«Te vuelves más crítico cuando estás fuera de tu país»
El Correo, , 14-02-2010Tiene mucha práctica en hacer maletas. A los 15 años ya se convirtió en una experta de viajar de un lado para otro. Con esa edad, Elena Martínez aprovechaba los veranos para conocer diferentes culturas y «salir de la rutina diaria». Pero esta vitoriana no prolongó las estancias fuera de casa hasta terminar la carrera de Secretariado Internacional. Así empezó la aventura de esta trotamundos vasca. Su primera escapada larga fue a Inglaterra durante seis meses para perfeccionar el inglés. Y seguido se marchó a Francia para aprender otro idioma. Todo era poco. Su única intención: crecer en lo personal y profesional. Un objetivo que le ha conducido a Reino Unido, Estados Unidos y, hace tres años, a Holanda. Su última parada.
«Me acostumbro enseguida a los cambios. Te haces con un círculo de amistades internacional y, si eres abierto, la experiencia es muy positiva», resume esta alavesa de 30 años. Y lo dice alguien que lleva media vida subiendo y bajando de un avión. Después de residir un año entre Brighton y Burdeos, Martínez quiso volar más alto. Cruzar el ‘charco’. Un acuerdo entre la Universidad de Navarra y la de Nueva York le abrió las puertas para obtener una doble titulación en Empresariales y Comercio Internacional.
Una vez cerca de la Gran Manzana se empapó de su típico estilo de vida. «En comparación con España, la enseñanza es mucho más práctica. Eso sí, en la primera universidad que estuve parecía como si me hubiesen soltado en medio de una película americana. Pero no es más estresante que vivir en una gran ciudad europea», matiza. Al acabar los estudios, realizó ocho meses de prácticas en una empresa. Un tiempo más que suficiente para darse cuenta de que su sitio estaba en Europa.
EE UU le resultó demasiado superficial. «Echaba de menos las pequeñas cosas como tomar un café y leer el periódico en un bar de la esquina. Vas a todos los sitios en coche y todo la gente lleva vasos del Starbucks». Pese a estos aspectos, Martínez declina la balanza hacia lo positivo.
La aventura americana le llenó a esta vasca en todos los sentidos. Pero necesitó un tiempo para digerir tanto aprendizaje. Para ello regresó a Vitoria y encontró trabajo como directora de exportación en una empresa de Ingeniería. A los 24 años consiguió un puesto de responsabilidad e hizo labores de prospección de mercados en Francia, Alemania y Latinoamérica. Su mente, sin embargo, iba un paso más allá. Así que al año decidió completar su ciclo educativo con un máster. «Era un buen momento. Hice un MBA Internacional entre París y Barcelona. Recuerdo que era la única española».
Con semejante currículum debajo del brazo, esta vasca sólo tenía que pensar en su nuevo destino. Una decisión en la que intervino no sólo la cabeza, sino también el corazón. Durante su estancia en EE UU conoció a su actual novio. Él nació en Madrid, pero su pasaporte es holandés. Lo curioso es que nunca había estado en su país de origen hasta hace cinco años. Fue entonces cuando la pareja de Martínez se fue a los Países Bajos a hacer un máster, y ella le siguió los pasos.
Una mudanza fácil
«Estuve un tiempo en Vitoria antes de irme a Holanda. Pero me fui con un puesto de gerente de marketing para la división de comida de bebé de Danone, que tiene la central en Amsterdam». La oferta no pudo ser más tentativa. La compañía le preparó un pack de mudanza: tres meses de alojamiento en pleno centro, un asesor fiscal, una agencia para buscar piso…
Menos mal que le agilizaron los trámites porque Holanda destaca por una «burocracia complicada». En resumidas cuentas: «Te vuelves loco para todo». Es uno de los tópicos que se cumple. El tema del ‘libertinaje’, sin embargo, está sobrevalorado. «El barrio rojo está ahí por los turistas, pero el Gobierno trata de reducir esa zona porque no quieren que Amsterdam sea conocido por esto. Y en lo que se refiere a las drogas y el alcohol también está más enfocado al turismo. Luego todo es más normal». Eso sí, los holandeses no tienen pudor a la hora de mostrar la intimidad de sus hogares. De hecho, las casas tienen ventanales muy grandes y la mayoría están abiertos y sin cortinas.
Esta vitoriana está satisfecha con su vida en la ciudad de los canales. Pero no cree que acabe allí para siempre. «Trabajo marcas de alta gama en Asia y me gusta como viven. Por eso, mi intención es irme allí un año o dos. Y después de la experiencia, volver a España. Eso sí, te vuelves más crítico cuando estás fuera de tu país y echas de menos otras cosas». Hasta que retorne a casa le quedan pendientes otros viajes. Este mes le toca volar a Hong Kong y en marzo a Venezuela.
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