«Tenía ceniza hasta en la cabeza»

El Correo, AINHOA DE LAS HERAS, 04-02-2010

María Ángeles llegó a Bilbao hace 25 años procedente de Azua de Compostela, al sur de la República Dominicana. Su piel tostada, sobre la que destaca una blanca dentadura, y su dulce acento latino la delatan. Desde entonces ha trabajado en las labores de hogar, como otras muchas inmigrantes. Hoy, como auxiliar domiciliaria del Ayuntamiento de Bilbao, atiende con mimo a tres personas mayores. En realidad, a partir de ahora sólo a dos. María Luisa, la mujer de 102 años que sobrevivió el pasado martes a un incendio en su casa del barrio de San Francisco, ha ingresado en una residencia. Sus sobrinos, su única familia, ya que estaba soltera y no tenía hijos, temían que la mujer pudiera volver a pasar por lo mismo, con peor desenlace.

«La voy a echar mucho de menos, les coges mucho cariño». Marian llevaba dos años acudiendo cada día durante una hora y media a su domicilio, ubicado en el número 13 de la calle Bailén. Ayer el Ayuntamiento de Bilbao le rindió un homenaje porque fue la primera persona en dar la voz de alarma. Gracias a eso, María Luisa pudo ser rescatada del humo que se había apoderado ya de la vivienda y que a punto estuvo de intoxicarla. El concejal de Acción Social, Ricardo Barkala, le entregó una rosa y un detalle en reconocimiento a su labor. Barkala destacó que en Bilbao «hay muchas inmigrantes que hacen este trabajo y muy bien, gente que viene a trabajar, a ganarse el pan; para ellos alfombra roja», dijo.

Marian estaba casualmente en la casa de otra usuaria, que comparte patio con la de María Luisa. Eran aproximadamente las nueve de la mañana cuando fue a regar las plantas. «Vi cómo salía humo negro por las ventanas del salón y de la cocina. ¡Y estaban cerradas! Bueno semiabiertas con una pinza que yo les puse porque se recrecía la madera. Pensé que algo gordo tenía que estar pasando. No era la primera vez que se olvidaba el fuego encendido», explicaba ayer Marian. «Lo primero que se me ocurrió fue llamar a mi coordinadora para que avisara a la familia». Una sobrina de la anciana se puso en camino mientras el Ayuntamiento movilizaba también a los Bomberos.

Rosquillas

En realidad, María Luisa estaba acompañada por otra asistenta privada, de origen boliviano, que la familia había contratado como interna. En el momento en que se desató el incendio, esta trabajadora estaba hablando por teléfono para pedir repuesto para las bombonas de butano. Al parecer, la anciana se había levantado de la cama y había colocado sobre la estufa de su habitación un jersey para que estuviera calentito al ponérselo.

Cuando Marian llegó a la vivienda, a las doce menos cuarto del mediodía, «la habitación estaba quemada, el colchón, los armarios… Toda la ropa olía a humo, no había luz». María Luisa había sido sacada en volandas por la otra asistenta, y auxiliada por los vecinos. «Tenía ceniza hasta en la cabeza, se la tuve que lavar».

Bilbaína de toda la vida y euskaldun, la anciana estaba un poco más «desorientada» desde hacía dos meses, «cuando se cayó en casa y se abrió una brecha». Antes de aquel incidente, María Luisa hasta cocinaba. «Les hacía rosquillas a los del servicio de teleasistencia», recuerda Marian. Pese a su centenaria edad, la mujer no renuncia a su natural coquetería ni a su marcado carácter. «Sabía lo que le tocaba cada día, yo le pintaba sus uñas, le depilaba, venía la peluquera a casa…», enumera con cierta nostalgia. Pese a sus reticencias iniciales, María Luisa seguirá cumpliendo años cada 18 de noviembre en una residencia. Su asistenta, Marian, a la que trataba de usted, sólo pide «que no me falte trabajo».

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