REPORTAJE: Cómo alcanzar Europa desde Níger
Camiones patera
El País, , 28-02-2010Me encuentro sentado en el espacioso salón de la casa de Paolo Giglio, cónsul de Italia en Niamey, la capital de Níger, un día de calor sofocante. Hablamos de mis planes para visitar el norte del país para fotografiar los convoyes de trabajadores que salen desde Agadez hasta Libia cada quince o veinte días. Justo cuando estoy a punto de marcharme, me hace una clara advertencia: “Nadie puede entrar o salir de Agadez en un convoy sin escolta. Además, los periodistas tienen prohibida la entrada en la zona durante dos años. Mi obligación es desaconsejar a cualquiera que desee viajar a ese lugar”.
En la región de Air se necesita la compañía de una escolta militar para proteger a los vehículos y sus pasajeros de los ataques de la milicia Movimiento de Nigerianos por la Justicia que están luchando desde 2007.
La guerra, el Ejército y los numerosos controles para entrar o salir de Agadez no impiden, sin embargo, la afluencia mensual de 7.000 personas que esperan cruzar el desierto del Teneré a Libia por una de las rutas más utilizadas por los inmigrantes ilegales. Durante más de diez años, este itinerario ha sido el preferido por la mayoría de trabajadores que emprenden el camino desde Libia y tienen Lampedusa (Italia) como destino final. Siendo tan peligrosa como es, debido a unas condiciones de viaje extremas y al riesgo constante de ataques en un territorio demasiado grande para ser convenientemente vigilado, esta ruta es inescrutable, sobre todo por el número de incidentes que ocurren a lo largo de su recorrido. La dificultad de realizar un registro de las muertes hace imposible obtener un cálculo exacto del precio pagado en vidas humanas, aunque las estadísticas hablan de una tasa de mortandad de entre el 12% y el 15% de todos aquellos que deciden hacer este viaje. Sin embargo, estas cifras a menudo se redondean a la baja. La nacionalidad de los trabajadores depende de la situación interna de sus países de origen y, al menos durante los últimos años, la mitad de ellos proceden del sur de Nigeria, una zona asolada por la pobreza, el atraso, la corrupción y la contaminación por los pozos petrolíferos.
Situaciones sociales difíciles conducen a numerosos jóvenes de entre 20 y 30 años, a menudo con educación , a intentar llegar a Europa cruzando el desierto del Teneré (la parte sur – central del Sáhara). Una vez que consiguen alcanzar la mitad del desierto, una parada obligatoria es el oasis de Dirkou, aún en Níger. La mayoría de los trabajadores saldrán hacia Libia desde este pueblo, pero otros, sin medios económicos o estafados durante el viaje, permanecerán ahí, dramáticamente atrapados. Para ellos, la única forma de escapar de esta prisión es encontrar un patrón que les proporcione trabajo y les pague los 70.000 francos CFA (107 euros) que necesitan para realizar el viaje hasta Al Gatrun, el primer oasis en el desierto de Libia. ¡Trabajar siete u ocho meses y cobrar 15 euros al mes sólo para salvar sus vidas! Gracias a este trabajo de esclavos mal pagados, Dirkou ha experimentado durante los últimos seis años un nivel de desarrollo anteriormente inimaginable, tal y como reconoce su alcalde, Boubacar Djerome: “Sin los extranjeros, Dirkou no existiría”. ¿Cómo no estar de acuerdo con esta afirmación cuando antes de 2003 en Dirkou no había ni agua corriente ni electricidad ni telefonía móvil?
Algunos de los que han permanecido atrapados y han dejado en casa mujer e hijos esperando los frutos de este viaje son los primeros que sucumben a esta situación adversa. Sienten malgastado el tiempo en el desierto y empiezan a preguntarse si no harían mejor en emprender el camino de vuelta. Pero sólo el hecho vergonzoso de pensar en volver con menos dinero del que tenían cuando decidieron iniciar el viaje les obliga a trabajar en condiciones cercanas a la esclavitud. Hassan, Radi y Aboubacar habían estado varios meses atrapados en el Teneré cuando los conocí. Ésta es su historia.
Traducción de Virginia Solans
(Puede haber caducado)