpio», confiesa con profunda tristeza este joven que asiste a diario a clases de castellano «para encontrar un trabajo y dejar la calle».
De las casi 29.000 personas que se ducharon en las instalaciones el pasado año, la mayoría de ellas se ajustaban a la descripción de hombre joven, inmigrante y sin recursos. Sin embargo, según los responsabas del área de Salud y Consumo del Consistorio bilbaíno, la verdadera función de las duchas es «que cualquier bilbaíno pueda venir a asearse, y no sólo los más desfavorecidos».
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