El ‘factor Anglada’

El Periodico, ENRIC Marín, 27-03-2010

El sondeo publicado por este diario esta semana ha aportado información hasta ahora solo apuntada. No me refiero a los pronósticos sobre la futura composición del Parlament. Los resultados eran los previsibles y corresponden a una tendencia ya observada, acentuada por los efectos de la crisis económica y la tormenta de nieve. El dato más relevante es el alto porcentaje de fidelización de los electores de CiU. El mantenimiento sostenido de esa fidelización es lo que en estos momentos proporciona a Artur Mas una amplia y confortable ventaja a ocho meses de la cita electoral. La ventaja es tan clara que, en principio, la victoria nítida tendría que estar garantizada, si no se cometen errores graves.
Pero los datos más relevantes son los publicados el jueves. Es la primera vez que emerge de forma clara un amplio estado de opinión pública en conexión ideológica con expresiones populistas. La conclusión es obvia: en Catalunya hay mar de fondo. Hasta ahora, las encuestas habían reflejado la creciente desafección a la política. Pero esa desafección ya ha derivado en irritación contra los políticos. Contra todos.
Los políticos son vistos como un problema, y eso es preocupante. Pero lo es más que una parte significativa de la ciudadanía empiece a ver con comprensión o, peor, simpatía los postulados xenófobos y racistas representados por Josep Anglada. El factor Anglada y la abstención son las dos variables que más pueden hacer variar las previsiones. Por encima del eternamente aplazado fallo sobre el Estatut. Es ­preciso tener en cuenta que el potencial elector de la fuerza de Anglada es más transversal de lo que podría parecer.
Catalunya es un país plural y complejo. En el contexto estatal, las nuevas expresiones políticas tienden a aflorar entre nosotros. Eso es lo que pasó con el nuevo nacionalismo español de Ciudadanos, precedente del españolismo duro, intransigente y retóricamente progresista del partido de Rosa Díez. Ahora podría volver a pasar con la derecha xenófoba. El fenómeno de esta nueva extrema derecha que ya se ha liberado de la simbología fascista se ha ido generalizando. No veo ningún motivo para pensar que la sociedad catalana o española están vacunadas contra cualquier brote político de fundamento racista. Por eso tengo la convicción de que lo peor que podrían hacer nuestros políticos de tradición democrática es caer en la tentación de especular electoralmente con el fenómeno. Al fin y al cabo, lo que está en juego es nuestro mejor patrimonio colectivo: la convivencia cívica de un solo pueblo que quiere participar de un proyecto común desde la diversidad. Ni más ni menos.

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