AMOR XXI
TRASIEGO Y LIBERTAD
El Mundo, , 14-02-2010INTERCULTURAL / El nuevo siglo ha traído y traerá mayores posibilidades de encuentro y amor entre gentes de distinta raza, cultura o religión, pero también grandes y reforzadas limitaciones La paradoja de las profecías es que casi siempre se equivocan. El amor en tiempos globalizados: intercambios posibles, nuevas tecnologías que propician el soñado contacto, muchos viajes acelerados, una reunión, un negocio, saltar de un lugar a otro, manejarse en distintos idiomas, acumular experiencias, comidas exóticas, costumbres ajenas; viajes también dolorosos, en patera o en avión, para llegar al otro lado. Viajes por trabajo, de intercambio cultural, viajes profesionales o simplemente aventureros o modestos viajes de turistas que se agolpan y corren, siguiendo al guía de un lado para otro, o atrevidas travesías para llegar al Paraíso prometido.
Estamos interconectados y el amor que puede surgir en cualquier esquina se hace variopinto, sugerente y muy atractivo. Lo desconocido tiene su encanto. Las morenas para los nórdicos, rellenitas y extrovertidas, y rubias de ojos violetas guiñándoselos al bajito mediterráneo de pelo negro y frondoso. ¡Aquellas suecas de los sesenta, liberadas con bikini y encandilando al personal! Hoy la oferta se multiplica y se diversifica. Africana de piel reluciente y tersa, latinas de nalgas opulentas, cubanos de caderas móviles, rusas lánguidas y sinuosas, frías como témpanos y siempre realistas, asiáticas misteriosas de ojos rasgados, de cabellos lacios y manos ágiles para el masaje o la caricia. Una carta con oferta renovada. El mundo se transforma deprisa, como se transformaron a lo largo de los siglos XIX y XX países que nos llevan ya ventaja, países que surgieron de la emigración, y que han vivido la experiencia de la mezcla y del gueto. La mezcla entre gentes de distinta procedencia, costumbres, cultura o religión y el gueto defensivo en que se agrupan para compartir unos recuerdos, unas tradiciones, unas creencias y una identidad que es sólo añoranza. Hacia eso vamos.
Porque ambos fenómenos van unidos. El gueto surge siempre de una necesidad del que llega. Es un grupo de apoyo, un recurso para la supervivencia: el folclore, los cantos de la tierra, las comidas especiadas o dulces, la mezquita o la sinagoga o la iglesia con cúpulas bizantinas. Una especie de afirmación de la identidad frente al extraño, que puede tragarnos y nos anula. Y por eso el gueto se fortifica y es difícil romper las barreras, huir de él. Y las relaciones amorosas de aquél que quiere salirse se vuelven afrenta. Romeo y Julieta se repiten una y otra vez y no sólo en el West Side Story de los cincuenta. Lo vemos en las películas, Adivina quién viene esta noche o en Mi gran boda griega. Y en otras muchas: chinos norteamericanos que narran la enorme dificultad para que los mayores acepten una posible relación entre hombres que se aman o con una muchacha o un muchacho perteneciente a cualquier otra minoría; o un pakistaní o un hindú que se resiste a renunciar a su amor para casarse con aquella mujer de su país de origen a la que ni siquiera conoce. Hay y habrá mayores posibilidades de encuentro y amor entre distintos y al mismo tiempo grandes limitaciones, reforzadas. Pero el fenómeno no puede frenarse, aunque algunos índices, como el aumento del fanatismo religioso y la desconfianza o la reivindicación de las pequeñas comunidades o nacionalidades frente al Estado tragaldabas, podrían indicar lo contrario: mujeres liberadas que quieren ponerse el velo y ante la crisis económica, recelos y rebrotes racistas frente al emigrante, rechazo del diferente.
Pero ahí están también el amor por internet, esas agencias que preparan la cita colectiva, el encuentro casual, cambiando de mesa y de candidato a una velocidad de vértigo o las múltiples agencias matrimoniales computarizadas que presumen de enlazar a almas gemelas. El siglo XXI promete ruptura de barreras de raza, religión o entorno cultural. Y es posible que sea así. Pero no debemos olvidar que eso que se llama historia ya no aparece como una línea directa hacia el progreso, sino que tiende más bien al andar vacilante, hacia delante y hacia atrás, del cangrejo.
Lourdes Ortiz es autora de Fátima de los naufragios.
15.395 MATRIMONIOS mixtos se registraron en 2007 en nuestro país, siendo de origen brasileño y colombiano la mayoría de las mujeres escogidas por los españoles; y de procedencia marroquí, los preferidos por las españolas. 4.700.000 INMIGRANTES legales viven en España, de los que cerca de 400.000 han obtenido la nacionalidad por residencia durante los últimos 10 años.
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