Cacheos y detectores de metales en las discotecas de los bajos de Azca
El Mundo, , 28-02-2010Los locales refuerzan su seguridad tras las últimas operaciones policiales contra las bandas latinas. Hay hasta diez peleas diarias, según el responsable de una sala Las discotecas latinas ubicadas en los bajos de Azca empiezan a parecerse a los garitos de los barrios más duros de Nueva York. Debido a las frecuentes peleas que tienen lugar en la zona, muchos porteros han optado por los cacheos y el uso de detectores de metales para evitar que los clientes entren armados en los locales, según pudo comprobar ayer EL MUNDO.
Se ha llegado a un punto en el que a los puertas no les importa si los juerguistas van con zapatos o zapatillas; eso sí, las pistolas, navajas y puños americanos se quedan en casa. Este nuevo enfoque es consecuencia directa de la espectacular escalada de violencia que se produce en todo el subterráneo cada fin de semana, pasadas las dos de la madrugada, y que a veces ha terminado de forma trágica.
Ninguno de los clientes habituales puede olvidar que hoy se cumplen seis meses desde que mataron a tiros a un joven que salía de una de estas discotecas. En su momento, el crimen se relacionó con un posible conflicto entre bandas latinas. Un problema que parece seguir activo si se tiene en cuenta que, hace una semana tan sólo, la Policía detuvo a la cúpula dirigente de los Latin Kings.
Con estos antecedentes, muchos de los propietarios de los locales temen que puedan producirse nuevos crímenes.
Mientras los temores de los empresarios de los locales se hacen realidad, miles de chavales de origen latino siguen acudiendo a esta zona de marcha de Madrid. Hay de todo: ecuatorianos, dominicanos, colombianos, paraguayos y peruanos.
Todos ellos se someten con paciencia a los cacheos en la entrada de las distintas salas de fiesta. Ni siquiera los más jóvenes se libran de este tratamiento y ninguno admite sentir algún tipo de preocupación sobre la posibilidad de salir malparado en una eventual pelea. «Sólo se meten en líos los que se lo buscan», aseguró tajante uno de los juerguistas más jóvenes.
Su optimismo no era del todo convincente, al menos para los porteros del lugar. Ayer, poco después de las nueve de la noche, el vigilante de uno de los locales se dedicaba a comprobar que nadie entrara con armas ocultas mediante el método del cacheo.
En ese momento, no creyó oportuno usar el detector de metales portátil, una maquina muy similar a la que emplean los miembros de seguridad en los aeropuertos. «El detector lo sacamos más tarde, pasada la medianoche. Ahora no merece la pena porque todos los que quieren entrar son menores de edad», destacó.
El trabajador sabe bien cuando se pueden esperar problemas en una zona que parece haberse ganado a pulso la fama de conflictiva. «Se suele liar cuando la gente sale borracha, sobre las dos de la mañana», dijo.
Esta opinión parece justificada por la abundante presencia policial que suele patrullar la zona. Los agentes salen de un cercano puesto situado al lado de una de las discotecas.
Sin embargo, los desvelos de los policías no parecen ser suficientes para rebajar los ánimos de los más exaltados. «Se produce hasta una decena de reyertas diarias», manifestó el gerente de uno de los locales, que prefirió mantenerse en el anonimato.
El empresario explicó que cada discoteca suele atraer a clientes de una nacionalidad concreta pero que «en dos de ellas se mezclan personas de varios países distintos y es donde suelen gestarse la mitad de las peleas». A su entender, se debería incrementar el número de patrullas policiales «porque las peleas se producen muy rápido y suelen haberse terminado cuando la Policía hace acto de presencia», arguyó.
Con este panorama, el propietario justificó las nuevas medidas de seguridad. Aun así, el empleo de detectores de metales no es del todo nuevo. El asesinato de un joven dominicano hace medio año parece que empezó a extender su uso. «Sobre todo se lo aplicamos a aquellos que nos parecen conflictivos», sentenció uno de los porteros.
Por otra parte, las asociaciones vecinales de la zona tampoco parecen muy contentas con la actual situación y señalaron que existe «una gran preocupación» entre los residentes y las entidades comerciales distribuidas a lo largo de la calle Orense
En este sentido, se lamentaron de que se siguen permitiendo altos niveles de ruido, destrozos urbanísticos y desechos que «han soportado hasta ahora». «Los bajos se convierten en nauseabundos urinarios, en aceras con agujeros y baldosas rotas peligrosas para los viandantes», informa Europa Press.
Pese a las quejas de los vecinos, los propios clientes latinos aseguran que ha habido una disminución en el número de pandilleros que pululan por el lugar.
No obstante, descartaron que todos los problemas de seguridad fueran culpa de las bandas latinas. «Tienen muy mala fama por culpa de los medios de comunicación. En realidad no se meten con la gente normal», comentó una jovencita que afirmó haber visto a los integrantes de algunas de estas tribus urbanas a lo largo de sus salidas de fin de semana
Muchos jóvenes latinoamericanos achacan a la actuación de la Policía la causa de esta menor presencia de grupos conflictivos. No hay que olvidar que al descabezamiento de la cúpula de los Latin Kings se le suma otra operación de la Guardia Civil que hace cuatro meses se saldó con la detención de 40 integrantes de la banda latina Dominican don’t play.
No obstante, mientras se encuentra una solución definitiva al problema, las peleas en la zona seguirán siendo la tónica habitual de cada fin de semana.
El polvorín de cada fin de semana
>La zona de Azca se convierte cada fin de semana en un polvorín pasadas las dos de la madrugada. Entonces, muchos jóvenes salen de las discotecas en estado de embriaguez y se enfrascan en peleas. «Hay hasta una decena en una sola noche», comenta el gerente de un local.
>Los vecinos aseguran sentirse abandonados por las Administración y lamentan el deterioro. Entre las principales quejas destaca el aumento de la suciedad.
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