ÁNGEL MARCOS / Artista invitado al 'stand' de EL MUNDO

«El arte tiene, entre otras misiones, la de amplificar mensajes nobles»

El Mundo, ANTONIO LUCAS, 19-02-2010

Madrid


No se trata de especular con el daño, sino de ir directamente al terrotorio de la denuncia. Es el propósito del artista vallisoletano Ángel Marcos (Medina del Campo, 1955) para dar contenido en esta edición de Arco al stand de EL MUNDO. La suya es una instalación fotográfica directa que tiene en el drama de la inmigración y la opulencia de Occidente su epicentro. Todo bajo el título de La mar negra.


Pregunta. – La instalación tiene un claro afán de compromiso social.


Respuesta. – Creo que es importante que el arte aproveche su megafonía para incidir también en temas de carácter ético.


P. – En este caso, la inmigración.


R. – Así es. Es la primera vez que monto esta pieza, compuesta por 13 retratos de senegaleses de la zona de San Luis (y alrededores) colgados de las paredes que se complementan con la gran mesa que ocupa el stand de EL MUNDO, donde están serigrafiados los restos de un banquete propio de Occidente.


P. – A la entrada del espacio hay una frase: «En nuestro paraíso la abundancia tiene la apariencia de virtud». ¿Resume su intención?


R. – Es una forma de anunciar que lo que el espectador se va a encontrar. Un modo de decir que he querido trabajar desde una mirada limpia y directa, que huye de los eufemismos y los rodeos para llegar a decir su mensaje.


P. – O los mensajes, porque en este trabajo no sólo hay un camino de interpretación.


R. – Así es. Las posibilidades de lectura son amplias, aunque tenga una dirección clara y última. Otra posibilidad de entender esta propuesta podría ser la de imaginar que mientras estamos en el banquete tenemos los retratos de estos inmigrantes colgados en la sala. Mirándonos. Asistiendo a nuestro festín. A mí me daría vergüenza. Incluso temor, pues estamos propiciando de ese modo una forma de violencia. Es una actitud muy occidental, la incapacidad de despojarnos de cosas y la generosidad de invitar a los otros, a los desclasados. Tenemos que hacer una reflexión en torno a todo esto. No podemos seguir siendo los espectadores privilegiados de la desigualdad y la injusticia que en tantas ocasiones estamos propiciando.


P. – ¿El arte contemporáneo puede ser en este sentido una escuela de tolerancia?


R. – Porqué no. Tenemos que hablar más de las cosas. Intercambiar opiniones y preocupaciones. El arte, entre otras muchas misiones, tiene la de amplificar los mensajes nobles. Por eso aquí el resultado de una agresión está representado con la exhibición de la comida, uno de los signos de opulencia de nuestro mundo privilegiado, a la vez obsesionado con los productos light. Qué paradoja.

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