Sociedad
L'Alquerieta, un barrio teñido de sangre
Las Provincias, , 14-02-2010El 30 de marzo de 2006 el barrio de l’Alquerieta de Alzira se tiñó de sangre por un cuádruple asesinato cometido por el clan gitano de los Mantequilla que mataron a quemarropa a cuatro miembros de los Kung – Fu.
Pero, apenas dos días después del juicio celebrado en Valencia, esta zona de Alzira volvió a temblar. «Cuando me enteré creía que era lo mismo que hace cuatro años, todo coincidía», comentaba un vecino.
Y es que sobre las nueve de la mañana del pasado jueves un grupo de unas 20 ó 30 personas bajaron desde la plaza Menéndez Pelayo hasta la calle Alonso Ojeda, la misma donde se produjo la masacre de 2006, y se produjo una reyerta entre dos familias de origen rumano por el rapto de una chica para obligarla a casarse con un joven del clan rival, una costumbre arraigada en el pueblo gitano rumano.
Las consecuencias no fueron tan trágicas como la de los Mantequilla y los Kung – Fu, pero el móvil y la calle coincidían y la gente en el barrio se asustó porque también hubo sangre, dolor e indignación.
«No podemos dormir, por la noche se suben a las terrazas y roban y hacen lo que les da la gana», aseguraba ayer una mujer a LAS PROVINCIAS que vive junto a la calle Alonso Ojeda.
Los vecinos tienen miedo hasta de hablar porque hay «una marabunta de gente que ocupa las casas, son de origen rumano y nadie les dice nada», señaló Vicente, otro residente que lleva 30 años en l’Alquerieta.
Pero si alguien lo sabe todo sobre esta barriada es el presidente de la Asociación de Vecinos, Salvador Oliver. «Yo a este problema no le veo solución si no toman cartas en el asunto todas las autoridades. Aquí no se va a poder vivir», explicaba.
Y es que con la libre circulación de personas entre países de la Unión Europea, a Alzira, al igual que a otros lugares, llegaron miles de rumanos.
«Los que viven ahí arriba – refiriédonse a la calle Alonso Ojeda – no trabajan, parece que no quieren trabajar, no ponen interés por integrarse y uno cuando va a un país extranjero tiene que saber adaptarse», señalaba Oliver.
Pero el recuerdo de la matanza sigue vivo en l’Alquerieta. Un testigo de aquella tragedia aún tenía en la retina lo que pasó. «Sobre las cinco y media del 30 de marzo de 2006 llegaron un grupo de gitanos (Los Mantequilla) a la casa de los Kung – Fu y la armaron bien armada, sangría, gritos, histeria y desolación».
Cabe recordar que ambos clanes estaban enfrentados porque un joven de los Kung – Fu – una de las víctimas – pretendía llevarse por la fuerza a la hija de uno de Los Mantequilla, algo muy similar a lo que pasó el pasado jueves, aunque en menor grado.
Los acusados mantuvieron reuniones y conversaciones previas para tratar el tema, y finalmente decidieron resolver el problema acabando con la vida de los miembros del clan rival. Los Mantequilla reunieron a 16 de sus integrantes y acudieron a la citada dirección armados con pistolas y cuchillos.
La mayoría de ellos entró en el comedor de la vivienda, donde se encontraban cuatro hombres y una mujer de los Kung – Fu. Los acusados «comenzaron a disparar de forma sucesiva y reiterada» contra todos ellos y se turnaron con los que estaban en el exterior. Al final, cuatro muertos que dejaron al barrio conmovido y asustado.
La misma historia
Cuatro años después la misma historia pero con distintos collares. Al final no ha habido desgracia y al parecer, incluso en la declaración ante la jueza, antes de poner en libertad a los 13 detenidos, hubo un pacto de silencio entre ambos bandos y al parecer se callaron muchas cosas, al igual que hicieron con los medios de comunicación.
La Policía Nacional sigue vigilando la zona para que no se produzcan más altercados y los otros vecinos comienzan a hacer vida normal dentro de lo posible, aunque muchas de estas familias están paradas y lo «único que pretendemos es trabajar y darles pan a nuestros hijos. Con la crisis habrá menos convivencia y más violencia», señalaba.
«Queremos olvidar, queremos que no suceda más pero hay que hacer algo con esta gente que viene de fuera y hace lo que le da la gana», explicaba otra vecina.
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