La Guardia Civil carece de medios para combatir la llegada de alijos y pateras
ABC, , 14-02-2010ALICANTE. El Servicio Marítimo de la Guardia Civil carece de medios adecuados para combatir la llegada de pateras y alijos de droga en la Comunidad Valenciana. Una plantilla completamente desmoralizada, más que diezmada por las bajas médicas, y condenada a utilizar medios obsoletos que limitan la eficacia de su trabajo. Así han resumido miembros de este cuerpo las condiciones en las que tienen que desarrollar su labor.
El nuevo modelo de organización impuesto desde el pasado mes de diciembre ha puesto en jaque a esta unidad en la Comunidad Valenciana. Hasta aquel momento, los agentes patrullaban la costa en turnos de 24 horas para prevenir el desembarco de alijos de droga, detectar la llegada de pateras y auxiliar a las embarcaciones que se encuentren en dificultades.
En diciembre entró en vigor un nuevo protocolo según el cual los servicios en alta mar se efectúan en turnos de seis u ocho horas. El resultado, denuncian agentes de esta unidad consultados por ABC, es que se ha perdido eficacia al realizar únicamente desplazamientos cortos.
En el dique seco
Los agentes no pueden conciliar su vida laboral con la familiar ya que los horarios se alteran constantemente y trabajan en permanente «estado de tensión». La mitad de la plantilla en las provincias de Valencia y Castellón se encuentra de baja médica.
Y, tal como ha informado ABC, ahora pueden transcurrir entre tres días y una semana sin que ninguna patrullera se haga a la mar, lo que impide intervenir ante la llegada de una patera o una planeadora con droga.
Pero a esta situación se unen unos medios técnicos obsoletos. La «joya de la Corona» de la flota del Servicio Marítimo es una embarcación de 12 metros de eslora (para una tripulación de tres o cuatro agentes) con más de doce años de antigüedad. Tuvo que ser reacondicionada después de permanecer dos años en el dique seco, con todos los permisos caducados, tras prestar servicio en Cartagena.
Carece de cámara térmica de visión nocturna, necesaria para identificar y grabar objetivos sospechosos a larga distancia. Además, señalan los agentes, el elevado nivel de ruidos en la cabina, las emanaciones de gases procedentes del depósito de combustible y la falta de ventilación interna hacen más que dudoso que pudiera pasar cualquier control de seguridad laboral.
Cambios organizativos
También carece de cámara térmica otra de las patrulleras, de 17 metros de eslora. Y otra embarcación semirrígida, de 12 metros de eslora con cabina no tiene autonomía suficiente para realizar trayectos largos y no está acondicionada para navegar en condiciones meteorológicas adversas.
Con los cambios organizativos, también se han impuesto nuevos servicios de dudosa utilidad. Los miembros del Servicio Marítimo deben patrullar ahora el interior del puerto comercial y de mercancías de Valencia a bordo una embarcación semirrígida de siete metros de eslora. Algo que incrementa los riesgos al tener que desplazarse entre las maniobras de los grandes buques.
Agentes consultados por ABC atribuyen la actual situación al desconocimiento del medio marino por parte de algunos mandos. «Es como si pusieran a un almirante al frente de la Acorazada brunete», dice gráficamente un miembro de este servicio.
Cumbre en Madrid
Esta situación se ha puesto sobre la mesa en una reunión de alto nivel del Servicio Marítimo celebrada en Madrid. La dirección del Instituto Armado se ha mostrado sensible al malestar reinante, ante unas directrices que restan eficacia a la labor del cuerpo.
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