Con el 'top-manta' hay que mojarse

Diario Sur, FRANCISCO JIMÉNEZ pjimenez@diariosur.es, 28-03-2010

Sábado por la mañana en Fuengirola. El cielo está despejado y no hace frío, así que numerosos vecinos y turistas aprovechan para caminar por el paseo marítimo. La zona está bastante concurrida, repleta de potenciales clientes del ‘top manta’. Aunque la venta ambulante de productos falsificados rebaja su intensidad en invierno, suele aflorar siempre que el tiempo acompaña. No son demasiados, pero ese día hay algunos – mayoritariamente inmigrantes de origen subsahariano – que plantan en el suelo una sábana repleta de CD, DVD, bolsos o camisetas. La gente se acerca con curiosidad, pero de repente, los vendedores recogen sus negocios y huyen despavoridos. A lo lejos, una pareja de policías locales. Lo normal hubiera sido adentrarse por las calles de Los Boliches para escapar de los agentes, pero estos tres individuos de tez morena se dirigen sin dudarlo hacia la playa. No les persiguen, pero ellos continúan la huida. En esos instantes, aparece un ‘quad’ de la Policía Local, así que, sin pensárselo dos veces, dos de ellos se meten en el agua. El agente, habituado a este tipo de peripecias, pasa de largo y se centra en el que sigue por la orilla.

La escena, lejos de ser algo puntual, se repite con cierta frecuencia no sólo en el litoral fuengiroleño, también en el resto de la Costa del Sol, donde los delitos contra la propiedad intelectual e industrial están a la orden del día.

La lucha contra el ‘top manta’ se ha incrementado en Fuengirola en los últimos años con un aumento de la presencia policial en los puntos de mayor afluencia como el paseo marítimo o el centro. Sin embargo, agentes consultados por este periódico reconocen que no es fácil erradicar en la calle esta práctica ilegal, ya que detrás de los vendedores ambulantes hay toda una infraestructura. «Hay que atajarlo desde más arriba, desde los proveedores», aseguran.

Efecto disuasorio

Pese a que no se suelen llevar a cabo grandes redadas, las incautaciones de material falsificado y las detenciones en plena calle son habituales. El efecto disuasorio del uniforme hace el resto. «En cuanto nos ven, salen descontrolados, cruzando la carretera sin mirar y llevándose por delante a otras personas; por eso a veces es preferible no perseguirles, a pesar de que eso pueda dañar nuestra imagen», explica un policía municipal.

Lo de tirarse al agua para escurrirse de la policía se ha extendido entre los integrantes del ‘top manta’. No sólo en la playa, también en la desembocadura del río Fuengirola, junto al castillo Sohail. Otros optan por meterse debajo de algún coche estacionado en el paseo, ocultarse entre las barcas y hamacas que jalonan el litoral o perderse por la zona pesquera del puerto. En cuanto al material, además de los carritos de supermercado, también se han encontrado lotes de artículos semienterrados en la arena e incluso ocultos en la copa de los árboles.

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