Padrón autóctono

Diario de Noticias, Juan Antonio Domínguez, 25-01-2010

No permitir empadronarse, aparte de vulnerar los derechos más básicos, afecta a toda la vecindad, porque habrá menos población empadronada de la real, y por tanto menos fondos públicos de los que le corresponderían para hacer lo que tiene que hacer el ayuntamiento: cuidar de sus vecinos. La ignorancia nos pone grilletes. Antes de rasgarnos las vestiduras, ¿sabemos las funciones de un padrón? Aparte de la escolarización de los hijos, los impuestos y la obtención de recursos del municipio en función del número de habitantes, en la mayoría de las gestiones u obtención de servicios, con dar de palabra una dirección postal válida es suficiente. ¿O alguien lleva el certificado del padrón para cambiar de ambulatorio?

Un emigrante prioriza su movilidad en función de si hay trabajo y/o red social, y en situación de irregularidad además son los dos únicos puntos de anclaje para no naufragar, por lo que el papel del padrón le puede servir para hacer un cartucho donde meter adobo. Además, negar el padrón es un altavoz para promocionar nuevos nichos de marginalidad que nos afectan o vamos a sufrir todos los vecinos. ¿Alguien ha pensado que no permitir el empadronamiento facilita el fomento de los pisos patera y camas calientes? Pues ya no cantarían las cifras de empadronados en un mismo piso. ¿Alguien ha pensado que el chiquillo que no puede ser escolarizado va a vagabundear mientras sus padres están en el tajo comiéndose el adobo del cartucho?

¿Qué se logra con esta medida? ¿Viciar el clima multicultural de Vic, a ver qué ocurre, como experimento sociopolítico en tiempos de crisis, donde los ciudadanos regulares de Vic son la muestra control y los irregulares a la que inyectan el veneno? ¿Apuntalar el tripartito actual de cara a las elecciones, ya que con ideas más retorcidas y casposas le pisa los talones al alcalde otra formación aspirante al triunvirato?

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