Un sacerdote empadrona a inmigrantes en su casa para que encuentren empleo

El misionero del padrón municipal

La Razón, 24-01-2010

El padre Vicente, párroco en Leganés,  deja claro que no es una práctica habitual en su iglesia.

«A los seres humanos hay que tratarlos como tales y no podemos dejarles tirados en la calle. Tenemos que facilitarles prestaciones sociales básicas mientras estén en España». Estas palabras pertenecen al portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso, que respondía así a la polémica por la negativa del alcalde de Vic a empadronar a los inmigrantes sin papeles. Una buena teoría que no se corresponde con la realidad. Y es que son muchos los ayuntamientos de España que se niegan a facilitar estos servicios básicos.
Es entonces cuando surgen personajes como el padre Vicente. Lejos de ocultar que, en ocasiones, ha utilizado su domicilio para empadronar a inmigrantes, este párroco de la localidad madrileña de Leganés da la cara y reconoce que lo ha hecho «por aquellos que no tienen una casa y que necesitan estar en el censo para conseguir trabajo». Eso sí, el padre Vicente deja claro que no es una práctica habitual, que en su parroquia han ayudado tanto a ilegales como a españoles y que, posteriormente, siempre se realiza un seguimiento.
Pese a que la polémica de estos últimos días se ha centrado en los «sin papeles», el párroco de Nuestra Señora de la Salud, que prefiere no salir en fotografías, asegura que «algunos inmigrantes empadronados perdieron su tarjeta de residencia porque ya no tenían empleo» y muchos no pudieron renovar sus contratos de trabajo, precisamente, «porque no tienen domicilio y ahora no están censados». Así, el padre Vicente justifica su intermediación y mantiene que el problema no es que tengan o no papeles, ya que también hay ciudadanos europeos viviendo en España en la misma situación.
El Ayuntamiento de Leganés, gobernado por el socialista Rafael Montoya, es sólo uno de los muchos consistorios de nuestro país que ni siquiera acceden a construir un albergue o centro social para los inmigrantes o los «sin techo». Durante años, los ilegales empadronados servían para obtener votos en las elecciones; ahora, con la crisis, suponen una carga más que determinados alcaldes no están dispuestos a asumir.
Esto es lo que ha llevado a otras parroquias del municipio a seguir el ejemplo del padre Vicente y empadronar a aquellos «sin papeles» que se han quedado sin casa. «Hasta ahora no hemos tenido problemas con el ayuntamiento», aclara el párroco de Nuestra Señora de la Salud, aunque tampoco se ha producido un empadronamiento masivo digno de sospecha.
«He oído decir al alcalde de Vic que hay que hacer cambios en la Ley de Extranjería y que las leyes no están bien hechas», apunta el padre Vicente, que no se opone a ello. Pero lo que no entiende este párroco es «por qué esta norma condena a las personas que ayudan a los ilegales».Y es que las palabras del portavoz socialista, José Antonio Alonso, no siempre son bien entendidas por aquellos que tienen capacidad para actuar. O lo que es lo mismo, por los gobernantes.

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