«Españoles y rusos no son muy diferentes»
Las Provincias, , 26-03-2010«La perestroika supuso un cambio radical en la vida de Rusia, donde antes prevalecía la seguridad laboral. En mi caso pasé de trabajar como ingeniera a ser carnicera pero al menos nunca me faltó el trabajo. Yo conocí gente que llegó a suicidarse. Para mí, afortunadamente, no fue traumático».
Así rememora Svetlana, una rusa de 40 años bien llevados, la progresiva caída del régimen soviético a finales de los años 80. No fue exactamente por el caos económico por lo que decidió dejar la ciudad de Tula, donde residía. «La verdad es que no me gustaba la vida en Rusia y estaba un poco harta. Tampoco me traumatizó dejar de trabajar como ingeniera. Yo estudié porque en aquella época todo el mundo estudiaba si valía y cuando las cosas cambiaron mi labor no era rentable. Por lo que en 1999 decidí lanzarme a la aventura con otros cinco rusos y viajamos hasta Madrid».
En la capital de España estuvo un par de años trabajando en negro, hasta que una amiga que había conseguido el asilo político y residía en Valencia la animó a instalarse en esta ciudad. «Aquí también estuve una temporada limpiando en casas, y cuidando niños porque no tenía papeles y no podía buscar otro tipo de actividad. Luego fui camarera en un restaurante de la playa y después estuve al frente de un bar de un hogar del jubilado. Y en este restaurante, donde soy la cocinera de especialidades vascas (se ríe) ya llevo cinco años. Bueno, la verdad es que a veces también preparo cosas rusas, si me lo piden los clientes».
Svetlana tiene ahora la residencia permanente y reconoce que en su caso no hubo problemas para la regularización. «Tuve suerte de conocer una época en la que aún no había muchas trabas administrativas, sólo había que demostrar que tu fecha de llegada era anterior a un año determinado. En fin, el caso es que yo me integré muy bien aquí desde el primer momento. No veo muy diferentes a los españoles de los rusos, aunque es cierto que la gente es más abierta aquí». Tampoco se ha sentido nunca rechazada y ni peor tratada por ser extranjera. «Y eso que mi acento me delata, no consigo hablar español con fluidez pese a los años que llevo aquí. Pero desde luego que nunca me han discriminado por ser inmigrante».
Svetlana no ha perdido del todo la relación con su país: «Todos los años voy a Tula durante mis vacaciones, a ver a mi madre y a mi hermano que están allí. También voy a veces a un centro ruso, por la zona del puerto, donde se hace comidas típicas y se pasan películas pero no tengo especial nostalgia. Ahora, a veces, me veo rara en Rusia, me costaría acostúmbrame de nuevo a la vida de allí. Es lógico. Como anécdota diré que los cinco rusos con los que vine hace once años se han quedado todo. Mi vida está en Valencia. Tengo una pareja estable hace tiempo y es valenciano. Pero no tuve hijos porque la vida que he llevado no me lo permitió. Y ahora me parece tarde para empezar».
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