Cuando un idioma de los indígenas se extingue 

Prensa Libre, 21-02-2010

“Cuando muere una lengua, para siempre se cierra a todos los pueblos del mundo una ventana, una puerta, un asomarse de modo distinto a cuanto es ser y vida en la tierra. Cuando muere una lengua, sus palabras de amor, entonación de dolor y querencia, tal vez viejos cantos, relatos, discursos, plegarias, nadie, cual fueron, alcanzará a repetir”.

De esa forma lamentaba el antropólogo e historiador mexicano Miguel León – Portilla, experto en literatura náhuatl, la desaparición de las lenguas en un artículo publicado en la revista Letras Libres, en el 2002.

Ocho años más tarde, ese clamor tiene especial importancia en Guatemala, donde año tras año la situación de los idiomas indígenas es más vulnerable.

Mientras el mundo celebra hoy el Día Internacional de la Lengua Materna, el país presencia cómo tres de los 23 idiomas indígenas se encuentran en peligro de extinción, lo que tiene altos costos para la identidad y la cultura de la Nación.

De acuerdo con el último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), las lenguas que viven una situación más crítica son el xinca y el itza’, mientras que el mopán está en grave peligro.

El xinca, que se habla en los departamentos de Santa Rosa, Jutiapa y Jalapa, tiene actualmente mil 283 hablantes, de acuerdo con Lucía Verdugo, oficial de Educación de la Unesco en Guatemala.

Por otra parte, el itza’, que se puede escuchar en San José, Petén, es hablado por mil 94 personas, según el Mapa Mundial de las Lenguas en Peligro, de la Unesco, editado en el 2009.

Este documento alerta también sobre la situación del mopán, lengua tradicional de los habitantes de Dolores, San Luis, Melchor de Mencos y Poptún, Petén, y que hablan unas dos mil 455 personas.

Otros idiomas en peligro son el poqomam, el ch’orti’, el tz’utujil, el sakapulteko, el sipakapense, el tektiteko y el jakalteco.

Entender las causas de este drástico escenario implica sumergirse en una realidad sociopolítica que tiene diferentes matices.

De acuerdo con Luis Enrique López, del Programa de Apoyo a la Calidad Educativa (PACE), uno de los principales motivos es que las lenguas indígenas han quedado rezagadas entre la población mayor de 35 años.

Este proceso, conocido como de pérdida generacional de un idioma, se debe, en parte, a que el castellano va ganando terreno como lengua de sociabilización entre los más jóvenes, explica López.

Y así, mientras la identidad indígena sigue muy presente a través de las vestimentas; detrás, la voz de los pueblos nativos va perdiendo fuerza, a menudo como consecuencia de una opresión y marginación histórica.

“Muchos jóvenes no quieren hablar su lengua y muchos niños simplemente no tienen la oportunidad porque los padres dejan de enseñárselo, para evitar que sufran la discriminación de la que ellos han sido víctimas”, relata López, quien agrega que “el racismo rampante va en contra de todo tipo de diversidad”.

De esta forma, mientras el mundo se interculturaliza debido a la globalización —que ha puesto sobre el tapete las diferentes expresiones culturales—, Guatemala se homogeneiza, opina el coordinador del PACE.

Atribuir la responsabilidad de esta pérdida a la historia sería, sin embargo, parcial, tal y como señala López: “Si alguien abandona algo tan íntimo como el idioma, es primero por una opresión histórica, pero también porque los espacios cedidos a las lenguas indígenas son todavía muy limitados”.

En Guatemala —a diferencia de otros países como Bolivia y Ecuador, donde las nuevas constituciones reconocen Estados plurinacionales— se ha caminado poco para integrar las lenguas indígenas en la vida pública.

“La mayoría de países de América Latina todavía no han logrado adaptar el modelo de Estado a la heterogeneidad de sus sociedades”, dice López.

De acuerdo con Eduardo Sacayón, director del Instituto de Estudios Interétnicos (Idei) de la Universidad de San Carlos (Usac), uno de los principales problemas ha sido la falta de un sistema educativo bilingüe intercultural.

“Guatemala tiene una situación de desequilibrio, ya que existe una lengua dominante y apabullante en todo el país que no permite que se promueva el desarrollo de otros idiomas”, refiere Sacayón, quien considera que “las instituciones escolares juegan un papel fundamental” en fomentar la diversidad lingüística.

Los establecimientos educativos suponen el primer contacto importante para los niños, por lo que puede condicionar su desarrollo.

“El primer choque que puede tener un niño al ir a la escuela es tener que asumir como lengua propia un idioma que no le pertenece”, asevera Sacayón, quien detalla que ello suele causar ausentismo y deserción infantil.

A pesar de la relevancia de estas instituciones, el fomento de las lenguas indígenas no tiene que enmarcarse solo en las aulas, considera el director del Idei.

“Debe haber un compromiso político de todas las instituciones nacionales, ya que la situación de los idiomas afecta todos los servicios públicos a los que la población tiene acceso, como la salud o la justicia”, dice Sacayón.

Por ello considera fundamental que las municipalidades aprueben, dentro de sus planes de desarrollo social y cultural, unidades específicas que permitan la preservación cultural, y entre ellos el idioma, como incluir las señalizaciones en las lenguas indígenas.

El problema de Guatemala no es la ausencia de normativas, ya que el país tiene 34 normas legales, entre decretos, resoluciones y leyes, la mayoría de las cuales incluyen la educación bilingüe, sino el incumplimiento de estas.

Leonel Pacay Rax, presidente de la Academia de las Lenguas Mayas, asevera que es fundamental que se aplique la Ley de Generalización de la Educación Bilingüe, aprobada en el 2003, la cual incluye el derecho de los niños y jóvenes indígenas a estudiar en su lengua.

Según Pacay, el riesgo de perder algunos idiomas nativos no solo es atribuible a que el castellano gane espacios, sino a que algunos pueblos optan por hablar lenguas indígenas mayoritarias “al ver que estas ofrecen mayores posibilidades laborales”.

Por ello considera que lo esencial es fortalecer “los idiomas minoritarios”. La tarea no es fácil, debido a que “a muchos jóvenes ya no les gusta identificarse como parte de su pueblo y su cultura”, lamenta Pacay, también partidario de que la generalización alcance a todos los servicios.

“De lo contrario persistirán las injusticias, como sucede en muchos procesos donde los indígenas a menudo se sentencian a sí mismos al no saber lo que les están preguntando”, indica.

Con este panorama resulta evidente afirmar que la preservación y recuperación de las lenguas indígenas supone una prioridad nacional.

Tal y como relató Pacay, cada uno de estos idiomas encierra una identidad cultural específica. “El poder compartir algo en nuestras lenguas permite mantener la esencia de las historias que nos relataban nuestros abuelos, una esencia que se pierde al traducirlas al castellano”, asegura.

Con la discriminación de una lengua se daña también la autoestima de decenas de comunidades que, debilitadas por la falta de reconocimiento, difícilmente contribuirán al desarrollo de su país, explica Enrique López.

Aunque tal vez el mayor riesgo de la desaparición de lenguas centenarias sea la pérdida de culturas históricas fuertemente vinculadas al medio ambiente. Pues, tal y como recuerda López, “cuando muera el último hablante de una lengua indígena se llevará consigo un bagaje de conocimientos que tiene que ver con una forma de entender el mundo”.

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